No es así como se defiende un bienestar.

20 mar 2026 - 11:02

“También me quiero dirigir en este momento y en este asunto tan grave y delicado a los sectores económicamente poderosos que van a ser afectados por la reforma agraria.Quiero dirigirme a ustedes, queridos hermanos, no como juez ni como enemigo, sino como Pastor, como salvadoreño, hermano de todos los salvadoreños. Me interesa invitarlos a que caigan en la cuenta de la responsabilidad tan grande que tienen en estos momentos, de colaborar a que la crisis económica, política y social de país sea superada sin acudir a la violencia. Esas demostraciones de tiroteos y, sobre todo, el temor que se tiene, si es que es verdad que la derecha está ingresando armas al país y va a pagar mercenarios. No es así como se defiende un bienestar.” (16 de diciembre de 1979)

Es un mensaje dirigido a los «económicamente poderosos», en El Salvador y en todo el mundo. Monseñor Romero les exige que «caigan en la cuenta de la gran responsabilidad que tienen en estos momentos de colaborar para que la crisis económica, política y social del país se supere sin acudir a la violencia».En nuestros países hay mucha violencia verbal, especialmente en las redes sociales. Aunque en estos años no hay represión contra las manifestaciones en las calles, la presencia militar omnipresente no apunta a un futuro duradero de paz. Tanto en El Salvador como en muchos otros países, también europeos, se está convencido de que es urgente una renovación radical y un replanteamiento profundo de la legislación sobre los impuestos, las ventajas impositivas, la necesidad de un impuesto sobre las grandes propiedades, la gestión del IVA, etc. En realidad, todos sabemos que se debería afectar más y de verdad al bolsillo de los sectores más poderosos del país, ya que son los que tienen más recursos. Los propios políticos y miembros de los gabinetes de gobierno disfrutan de grandes y lujosos ingresos.  Los más ricos ejercen, muchas veces de manera no visible, presión sobre los gobiernos. En Bélgica, por ejemplo, se están recortando subsidios en todo el sector de la atención (salud en todas sus formas). Se pretende aumentar el IVA sin aplicar un porcentaje más alto a los propietarios de grandes fortunas, propiedades e ingresos. Se están promoviendo narrativas públicas que presentan a las personas con discapacidad que reciben subsidios de supervivencia como aprovechadoras.  Cada vez se descubre más que hay empresarios que se enriquecen gracias a la explotación más cruel de trabajadores extranjeros.  Monseñor Romero hace un llamamiento firme y claro a las personas más pudientes para que pongan de su parte y ayuden a resolver las crisis de los países. Es una llamada muy actual.

Las autoridades eclesiásticas y los organismos de derechos humanos deben reforzar y actualizar esta llamada de monseñor Romero, exigiendo que los sectores más ricos y poderosos colaboren efectivamente y se comprometan a aportar su parte fundamental para resolver con justicia las crisis que sufren los pueblos.  Los miembros de las iglesias y la población en general deben ser conscientes de que los más afectados por las crisis son los de abajo, que son los que soportan el mayor peso de los desequilibrios económicos.En Bélgica y otros países europeos están surgiendo fuertes procesos de protestas y huelgas frecuentes, porque los políticos gobernantes gestionan disminuciones de los ingresos de las mayorías mientras predican «el trabajo debe rendir más ingresos», el desmantelamiento de la cooperación para el desarrollo (en los países del sur), la minoración del sistema de seguridad social y la debilitación de los procesos de cuidado, la rebaja de las pensiones, el aumento de los impuestos para quienes viven de su salario y la asignación de millones de millones a la industria militar, llevan a profundizar aún más en las crisis, especialmente para los sectores más vulnerables. Es necesaria la voz clara de las autoridades de las iglesias y demás religiones del país.

También merece la pena rescatar de esta cita cómo Monseñor Romero se autodefine: no como juez ni como enemigo, sino «como pastor, como salvadoreño, hermano de todos los salvadoreños». Esto es una crítica fuerte también a la manera en que, por ejemplo en El Salvador, se trata en las redes sociales a quienes no comparten la ideología, el partido, la visión del país. En vez de buscar acercamiento y otros caminos de diálogo, servicio y humildad, se está especializando en echar leña al fuego político. Quienes critican (con o sin razón) al Gobierno actúan muchas veces de la misma manera prepotente y con un lenguaje obsceno, vulgar y denigrante. Ninguna de las partes está dispuesta a asumir un papel reconciliador ni a actuar como «hermano de todos los salvadoreños», y muchos se erigen en juez y enemigo del otro.

Esta autocomprensión de Monseñor Romero como pastor y hermano de todos puede y debe ser un ejemplo claro para las autoridades eclesiásticas que hoy lo reconocen como santo, como el salvadoreño más conocido del mundo, etc.  No basta con hablar de Monseñor Romero. Solo asumiendo sus actitudes y acciones seremos fieles a su martirio. Frente a la idolatría de la riqueza, las iglesias aún tienen un gran vacío que llenar y, por supuesto, deben revisar también su propio estilo de vida. La opción evangélica por los pobres y la responsabilidad de ser «una Iglesia pobre donde los pobres están en casa» como camino para abrir la salvación a todos, exige que los profetas hablen con claridad.

Cita 9 del capítulo VI(Idolatría de la riqueza) en el libro “El Evangelio de Mons. Romero”

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