Los lefebvrianos mantienen su amenaza de consagrar obispos, pese a las advertencias de Roma
La Fraternidad San Pío X responde al cardenal Fernández, agradeciendo la disposición al diálogo pero declarándolo imposible, porque Roma no derogará el Vaticano II, lamentando la amenaza de excomunión y subrayando que "el único punto en el que podemos coincidir es la caridad hacia las almas y hacia la Iglesia"
No hay posibilidad de acuerdo entre Roma y los lefebvrianos. Entre otras razones, porque la única posibilidad de diálogo y acuerdo implicaría la derogación del Concilio Vaticano II. Esta es la principal conclusión de la 'respuesta' enviada por el Consejo General de la Fraternidad San Pío X a la propuesta lanzada por el prefecto del dicasterio de Doctrina de la Fe, Víctor Manuel Fernández, para tratar de evitar el cisma que provocarían las consgraciones anunciadas por los tradicionalistas y previstas para el 1 de julio. Unas ordenaciones que, a día de hoy, se mantienen.
De hecho, en su respuesta, el padre Pagliarani sostiene que "no puedo aceptar, por honestidad intelectual y fidelidad sacerdotal, ante Dios y ante las almas, la perspectiva y los objetivos en nombre de los cuales el Dicasterio propone reanudar el diálogo en la situación actual; ni tampoco, por otra parte, el aplazamiento de la fecha del 1 de julio". Al tiempo, asume que "dado que no podemos llegar a un acuerdo sobre la doctrina, me parece que el único punto en el que podemos coincidir es el de la caridad hacia las almas y hacia la Iglesia".
"La mano tendida para la apertura al diálogo va acompañada, lamentablemente, de otra mano ya dispuesta a infligir sanciones. Se habla de ruptura de la comunión, de cisma y de 'graves consecuencias'. Más aún, esta amenaza es ahora pública, lo cual crea una presión difícilmente compatible con un verdadero deseo de intercambios fraternos y de diálogo constructivo", constata el líder lefebvriano.
"La mano tendida para la apertura al diálogo va acompañada, lamentablemente, de otra mano ya dispuesta a infligir sanciones. Se habla de ruptura de la comunión, de cisma y de 'graves consecuencias'. Más aún, esta amenaza es ahora pública, lo cual crea una presión difícilmente compatible con un verdadero deseo de intercambios fraternos y de diálogo constructivo"
"La Fraternidad le pide únicamente poder continuar haciendo ese mismo bien a las almas a las que administra los santos sacramentos. No le pide nada más, ningún privilegio, ni siquiera una regularización canónica que, en el estado actual de las cosas, es impracticable debido a las divergencias doctrinales", insisten los lefebvrianos en su carta, en la que subrayan que "no pueden abandonar a las almas". De hecho, "la necesidad de las consagraciones es una necesidad concreta a corto plazo para la supervivencia de la Tradición, al servicio de la Santa Iglesia católica". Dicho en román paladino: las ordenaciones episcopales inválidas siguen adelante.
Todo ello pese a que Pagliarani reconoce que "ninguno de nosotros desea reabrir heridas", y reclama "escucha y comprensión de las situaciones particulares, complejas, excepcionales, ajenas a los esquemas ordinarios". "También han deseado que el derecho se utilice siempre de forma pastoral, flexible y razonable, sin pretender resolverlo todo con automatismos jurídicos y esquemas preestablecidos", lamenta el superior general, que vuelve a pedir a la Santa Sede "comprensión", especialmente ante "el tiempo que nos separa del 1 de julio".
En cuanto a la "discusión doctrinal", pedida por la propia Fraternidad desde hace años, aunque "sin la presión o la amenaza de una posible excomunión que habría hecho el diálogo un poco menos libre, lo cual, lamentablemente, sucede hoy". Esta es otra de las excusas para evitar dicho diálogo, junto al hecho (objetivo) de que Roma no va a renunciar al Concilio.
