La verdadera persecución se ha dirigido al pueblo pobre.

“Pero lo más importante es observar por qué ha sido perseguida. No se ha perseguida a cualquier sacerdote, ni atacado a cualquier institución. Se ha perseguido y atacado a aquella parte de la Iglesia que se ha puesto del lado del pueblo pobre y ha salido en su defensa.Y de nuevo encontramos aquí la clave para comprender la persecución de la Iglesia: los pobres. De nuevo son los pobres los que nos hacen comprender lo que realmente ha ocurrido. Y por ello la Iglesia ha entendido la persecución desde los pobres. La persecución ha sido ocasionada por la defensa de los pobres y no es otra cosa que cargar con el destino de los pobres. La verdadera persecución se ha dirigido al pueblo pobre, que es hoy, el cuerpo de Cristo en la historia.  Ellos son el pueblo crucificado, como Jesús, el pueblo perseguido como el Siervo de Yahvé. Ellos son los que completan en su cuerpo lo que falta en la pasión de Cristo. Y por esa razón, cuando la Iglesia se ha organizado y unificado recogiendo las esperanzas y las angustias de los pobres, ha corrido la misma suerte de Jesús y de los pobres: la persecución.” (2 de febrero de 1980)

En su discurso en Lovaina, Monseñor Romero hace referencia al Concilio Vaticano II, especialmente a la Constitución pastoral "Gaudium et Spes". Dice literalmente: «El gozo y la esperanza, las tristezas y las angustias del hombre de nuestros días, sobre todo de los pobres y de toda clase de afligidos, son también gozo y esperanza, tristeza y angustia de los discípulos de Cristo, y nada hay verdaderamente humano que no tenga resonancia en su corazón». El Concilio terminó en 1965. No toda la Iglesia católica, ni todas las diócesis, ni todos los obispos y sacerdotes tomaron en serio esta misión fundamental. ¿Hubo miedo?Monseñor Romero afirma: «Cuando la Iglesia se ha organizado y unificado recogiendo las esperanzas y las angustias de los pobres, ha corrido la misma suerte que Jesús y los pobres: la persecución». Asumir en serio el camino de Jesús —en quien creemos que Dios mismo se hizo humano—, asumir en serio, por ejemplo, esa cita del Concilio, nos traerá consecuencias, diferentes formas de persecución.

No dudamos que en todas las iglesias hay experiencias concretas que realmente asumen esta misión de “recoger las esperanzas y las angustias de los pobres”. Quizás se ha dado sobre todo a nivel local y con acciones ligadas al carisma de ciertos sacerdotes, religiosas u obispos. Deben haber recibido alguna crítica o presión. Pero si esta misión es asumida como dimensión fundamental en una diócesis, animada por su obispo y cargada por sacerdotes, religiosas y muchos animadores/as laicos/as, entonces sí aparece la real persecución a la Iglesia. “Aquella parte de la Iglesia que se ha puesto del lado del pueblo pobre y ha salido en su defensa”. “La persecución ha sido ocasionada por la defensa de los pobres y no es otra cosa que cargar con el destino de los pobres.”  Con estas frases Monseñor Romero ilumina la realidad de la vida de la Iglesia de su arquidiócesis. La Iglesia no es perseguida por profesar el credo, por rezar o por realizar los ritos litúrgicos, sino por “cargar con el destino de los pobres”.  

No dudamos de que en todas las iglesias hay experiencias concretas que realmente asumen esta misión de «recoger las esperanzas y las angustias de los pobres». Quizás se ha dado sobre todo a nivel local, a través de acciones vinculadas al carisma de ciertos sacerdotes, religiosos y obispos. Seguramente habrán recibido alguna crítica o presión. Pero, si esta misión se asume como una dimensión fundamental en una diócesis, animada por su obispo y llevada a cabo por sacerdotes, religiosos y muchos animadores laicos, entonces sí que se produce una persecución real contra la Iglesia. «Aquella parte de la Iglesia que se ha puesto del lado del pueblo pobre y ha salido en su defensa». «La persecución ha sido ocasionada por la defensa de los pobres y no es otra cosa que cargar con el destino de los pobres». Con estas frases, Monseñor Romero ilumina la realidad de la vida de la Iglesia en su arquidiócesis. La Iglesia no es perseguida por profesar el credo, por rezar o por realizar los ritos litúrgicos, sino por «cargar con el destino de los pobres».

En la actualidad, ese «destino de los pobres» sigue siendo una cruz. Los principales responsables de los acuerdos de paz en El Salvador no han sido capaces de erradicar el pecado estructural de la sociedad salvadoreña. Más bien, el sistema se ha fortalecido. Las cruces se expresan de diferentes maneras: pensiones de hambre y empobrecimiento (mientras los propietarios de las AFP se enriquecen); sistemas de educación y salud deficientes (mientras se han fortalecido los sistemas privados de salud y educación); ausencia de leyes que garanticen el agua como derecho fundamental para todos (mientras las grandes empresas tienen todas las facultades para usurpar el agua para su ganancia); falsas ideas sobre desarrollo que facilitan la destrucción del medio ambiente para construir residencias en lugares no adecuados; salarios de hambre en las empresas (y lujosos salarios y bonos para altos gerentes en instancias estatales); crecimiento constante de la economía informal de subsistencia, etc. Por muy importantes y necesarias que sean las nuevas infraestructuras (carreteras, modernización de ciudades, etc.), no es suficiente. Por muy importantes que sean los esfuerzos por controlar la violencia social (por ejemplo, en relación con las pandillas violentas), no son suficientes.  Por muy importantes que sean la construcción de  nuevas escuelas y hospitales, no basta. Si no hay trabajo digno con salarios justos y equitativos, no habrá desarrollo humano para el pueblo. Si no hay una participación democrática real desde abajo en la construcción de nuevos proyectos de desarrollo, no habrá resultados favorables para el pueblo. Si no hay una verdadera justicia independiente de los otros poderes del Estado, siempre se castigará más a quien robe una gallina por necesidad que a quien robe millones para seguir enriqueciéndose.

La frase de Monseñor Romero «cargar con el destino de los pobres» es un enorme reto para quienes quieren ser discípulos de Jesús y creen en un país y un mundo nuevos. En cada país será diferente, pero siempre se trata de «los pobres», los excluidos, los explotados, los negados, los oprimidos. En cada país tendrán otros rostros, pero nos mirarán con los mismos ojos de «pobres», desafiándonos a cargar con su destino. Las Iglesias de cada país tienen la responsabilidad de visibilizar a los pobres (en todas sus expresiones), de escuchar sus gritos y de cargar con su destino.

En la mayoría de los pueblos hay más angustia que esperanza. En algunos países recordamos a los mártires para alimentar nuestras esperanzas a pesar de la angustia.  Sin embargo, observamos que muchos líderes religiosos y muchas comunidades no asumen esas cruces, y que las bases de las iglesias no se movilizan para exigir la transformación de la sociedad y lograr su verdadera liberación. No tengamos miedo.

Cita 12 del capítulo VIII (Los mártires) en el libro “El Evangelio de Mons. Romero”

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