El reino de Dios está más afuera de las fronteras de la Iglesia.
“Fuera de la Iglesia también todo hombre que lucha por la justicia, todo hombre que busca reivindicaciones justas en un ambiente injusto, está trabajando por el reino de Dios, y puede ser que no sea cristiano.La Iglesia no abarca todo el reino de Dios. El reino de Dios está más afuera de las fronteras de la Iglesia y, por lo tanto, la Iglesia aprecia todo aquello que sintoniza con su lucha por implantar el reino de Dios. Una Iglesia que trata solamente de conservarse pura, incontaminada, eso no sería Iglesia de servicio de Dios a los hombres.” (3 de diciembre de 1978)
Monseñor Romero es consciente de que la Iglesia está al servicio del Reino, y de que éste es mucho más amplio que la propia Iglesia. Podríamos decir incluso que va más allá de «las iglesias», más allá del cristianismo, más allá de las religiones del mundo. Dios y el dinamismo de su Reino no se limitan a nuestras respuestas creyentes y religiosas.
Más bien, monseñor denuncia esas tendencias eclesiales en las que la gran preocupación es conservar “lo puro” de la Iglesia: la ortodoxia, el derecho canónico, el fiel cumplimiento de los ritos litúrgicos oficiales y, especialmente, las palabras de la consagración (preferiblemente expresadas en el español de España: «Tomad y comed...»). Esa gran preocupación puede llevar a una obsesión por «conservarse pura, incontaminada». Puede hacer mucho daño a la persona y a la comunidad eclesial.
Monseñor la define como «Iglesia de servicio de Dios a los hombres». La Iglesia debe ser, ante todo, «de servicio», no de imposición, no de leyes, no de credos, no de ritos, sino de servicio. Y es «servicio de Dios», no es cualquier servicio que la Iglesia debe prestar, sino el servicio de Dios, ser «signo e instrumento» de Dios, del Dios de Jesús, el Dios de la vida. Y, luego, debe ser un servicio a la humanidad. No en primer lugar un servicio a los miembros de la Iglesia, de las iglesias o de las religiones, sino a la humanidad, a los pueblos.
De ahí que entendemos que “La Iglesia no abarca todo el reino de Dios. El reino de Dios está más afuera de las fronteras de la Iglesia”. Esto suena tan obvio, sin embargo las y los encargados de la pastoral lo perdemos tan fácilmente de vista y retornamos a un “eclesiocentrismo” enfermizo.
Dice Monseñor Romero: “la Iglesia aprecia todo aquello que sintoniza con su lucha por implantar el reino de Dios.” Y nos recuerda que “todo hombre que lucha por la justicia, todo hombre que busca reivindicaciones justas en un ambiente injusto, está trabajando por el reino de Dios”.
Hace un tiempo, Trump dijo que el papa León XIV estaba causando mucho daño a los católicos, en referencia a sus llamamientos al diálogo, a poner fin a las guerras, a detener las carreras armamentísticas y a alcanzar la paz fruto de la justicia. Cabe recordar que hace unos meses, Trump se dejó filmar y fotografiar rodeado de pastores evangélicos que lo proclamaban enviado de Dios y lo bendecían.No son pocos los líderes autoritarios (como Trump y su vicepresidenta, Ortega-Murillo, Bukele, Kast, Bolsonaro, De la Espriella, …pero también Putin y muchos otros semejantes) que se presentan y se justifican como defensores de la fe y de la Iglesia auténtica. Utilizan un lenguaje religioso cristiano, no dudan en organizar jornadas de oración, etc., para hacer exactamente lo contrario al Reino de Dios, y aun así logran cegar a muchos de sus ciudadanos.
Monseñor Romero nos llama a abrir los ojos y los oídos: donde se actúa con justicia y misericordia, donde el perdón es parte fundamental del camino y donde se defiende la vida de los más débiles, Dios está construyendo su reino. Por supuesto, la Iglesia, o más bien todas las iglesias que se hacen llamar «cristianas», y sus miembros, deberían ser los primeros en poner fin a las guerras, detener toda forma de represión y exclusión, sin temer a la verdad. Pero, aunque no sean ni cristianos ni religiosos, ahí donde eso sucede, con los ojos de la fe, reconoceremos el Reino. Desde las iglesias se nos urgen esas actitudes de «apreciar lo bueno que sintoniza con los pasos del Reino de Dios».
Cita 12 del capítulo III (Iglesia) en el libro “El Evangelio de Mons. Romero”