Dios es el Dios de Jesucristo.
Dios es el Dios de Jesucristo. El Dios de los cristianos no tiene que ser otro, es el Dios de Jesucristo, el del que se identificó con los pobres, el del que dio su vida por los demás, el Dios que mandó a su Hijo Jesucristo a tomar una preferencia sin ambigüedades por los pobres. Sin despreciar a los otros, los llamó a todos al campo de los pobres para poderse hacer iguales a El, Nadie está condenado en vida; sólo aquel que rechaza el llamamiento del Cristo pobre y humilde y prefiere más las idolatrías de su riqueza y de su poder.” (27 de mayo de 1979)
En su segundo año como arzobispo de San Salvador, el arzobispo vuelve a insistir en que él cree en el Dios de Jesús y nos recuerda que debemos creer únicamente en el Dios de Jesús.
Monseñor Romero habla de «Jesucristo», Jesús, el Cristo, el enviado del Padre. Nosotros hablamos de «Jesús», sabiendo que es el mismo enviado del Padre, pero así visualizamos que la vida histórica de Jesús ha sido la gran presencia y obra del Padre, y nuestro camino por recorrer. Porque ese Jesús es El Cristo.
¿Por qué insiste Monseñor Romero en recordarnos y pedirnos que creamos en el Dios de Jesús y no en otro? ¿No es evidente que los cristianos creemos en Jesús? ¡No lo es! A lo largo de la historia de la Iglesia encontramos a muchos que no se han dejado llevar «al campo de los pobres», que en su práctica diaria, empresarial o política, rechazan «el llamamiento del Cristo pobre y humilde» y que prefieren «las idolatrías de su riqueza y su poder». En América Latina muchos empresarios, tanto grandes como medianos y pequeños, se dicen cristianos, pero su conducta es totalmente opuesta a «una preferencia sin ambigüedades por los pobres». Solo hay que fijarse en los bajos salarios, en las denuncias por retener en la empresa lo que descuentan del salario de los trabajadores, en sus malas prácticas de no entregar el IVA y de evadir impuestos, en la facilidad con la que despiden, en las leyes que hacen y en las que no quieren hacer, etc. Si son cristianos o no, es decir, si creen en el Dios de Jesús, se observa en su práctica diaria, en su práctica empresarial y en su práctica política. No se ve en su participación en el culto religioso. Creo que la llamada de monseñor Romero incluye también al clero y a la jerarquía de las iglesias.
Ninguna ordenación, consagración, imposición de manos, nombramiento o elección garantiza que un pastor, sacerdote, obispo, religioso o animador de CEBs crea de verdad en el «Dios de Jesucristo».Si no muestra una preferencia clara por los pobres y no se une a ellos, no será creyente en Jesucristo. Y luego habrá que revisar por dónde andan sus ídolos (el poder, la riqueza, el placer).
Volvimos a verlo con claridad: Un grupo de pastores evangélicos reza con Trump y bendice su guerra en el Despacho Oval: “Por nuestras tropas y quienes sirven en las fuerzas armadas”.En los vídeos de la reunión se puede ver a los pastores rodeando a Trump, colocando sus manos sobre él, que permanece sentado en el escritorio, mientras rezaban para pedir guía, sabiduría y protección para el líder republicano. Ellos no oran ante el Dios de Jesús, el Cristo.
La llamada de monseñor Romero a creer en el Dios de Jesús es más que actual. Y es urgente en tiempos de crisis.Durante la pandemia no pudimos escondernos tras ritos o cultos. Luego, el espacio religioso volvió a abrirse, siempre en medio de una crisis profunda en nuestra sociedad. Hoy, la vida diaria, la experiencia concreta en la familia, pero también lo que se publica en las redes sociales, el lenguaje que utilizamos, nuestra propia responsabilidad para no contagiar (ni contagiarnos), los retos para compartir solidariamente, son también espacios donde se pone a prueba nuestra fe. En esos espacios se verá si creemos en el Dios de Jesús o en otros dioses (ídolos).
Creer en el Dios de Jesús hoy significa dar testimonio de esperanza y practicar la fraternidad solidaria. Por muy necesaria que sea la denuncia de abusos e incoherencias en las políticas para hacer frente a la epidemia, al gran problema de la más cruel violencia social (de las maras), en tiempos de regímenes de excepción y democracias que tambalean, lo fundamental es nuestra entrega solidaria y nuestro esfuerzo por dar esperanza y ánimo. En el país, en el pueblo, suceden miles de cosas buenas, grandes «obras de misericordia» muy concretas, sin blablablá. Estas cosas deberíamos darlas a conocer y compartirlas.Los llamados analistas y comentaristas de las redes, la radio y la televisión parecen más bien profetas de la desesperanza. No saben denunciar ciertos abusos dentro del marco de la esperanza del pueblo.Los problemas son serios y graves, pero lo principal para los creyentes cristianos es dar razón de nuestra esperanza en el Dios de Jesús. Y lo profesamos demostrándolo con hechos concretos.
Cita 10 del capítulo I (Dios) en el libro “El Evangelio de Mons. Romero”