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Éste sí que es buen pastor.

“Cristo quiere buscar un momento de reposo, pero la gente lo necesita y va allá y lo encuentra. Es una muchedumbre que el evangelio describe con la palabra inigualable: al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima porque andaban como ovejas sin pastor y se puso a enseñarles con calma, No había prisa, ya no había cansancio, las ovejas lo requieren. Éste sí que es buen pastor.” (22 de julio de 1979)

La figura del buen pastor se ha idealizado.Todos conocemos esa imagen romántica de un pastor (bien vestido con su traje típico) con una ovejita acostada sobre sus hombros, en un bonito paisaje que parece el jardín idílico del paraíso terrenal.  Es la imagen que encontramos en las parroquias que llevan el nombre de «Jesús, el buen pastor». Además, en nuestro tiempo tenemos poca experiencia con pastores que andan con sus rebaños. Por eso nos cuesta entender de qué se trata cuando Jesús hablaba de su experiencia histórica con los pastores que cuidaban sus rebaños, que buscaban a las ovejas perdidas y que las defendían de los ladrones.

En esta cita, monseñor Romero menciona dos veces la palabra «pastor». «Jesús vio una multitud y le dio lástima porque andaban como ovejas sin pastor». Conociendo, desde su experiencia, la importancia del pastor para guiar al rebaño hacia pastos verdes y para protegerlo de las amenazas (animales y ladrones), Jesús observa que la multitud pobre que lo busca, que quiere encontrarse con él, escuchar sus palabras de esperanza, sentir su calor y su cariño, es como «ovejas sin pastor». El evangelista dice que se trata de una multitud, una gran muchedumbre, «todo ese pueblo», «toda aquella gente». Jesús es consciente de que está frente a un pueblo desamparado, un pueblo que sufre las consecuencias del abandono de sus líderes (autoridades religiosas y políticas, y propietarios de tierras y actividades económicas).Ante ese dolor, Jesús siente compasión.Jesús entendió perfectamente que ese pueblo que lo buscaba no tenía a nadie que lo guiara ni que lo protegiera de los peligros. 

Hoy podemos hablar en El Salvador en términos iguales, como en tiempos de Monseñor Romero. Los acuerdos de fin de guerra abrieron un tiempo de esperanza que pronto se apagó. ¿Quién orienta y guía a nuestro pueblo hoy? ¿No estamos hartos de los llamados «analistas», especialmente los que están constantemente presentes en las redes sociales, que desde la comodidad de sus casas e instituciones hablan de su lectura de los problemas del pueblo y conocen la única alternativa? Escuchamos voces muy débiles desde las iglesias, voces que no tienen impacto en quienes tienen el poder ni en la movilización real del pueblo. De verdad que estamos como rebaño sin pastor.Oímos gritos por el agua... ¿Y qué hacemos? Oímos gritos por la destrucción del valle del Ángel y por un nuevo paso en la destrucción del bosque de El Espino... ¿Qué hacemos?Oímos gritos desde las colonias marginales (llamadas elegantemente «comunidades») con sus casitas «de lata y cartón» junto a quebradas... ¿Qué hacemos? Oímos gritos por la deficiente atención sanitaria y educativa... ¿Qué hacemos?La lista es enorme.  De verdad, estamos como un rebaño sin pastor. No hay duda.

La segunda referencia al «pastor» en la cita de monseñor Romero está relacionada con lo que hizo Jesús. La narración dice que Jesús estaba cansado y quiso buscar un momento y un lugar para descansar. Al darse cuenta de que aquella gente era «como un rebaño sin pastor», cambió de planes: ya no tenía prisa por irse y empezó a hablar con ellos con calma. Monseñor dice «enseñarles». Sabemos que Jesús sabía transmitir esperanza a través de cuentos (parábolas), experiencias que la gente conocía y que les permitían decir: «¡Ajá, así es la cosa!». Muchas de las enseñanzas de Jesús partieron de las preguntas, dudas y desesperanzas de la gente. Las grandes preocupaciones de Jesús estaban relacionadas con la salud y la comida (la supervivencia), porque así se lo transmitía la gente.    Monseñor menciona: «Las ovejas lo requieren.Este sí que es buen pastor».

Al reflexionar sobre esto, no podemos hacer otra cosa que revisar honestamente cómo es nuestra relación con las comunidades con las que caminamos, en las que tenemos la misión de ser «pastores» fieles.  Es preocupante que muchas veces estamos «ocupados» en la preparación y realización de ritos religiosos, los ciclos litúrgicos, la enseñanza de la doctrina religiosa, las conmemoraciones (martiriales y de aniversarios), las tradiciones religioso-culturales, etc., y también con la planificación de nuestro tiempo y las actividades diversas. Según monseñor Romero, Jesús fue de verdad «buen pastor» porque escuchaba el grito del pueblo, sentía su sufrimiento y, por eso, pudo guiarlo y cuidarlo. ¿Estamos con los verdaderos problemas, angustias y esperanzas de los pobres de nuestro pueblo? ¿Escuchamos de verdad? 

En Europa, el desafío del «buen pastor» se presenta de manera diferente, porque la realidad es diferente. Sin embargo, en Europa también hay grandes grupos de población marginados, excluidos, explotados, que sobreviven con pensiones ridículas, jóvenes que no encuentran trabajo, personas en hospitales y asilos de ancianos, personas en prisiones, migrantes que buscan refugio y esperanza huyendo de la violencia o la miseria de sus países de origen, etc. Si los miembros de las iglesias (en primer lugar, quienes tienen cargos eclesiales) no son «buenos pastores» según el modelo de Jesús (y de monseñor Romero), solo aumentarán el peso del sufrimiento de los sectores más vulnerables. Una Iglesia que no es «buen pastor» deja de ser la Iglesia de Jesús.

Cita 13 del capítulo II (Jesús de Nazaret) en el libro “El Evangelio de Mons. Romero”

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