"La Virgen nos ha dejado un extraordinario ejemplo de evangelización inculturada" Padre Rodríguez: " La universalidad, un aspecto esencial del acontecimiento guadalupano"

Procesión guadalupana en Los Ángeles
Procesión guadalupana en Los Ángeles

Ante la próxima celebración de la Fiesta de la Virgen de Guadalupe el 12 de diciembre, el padre Miguel Ángel Rodríguez de la Arquidiócesis de Puebla, México, ofreció a Vatican News una reflexión sobre la devoción a nuestra Madre, Emperatriz de América y Patrona de Filipinas

El próximo 12 de diciembre, el Papa Francisco presidirá a las 18 horas la misa en la Basílica de San Pedro en oración por Latinoamérica y los devotos de la Virgen Guadalupe en todo el mundo

(Vatican News).- El próximo 12 de diciembre, fiesta de la Santísima Virgen de Guadalupe, el Papa Francisco presidirá a las 18 horas la misa en la Basílica de San Pedro en oración por Latinoamérica y los devotos de la Virgen Guadalupe en todo el mundo. Un evento, organizado tradicionalmente por la Pontificia Comisión para América Latina.

En un artículo del padre Miguel Ángel Rodríguez, de la Arquidiócesis de Puebla, México, el sacerdote recuerda que los cristianos devotos a la Emperatriz de América y Patrona de Filipinas, nos estamos preparando al próximo Jubileo Guadalupano en 2031 y al Jubileo de la Redención en 2033. Al respecto, en su reflexión pide detener nuestra atención en un aspecto esencial del acontecimiento guadalupano: su universalidad.

Extraordinario ejemplo de evangelizción inculturada

A nueve años del V centenario del acontecimiento guadalupano, los católicos de todo el continente americano estamos convocados a redescubrir el significado profundo de la presencia de Jesucristo a través de María en nuestras tierras. La Virgen nos ha dejado un extraordinario ejemplo de evangelización inculturada, se lee en la reflexión del sacerdote, que nos llama a valorar las advocaciones marianas que nos interpelan en cada una de nuestras distintas naciones.

La Virgen María en sus apariciones, lo hace con el más humilde, niños o como en este caso, un humilde indito creyente, San Juan Diego. El padre Rodríguez hace un repaso de la historia de las apariciones, su mensaje y propósito: pedir que se le construyera una “casita” en ese lugar, en el cerro del Tepeyac, desde donde pudiera atender las necesidades de sus hijos y consolar sus corazones. Un espacio más amplio en el que Ella deseaba morar, vivir, permanecer, …y actuar, reflexiona el sacerdote.

Una revelación para el mundo 

“La Revelación es absolutamente clara en este sentido: el Apóstol san Pablo, en su primera carta a Timoteo, le dice que Dios quiere que todos los hombres se salven y llenen al conocimiento pleno de la verdad (2,4). Y el Magisterio de la Iglesia lo ha enseñado así desde el principio. El Catecismo de la Iglesia, por ejemplo, afirma en efecto que toda acción divina tiene la finalidad última de que las criaturas entren en la unidad perfecta de la Santísima Trinidad (cf. 260)”.

Revelación

Al respecto, el padre Rodríguez afirma que “además de la Revelación sobrenatural contenida en la Sagrada Escritura y en la Tradición, y de los sagrados Sacramentos, las auténticas apariciones de la Virgen María y las diversas revelaciones particulares reconocidas por la Iglesia son una expresión genuina y real del deseo de Dios todopoderoso de que todos los hombres experimenten el perdón y la paz, y caminen alegres en una esperanza cierta hacia la vida eterna”.

Regalo Inmenso de Dios 

La Virgen de Guadalupe, regalo inmenso de Dios al mundo, a través de un pueblo particular, “al que la presencia viva de María –y en Ella la del Salvador del mundo– lo llena de gratitud y lo llama a una generosa respuesta de fe y de acción”. De forma análoga, señala el religioso, a como el pueblo judío dio al mundo entero al Hijo de Dios, Jesucristo, el pueblo que se ha encontrado con Jesucristo a través de Santa María de Guadalupe siente apremio por participar al orbe entero la inmensa riqueza del acontecimiento guadalupano, que se acerca a su quinto centenario.

El Papa Francisco y la Virgen de Guadalupe

El Papa Francisco, recientemente, en su oración de consagración de Rusia y Ucrania al Inmaculado Corazón de María, el 25 de marzo de 2022, utilizó las palabras que María de Guadalupe dirigió a san Juan Diego, en la cuarta aparición. Las palabras del Papa en esta oración son elocuentes:

En esta hora oscura, ven a socorrernos y consolarnos. Repite a cada uno de nosotros: ‘¿Acaso no estoy yo aquí, que soy tu Madre?’. Tú sabes cómo desatar los enredos de nuestro corazón y los nudos de nuestro tiempo. Ponemos nuestra confianza en ti. Estamos seguros de que tú, sobre todo en estos momentos de prueba, no desprecias nuestras súplicas y acudes en nuestro auxilio.

Fiesta de Guadaluoe

Así mismo, el 26 de julio, durante la visita que el Santo Padre realizó al Canadá, nos recordó:

Durante el drama de la conquista, fueNuestra Señora de Guadalupe la que transmitió la recta fe a los indígenas, hablando su lengua y vistiendo sus trajes, sin violencia y sin imposiciones.

Nuestra devoción a Nuestra Señora de Guadalupe

Por último, el Padre Rodríguez recuerda que la Virgen María, Madre de Dios, aparecida en el Tepeyac a san Juan Diego en 1531, es Madre de todos los hombres y, desde el Templo construido como casa suya al pie del Tepeyac –y en cada corazón–, atiende y sana el alma de sus hijos, a quienes les entrega su mayor tesoro, Jesucristo.

"Su maternidad y su labor no tienen límite, y son alegremente una magnífica noticia para todos nosotros, en todos los aspectos: tanto en los caminos de la vida interior como en el devenir y en los desafíos de la vida humana actual, ya sea en México, en Canadá, en la Patagonia, o en el doloroso escenario de conflicto entre Rusia y Ucrania. Así, pues, nos alegramos al reconocer que la santísima Virgen María, que ha querido llamarse “Nuestra Señora de Guadalupe”, se presenta ante nosotros y llama a sus hijos de todos los continentes y países a recurrir a su intercesión, a ponerse bajo su sombra y resguardo, a encomendarle todas sus preocupaciones y miserias, para recibir de Ella a Su Hijo, Jesucristo, el Salvador, en quien el mundo puede confiadamente poner su esperanza". 

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