Escriben una carta abierta muy dura al Presidente Jovenel Moïse Alarma de los religiosos ante la situación explosiva que vive Haití, de la que responsabilizan al presidente

Protestas en Puerto Príncipe
Protestas en Puerto Príncipe

El país se está muriendo según la Conferencia de Religiosos Haitianos y el Presidente Moïse debe respetar la voluntad del pueblo

La Conferencia de Religiosos Haitianos (CRH) hizo una dura acusación contra el Presidente Jovenel Moïse, que sigue firmemente en el poder a pesar de que la sociedad civil lleva mucho tiempo pidiendo su dimisión

El 60% de la población vive por debajo del umbral de la pobreza, la inflación es muy alta y faltan alimentos y combustible. A ello se suma la violencia perpetrada por unos escuadrones de la muerte impunemente

"La población está bajo el yugo, la inseguridad se extiende, los más pobres ya no pueden más, la población está desorganizada y al límite de la desesperación, el país ya no es gobernado"

(Vatican News).- Poco más de un mes después de que los Obispos haitianos dieran la voz de alarma sobre la situación "explosiva" e insostenible que vive el país, la Conferencia de Religiosos Haitianos (CRH) hizo una dura acusación contra el Presidente Jovenel Moïse, que sigue firmemente en el poder a pesar de que la sociedad civil lleva mucho tiempo pidiendo su dimisión, también tras los escándalos y episodios de corrupción, y la expiración de su mandato.

El Presidente lleva más de un año gobernando por decreto

Moïse, que quería iniciar una cuestionada reforma de la Constitución, lleva más de un año gobernando por decreto, ya que no hay parlamento y las elecciones legislativas, previstas inicialmente para enero de 2020, se han aplazado hasta el próximo septiembre, junto con las presidenciales.

Al mismo tiempo, la población haitiana, ya afligida por la pobreza y las enfermedades, ve su futuro cada vez más incierto, ahora amenazado por la pandemia de Covid-19.

Jovenel Moïse

Pobreza, inflación, falta de alimentos y combustible

El 60% de la población vive por debajo del umbral de la pobreza, la inflación es muy alta y faltan alimentos y combustible. A ello se suma la violencia perpetrada por los escuadrones de la muerte que siembran el terror por doquier en un contexto de "casi total impunidad", como denuncian los propios Obispos en su Carta pastoral del pasado 2 de febrero. En Haití, de hecho, la inseguridad y los secuestros están a la orden del día. Nadie se salva, creando así un miedo generalizado entre la población.

Panorama sombrío

Según los religiosos haitianos, un mes después, el "sombrío panorama" descrito por los Obispos en su Carta sigue oscureciéndose cada vez más:

"No se ha tomado ninguna decisión seria para aliviar el sufrimiento de la gente ni para protegerla de las agresiones"

Es la queja contenida en una Carta abierta dirigida al Presidente Moïse. "Lo único que parece presionarle – escriben – es cumplir su supuesto mandato a toda costa, desafiando las legítimas demandas de todo un pueblo". En la misiva también se lee:

“Surge preguntarse, ¿qué sentido tiene aferrarse al poder, incluso de forma ilegítima o ilegal, cuando más de la mitad de su población vive en condiciones de inseguridad alimentaria crónica? ¿Por qué querer a toda costa prorrogar o revocar una apariencia de mandato sin poder garantizar la seguridad de la vida y la propiedad, la libre circulación de las personas? ¿De qué sirve un Presidente o un gobierno incapaz de frenar el tren de la muerte que diariamente siembra el luto entre la población?”

Invitación de San Juan Pablo II

Recordando la invitación a cambiar el país hecha por San Juan Pablo II con motivo de su Viaje Apostólico a Haití en 1983, los religiosos haitianos lamentan cómo, 38 años después, el cambio ha dado un giro de 180 grados. Y escriben:

El país está muriendo, la población está bajo el yugo, la inseguridad se extiende, los más pobres ya no pueden más, la población está desorganizada y al límite de la desesperación, el país ya no es gobernado. Somos testigos y víctimas de demasiados crímenes, demasiadas injusticias y desigualdades”

Para la Iglesia, la responsabilidad de este "descenso a los infiernos" recae enteramente en el Presidente Moïse, quien – concluye la carta – tiene "el deber de dar respuestas rápidas y concretas a las demandas del pueblo, empezando por el respeto de las leyes del país".

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