Más sobre Libertad Religiosa y/o Ratzinger El llamado antisyllabus del Vaticano II

Vaticano II
Vaticano II

"Dicen que el Papa Ratzinger quiso ser un 'dom', un benedictino,  como San Benito, y dicen que el Papa Bergoglio quiso ser 'fray', un  franciscano, como San Francisco"

"Siempre se ha alabado la finura de los “hombres de Iglesia”, su  excelencia negociadora con los Estados, ese decir sí para acabar diciendo no, ese no dejarse llevar por aceleramientos e impaciencias incompatibles  con una existencia de eternidad de la Iglesia"

"Resulta que la  Iglesia se equivoca y mucho en sus reacciones, que no son, al final,  mesuradas sino radicales –esto en la Iglesia española es manifiesto-"

"A los desvaríos anticlericales de la II República española, la  Iglesia responde llamando Cruzada a la Guerra Civil española, sirviéndose  del Concordato (1953) y de los privilegios inmatriculadores e hipotecarios"

I.- Introducción. 

 Hasta en portugués se escriben ya atrayentes libros sobre Benedicto  XVI; tal es el caso de O Primado do Amor e de Verdade. O patrimonio  espiritual de Joseph Ratzinger, editado ahora por la BAC, siendo ese libro  una obra colectiva sobre el titulado “patrimonio teológico” del Papa  Ratzinger. De un Papa teólogo o científico sobre Dios, es natural,  esperable, que sus encíclicas hayan sido sobre virtudes teologales, la Fe en  2013 (aunque firmada por Francisco), la Esperanza en 2007 y la Caridad en  2005 y 2009, pasamos a un Papa pastor, Bergoglio, de apriscos y de  rebaños, donde ahora estamos, siendo natural, esperable, que sus encíclicas,  hasta ahora, hayan sido sobre “el cuidado de la casa común” en 2015, la  fraternidad y la amistad social en 2020.  

Las futuras encíclicas del Papa pastor, ya en fabricación u horneadas, serán más de lo mismo o parecido, también con olores de oveja, aunque se  quieren perfumes. Es comprensible que para tanto eclesiástico con enredos  en lo del “Cursus honorum”, o sea, en subir peldaños en la escalera social,  en el despachar en palacios y comer con ricos y provincianos, todo eso y  algo más, hace incompatible con lo de acabar oliendo a oveja. Y por lo del  olor a oveja es normal que no haya candidatos ni para ser obispo de Coria

Coria-Cáceres
Coria-Cáceres

Cáceres, aquí en España.  

Dicen que el Papa Ratzinger quiso ser un “dom”, un benedictino,  como San Benito, y dicen que el Papa Bergoglio quiso ser “fray”, un  franciscano, como San Francisco. Fatalidades resultantes, pues ni Ratzinger ni Bergoglio fueron lo que dicen que pretendieron, quedándose en papas  que, de conformidad con la legislación siempre vigente, nunca debe ser  cargo deseado ni buscado. El que de todo ello, ciertamente, debe mucho  conocer es el emérito Cardenal Sodano, el cual, desde dentro, vio todo el  Cónclave de 2005, y que, desde fuera al haber ya cumplido 80 años, vio  todo el Cónclave de 2013. Que conste, que este autor, observando las caras  de contrariedad de obispos, cardenales y papas, al ser nombrados para tales  cargos, siempre creyó que esos, los cargos, parece que nunca son deseables.  ¡Qué cosas!  

II.- Un nuevo libro: O Primado do Amor e de Verdade.  

