Dios va caminando con la historia del pueblo.

“Dios es novedad. Dios va caminando con la historia del pueblo. Y el pueblo creyente en Dios no debe aferrarse a tradiciones, a costumbres; sobre todo cuando esas costumbres, esas tradiciones empañan el verdadero evangelio de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Tiene que estar siempre atento a la voz del Espíritu: ¡Convertirse, ir en pos de ese evangelio, de ese llamamiento del Señor! Todo aquel que se sienta seguro y que crea que no tiene necesidad de cambiar, es fariseo, es hipócrita, es sepulcro blanqueado, que está muy seguro, pero sabe su conciencia qué reclamos le está haciendo.” (11 de junio de 1978). 

La participación en tradiciones y costumbres religiosas, tanto personales como comunitarias o nacionales, puede dar a algunas personas la sensación de seguridad, de estar haciendo lo que el Señor quiere, de estar cumpliendo los mandamientos de la Iglesia y de ser personas devotas que seguramente recibirán la recompensa eterna. 

En esta cita, monseñor Romero nos advierte que aferrarnos a tradiciones o costumbres puede darnos una falsa seguridad. Por eso nos dice que «todo aquel que se sienta seguro y crea que no tiene necesidad de cambiar es fariseo, hipócrita, sepulcro blanqueado». Son palabras muy fuertes. La fe y el compromiso serio con «el verdadero evangelio de nuestro Señor y Salvador Jesucristo» no deben dar seguridades que motiven el estancamiento y la falta de visión más allá de las tradiciones, los ritos, las procesiones, los peregrinajes, las visitas a santuarios, etc.

No pocas veces, los representantes de las iglesias, sus pastores, dan la impresión de saber exactamente cómo se debe vivir el Evangelio y cómo seguir a Jesús en las circunstancias actuales.Dan la impresión de saberlo todo y de no dudar nunca, como si tuvieran una línea directa con Dios que les informa con exactitud.

¿Por qué el cristianismo auténtico no ofrece «seguridades»? Monseñor responde que es porque «Dios es novedad. Dios camina con la historia del pueblo». Las manifestaciones de la presencia liberadora y salvadora del Dios de Jesús son cambiantes, ya que evolucionan junto con la historia concreta de cada creyente, de cada comunidad creyente y de cada pueblo. Esa presencia siempre tendrá algo de sorpresa y no corresponden a nuestras expectativas y cálculos.   Los acontecimientos históricos del siglo XXI están llevando el mundo al borde de abismos profundos. También hoy nos cuesta «ver» dónde Dios camina con el pueblo, con la humanidad. No faltan quienes tratan de imponerle a Dios lo que tendría que hacer. Dicen actuar bajo la bendición de Dios, pero sus acciones van contra la dignidad humana.En el continente americano no faltan líderes políticos que utilizan a Dios para justificar sus decisiones y acciones.

J. M. Castillo escribe: «Este proyecto es “vida”. Es una forma de vivir que se asume y se pone en práctica, no unas ideas o rituales. No, y mil veces no. Lo lleva a la práctica quien se siente apasionado por Jesús y su Evangelio, y lo hace vida en su vida. No se trata de “creencias” o de “observancias”. Es «apasionamiento». Es decir, cuando nuestra vida emocional, afectiva y pasional se ve invadida, impregnada y orientada por la «memoria peligrosa» que nos lleva e incluso nos arrastra a vivir como vivió Jesús. Eso es lo que tantas veces nos falta en la vida.”Y ese camino de Jesús no está lleno de «seguridades», sino de esperanza y confianza.  Dios será fiel a su pueblo.

Esas personas apasionadas por Jesús y el proyecto del Reino saben discernir en comunidad fraterna y en su propia conciencia la voz de Dios, que siempre está presente en la historia que nosotros, los humanos, hacemos. Las y los pobres, excluidos y excluidas, serán siempre las campanas donde esa voz de Dios puede sonar. Por eso, siempre nos tocará desinstalarnos, desacomodarnos, salir de las rutinas y tradiciones para poder dar respuesta a «la voz del Espíritu», que nos exige conversión constante. Las leyes, cánones, instrucciones eclesiales, normas rituales, etc., siempre deben ser revisadas a la luz del Espíritu. Lo primero es el Evangelio, la voz de Dios que camina en la historia y que habla a través de los pobres. Los acuerdos organizativos, administrativos, canónicos, litúrgicos, etc., siempre deben ser provisionales y exigen reformas constantes. La voz de Dios iluminará el camino. El grito de las y los pobres. 

Seamos apasionados del Evangelio de verdad. Dejémonos seducir por ese Dios de Jesús que «va caminando con la historia del pueblo».No tengamos miedo.

Cita 10 del capítulo V (Pecado y conversión) en el libro “El Evangelio de Mons. Romero”

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