Todavía es tiempo de quitarse los anillos

“La oligarquía está tratando de organizar y ampliar sus fuerzas para defender sus intereses. Nuevamente, a nombre de nuestro pueblo y de nuestra iglesia, les hago un nuevo llamado para que oigan la voz de Dios y compartan con todos gustosamente el poder y las riquezas, en vez de provocar una guerra civil que nos ahogue en sangre. Todavía es tiempo de quitarse los anillos para que no les vayan a quitar la mano.” (13 de enero de 1980)

Una semana después de su primera llamada de atención a la oligarquía, monseñor repite: «Todavía es tiempo de quitarse los anillos para que no les vayan a cortar la mano».  

Esta cita hace referencia a algo muy concreto del entorno político: «La oligarquía está tratando de organizar y ampliar sus fuerzas para defender sus intereses». Claro, eso no era nuevo, ya que siempre han estado unidos a la hora de defender sus intereses estratégicos. Esta situación sigue vigente en la actualidad. Quienes tienen el poder económico en el país, a veces llamados «los dueños del país», no han aparecido mucho en público durante estos años.Trabajan «de noche», en la oscuridad, porque saben que sus obras son de la oscuridad. Hace unos años, aparecieron de repente en una reunión con el presidente en la casa presidencial. Al parecer, necesitaba la bendición y el «amén» de esos «dueños de Cuscatlán» para apoyar proyectos que entraban en conflicto con los intereses de una parte de la burguesía industrial y comercial. Estos últimos tienen sus organizaciones de lucha, con nombres que ya denunciaba Monseñor Romero en sus homilías, como la ANEP. 

Para monseñor Romero, profeta de verdad, era la voz de Dios mismo que llamaba a compartir «con todos gustosamente el poder y las riquezas».No se trataba de una llamada caprichosa de algún obispo o de alguna iglesia. Monseñor Romero, al ser la voz del pueblo explotado y reprimido, se hizo voz de Dios, voz del Dios de Jesús, llamando a una conversión radical a quienes tienen la riqueza y el poder (político y militar) para defenderla y garantizar su crecimiento. La Iglesia anglicana, algunas iglesias protestantes y, hace unos años, también la Iglesia católica romana lo han reconocido como «santo», confirmando que su voz profética era la voz del Dios de Jesús y que enseñaba el camino a seguir.  Por eso su voz sigue tan actual. Sin embargo, no da la impresión de que las iglesias saquen las consecuencias evangélicas de este reconocimiento.

Monseñor sabía que, si los más poderosos y ricos del país no aceptaban compartir, estarían promoviendo la guerra. Y así sucedió. Doce años de guerra. Los Acuerdos de Fin de Guerra hicieron callar las armas, pero no resolvieron las contradicciones fundamentales de una economía que enriquece a unos pocos gracias a la pobreza de las mayorías.  Por eso, monseñor Romero sigue llamando con voz potente a los oligarcas de hoy, a las empresas internacionales que saquean el país, a la burguesía (de las diferentes tendencias y sectores económicos) y a sus tentáculos políticos y militares para que compartan gustosamente el poder y la riqueza, y así alcance para todos.Tampoco en El Salvador basta con repetir el eslogan político «sin corrupción, el dinero alcanza». Los hechos hablan por sí solos.

Se podría empezar por eliminar todas las ventajas legales en materia de impuestos y cerrar todas las puertas traseras que hasta ahora han facilitado tanta corrupción.  Los descubrimientos de robos millonarios y tremendos abusos por parte de expresidentes, sus familiares y amigos, las denuncias de fraudes al fisco y la cantidad de millones de dólares que no pagan en impuestos nos demuestran que aún estamos lejos de «compartir gustosamente el poder y la riqueza». Hay que tener en cuenta que los más ricos y poderosos han comprado a los políticos de turno (en la Asamblea Nacional y en el Ejecutivo, que nombran a otros en el Judicial y Controlador) para garantizar leyes que permitan la evasión de impuestos y que faciliten «incentivos» (es decir, exención del pago de impuestos). En la gran mayoría de los países, los vacíos jurídicos y los errores de procedimiento legal son mucho más importantes que la defensa de la democracia, la justicia, la verdad, la libertad, etc.

Repitamos hoy con monseñor Romero para que los poderosos en lo económico, lo político y lo militar escuchen: «Todavía es tiempo de quitarse los anillos para que no les vayan a cortar la mano». Y que nuestro pueblo tome conciencia de que ya es hora de organizarse para erradicar la injusticia de raíz. No tengamos miedo.

Cita 11 del capítulo VI  (Idolatría de la riqueza)  en el libro “El Evangelio de Mons. Romero”

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