De los XV capítulos, interesa ahora el capítulo VII (páginas 189 a  226), de la obra colectiva, mencionada en el primer párrafo, que es de  autoría de un laico llamado Albino de Assunçáo, precedido del nombre tan  poco católico como es “Rudy” (lo de Albino de Assunçáo suena a  protagonista de El nombre de la Rosa). El autor, después de una breve  introducción, refiriéndose al interesante tema de la Iglesia y la Modernidad,  al Concilio y al mundo del pensamiento moderno (muy impulsado, al  parecer, por el episcopado francés) analiza lo que denomina “el triple  antisyllabus del Vaticano II”, con base en tres documentos conciliares: el  Gaudium et spes, Nostra Aetate y Dignitatis humanae. Y concluye de  manera conclusiva: “La tercera vía de Benedicto XVI”, o las hermenéuticas  de continuidad y de la discontinuidad, a las que nos referimos en anteriores  artículos sobre la Libertad Religiosa, aquí publicados y a los que nos  remitimos, en Religión Digital, con fechas de publicación el 7 y 16 de  octubre de 2021.  

Libro sobre Ratzinger

III.- Dos documentos de Benedicto XVI.

A la Declaración del Vaticano II sobre la libertad religiosa  (Dignitatis humanae), apéndice al esquema sobre el ecumenismo, se refirió  Benedicto XVI en diferentes tiempos y escritos, teológicos y eclesiales;  entre ellos, uno al principio de su Pontificado (Discurso a los cardenales,  arzobispos y obispos y prelados superiores de la Curia Romana, en la  Sala Clementina, el 22 de diciembre de 2005) y otro al final (Discurso en  el encuentro con los párrocos y el clero de Roma, en la Sala Pablo VI,  el 14 de febrero de 2013, días antes del “retiro”, o el abandono del  “ministerio petrino” (abandono que fue palabra empleada por el Papa mismo y que no me parece apropiada), que aconteció el 28 del mismo mes.  Al primer discurso, en relación a la Declaración conciliar sobre Libertad  Religiosa, ya nos referimos, “tocando” ahora referirnos al segundo y  último, también llamado por el Papa mismo “una pequeña charla sobre el  Concilio Vaticano II”.  

Benedicto XVI, con melancolía y tristeza, cuenta, detalladamente, cómo entró en el Concilio, en cuanto peritus, de la mano del cardenal y  arzobispo de Colonia Joseph Frings, que le nombró consultor. Es en el libro  Alla ricerca di un Ethos político, de Giacomo Coccolini, editado por “Il  pozo di giacobbe” (2011), donde se explica la interesante conferencia  pronunciada por el cardenal Frings en Genova, a invitación del cardenal  Siri, el 19 de noviembre de 1961, bajo el título Il Concilio di fronte al  pensiero moderno, con ideas del joven Ratzinger, planteándose asuntos  neurálgicos del próximo y futuro Concilio. Y es casi al final del Discurso  de 2013 cuando el Papa Ratzinger dijo lo siguiente muy interesante y de  valorar, leyendo el texto con mucha atención y entre líneas:  

“En este momento (en la segunda parte del Concilio) entraron  realmente en discusión todas las partes del Concilio, no sólo América,  los Estados Unidos, con un gran interés por la libertad religiosa. En el  tercer periodo, éstos dijeron al Papa: 'No podemos volver a casa sin  tener en nuestro equipaje una declaración sobre libertad religiosa  votada por el Concilio'. El Papa, sin embargo tuvo la firmeza y la  decisión, la paciencia de trasladar el texto al cuarto período, para  encontrar una madurez y un consenso bastante completo entre los  Padres del Concilio”.  

Libro sobre Ratzinger
Libro sobre Ratzinger

Resultan del texto muy claras las dificultades si bien éstas no  impidieron la aprobación final de la Declaración conciliar. Y Ratzinger no  narra toda la verdad como excelente eclesiástico que es, pues la inclusión  en el Concilio de la libertad religiosa fue no sólo un deseo del episcopado  americano sino también una imposición desde un radical ecumenismo  cristiano y otras religiones no cristianas, fundamentalmente, que no  admitían el doble juego de la Iglesia católica, consistente en oponerse a la  libertad religiosa allí donde mandaba o era mayoritaria y reclamarlo allí  donde era perseguida. 

