Más vale ser libre en la verdad.

“¡Lástima tantas plumas vendidas, tantas lenguas que a través de la radio tienen que comer y se alimentan de la calumnia porque es la que produce! La verdad muchas veces no produce dinero sino amarguras. Pero más vale ser libre en la verdad que tener mucho dinero en la mentira.” (7 de mayo de 1978)

Monseñor vuelve a denunciar cómo los medios de comunicación están «vendidos» porque deben generar ingresos.Da igual que sea mentira, media mentira o una pequeña mentira. El criterio de los medios de comunicación en manos de empresas privadas es la ganancia: el periódico debe venderse y circular; el programa de radio o televisión que agrada (aunque sea un engaño) atrae publicidad y genera dinero, y más dinero.

Monseñor considera que «más vale ser libre en la verdad». Recuerdo que, en El Salvador, el padre Alfonso Navarro, asesinado el 12 de mayo de 1977, había retomado la convicción de Jesús: «La verdad os hará libres». Era el lema de su ordenación sacerdotal. Con esas palabras se despidió de su parroquia de San Juan Opico cuando fue trasladado a la iglesia de Miramonte.  Hay que tener mucho valor y fortaleza para discernir la verdad, para hablar la verdad y para defenderla, cueste lo que cueste. También exige honestidad ante la realidad histórica y ante la propia memoria.

Hace un tiempo, oímos el testimonio de una persona que, al hablar de su presunta vivencia con monseñor Romero y otros mártires, cayó en la trampa de minar su propia memoria, de deformar la realidad e inventarse palabras y acciones de otros y de sí misma. Y todo ello, hasta el punto de denigrar la integridad personal de algunos de los mártires que menciona.  Lo que sucede a nivel personal sucede de manera masiva en muchos medios de comunicación.

Ser libre en la verdad exige una profunda sinceridad con la historia y con los acontecimientos, así como un gran respeto por la dignidad de las personas y por la vida del pueblo.  Los medios «amarillistas» y sensacionalistas explotan la pobreza, la miseria y el dolor ajenos para atraer la atención y vender.Si además se graba en vídeo la entrega de alguna ayuda (proporcionada por terceros), parece una expresión de caridad y bondad. 

No es por casualidad que el «no mentir» está en los diez mandamientos, el código fundamental de la marcha humana hacia la libertad. La mentira es hermana del robo y del asesinato.  Cuando se roba o se asesina, se necesita la mentira para encubrir el escándalo y justificar y ocultar el delito. Los poderosos (a nivel político y económico) ocultan información sobre su gestión y, en no pocas ocasiones, crean cortinas de humo (noticias atractivas) para que la población no vea las fechorías que están cometiendo. Las mentiras, si se repiten lo suficiente, se acaban considerando verdades.  Desde hace tiempo sabemos que expresiones como «lo vimos en la tele», «lo oímos en la radio», «lo leí en el periódico» o «lo vi en mis redes sociales» no son sinónimo de claridad ni abren la puerta a la verdad. «Está publicado, entonces debe ser verdad» es una de las grandes mentiras de nuestro tiempo.

En un mundo invadido por las «noticias» y por la cantidad de medios de comunicación y redes sociales, hasta en nuestras propias manos (con los teléfonos móviles), se hace cada vez más complejo discernir la verdad de las noticias. Desde la fe en Jesús, somos llamados a sentirnos y sabernos realmente libres para tomar distancia de la avalancha de noticias y mensajes, y poder discernir la verdad. Ser libres para contrastar la realidad que conocemos y vivimos con otros medios, con la propia conciencia y, sobre todo, con la verdad que brota de la vida de los pobres.  Un buen camino comunitario para discernir la verdad de la mentira es escuchar la voz de las víctimas: los pobres, los excluidos, los que no tienen voz, los desempleados, las personas sin hogar, los migrantes, las personas privadas de libertad, los enfermos, las personas en asilos de ancianos, las personas que viven con el salario mínimo o menos, las personas que apenas sobreviven con algún subsidio, las víctimas de abusos, los pueblos víctimas de genocidio y otras formas de destrucción, etc.  Desde sus voces y sufrimientos, debemos confrontar las noticias, los comentarios, los artículos de opinión, los blogs, los pódcast, etc., e incluso las homilías en los templos.

Y, si queremos seguir el ejemplo de Jesús, será muy necesario retirarnos al silencio de la oración para escuchar la voz del Padre en medio del desierto de falsedades y mentiras. No tengamos miedo de ser libres y libres en la verdad.

Cita 8 del capítulo VII (La verdad) en el libro “El Evangelio de Mons. Romero”

23 ene 2026 - 19:45

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