Acaso por todo ello y según John Courtnet Murray, “la  Declaración de Libertad religiosa es un documento de un alcance  relativamente modesto. Mira únicamente al orden jurídico-social y, en este  orden, a la validez de un derecho civil y humano relativo al libre ejercicio  de la religión”. Albino de Assunçáo escribe en la página 214: “La noción  de la libertad de la Declaración sobre la libertad religiosa se refería al  derecho civil que los Estados deben reconocer a los individuos y  comunidades en asuntos religiosos”. El destinatario principal es el Estado y  la Declaración es una reivindicación de la Iglesia ante el Estado. A eso se  llama en el refranero natatorio castellano “el que nada no se ahoga”, “nadar  entre dos aguas” y “nadar y guardar la ropa”.  

Según Gustave Martelet las siguientes palabras, que encierran lo  esencial de la doctrina conciliar, tuvieron una gestación laboriosa: “Este  concilio Vaticano declara que la persona humana tiene derecho a la  libertad religiosa. Siguiendo a Martelet “las primeras redacciones del  texto, excesivamente influidas por las perspectivas propias del  Secretariado, y, más adelante, por las de la Comisión para la Unión de los  Cristianos, presentaban una importancia desmesurada al problema de los  derechos de la conciencia errónea o al de la sola libertad de conciencia”.  

Libro sobre Ratzinger
Libro sobre Ratzinger

Son comprensibles los afanes de establecer por autores católicos una  línea continua en el devenir de los hechos históricos como si los designios, permanentes, de Dios no propiciaran rupturas que parecen fracturas. Eso  ocurre con la Encíclica Syllabus de Pío IX, beatificado, con escándalo, en  su día junto a Juan XXIII. ¿Apoteosis de la continuidad? Diferente al  intento de armonizar, es conseguirlo, que unos dirán que si y otros que no.  La Iglesia es historia, y tantos años de vida es fuente de gozos y de muchas  sombras, siendo las sombras, precisamente, una fuente imparable de  descrédito en la actualidad.  

Siempre se ha alabado la finura de los “hombres de Iglesia”, su  excelencia negociadora con los Estados, ese decir sí para acabar diciendo no, ese no dejarse llevar por aceleramientos e impaciencias incompatibles  con una existencia de eternidad de la Iglesia. Pero al final resulta que la  Iglesia se equivoca y mucho en sus reacciones, que no son, al final,  mesuradas sino radicales –esto en la Iglesia española es manifiesto-. A los  atropellos de la Revolución francesa, la reacción de la Iglesia durante el  siglo XIX, en Francia y en Europa, fue extrema, siendo la Syllabus una prueba de ello.

COnfesionario
COnfesionario

A los desvaríos anticlericales de la II República española, la  Iglesia responde llamando Cruzada a la Guerra Civil española, sirviéndose  del Concordato (1953) y de los privilegios inmatriculadores e hipotecarios;  la pérdida de los Estados Pontificios en 1870 en Italia, se solucionó por el  apoyado fascista Mussolini, vía Acuerdos de Letrán. ¿Cómo gentes tan  suaves y de sutileza negociadora puedan pretender que Pedro Sánchez, Jefe  del Gobierno español, con lo del Arzobispo castrense (refrendo a la  presentación del nombramiento por el Rey), se rompa la crisma,  arrojándose por el barranco? ¡Cuidado Bolaños, negociador y ministro!  

Es natural que con el Concilio Vaticano II, con el llamado por Juan  XXIII aggiornamento, la Iglesia quisiera “hacer las paces” con la  Modernidad, estando ahí los tres grandes documentos de aquella  pretensión: Gaudium et spes, Nostra Aetate y Dignitatis humanae, que la  hermenéutica católica, Ratzinger, la quiere de continuidad con las  barbaridades proclamadas en el siglo XIX. Y tal vez sea una pretensión  inútil ya, pues la profunda crisis que atraviesa el cristianismo hoy –ruptura  de la transmisión religiosa entre generaciones y una Religión clerical  camino de no tener clérigos- hace que los problemas sean mucho más  graves que discutir sobre continuidades y discontinuidades que sólo  interesan a una minoría dentro del cada vez más minoritario cristianismo  católico.  

Catolicismo
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