La alarma del historiador Massimo Faggioli: “Trump es malo para la Iglesia y para el mundo”
"Evitar esa deriva exigirá algo más que declaraciones aisladas de obispos o acciones legales de la conferencia episcopal; hará falta una ruptura clara entre el Evangelio y el trumpismo"
Massimo Faggioli sostiene que el trumpismo no es solo un problema político, sino una amenaza directa para la Iglesia y para el orden internacional. El autor, en un texto publicado por katholisch.de, que procedente originalmente de Commonweal Magazine, advierte que la Iglesia estadounidense corre el riesgo de quedar fusionada con el nacional‑cristianismo de Trump, si no rompe con claridad y rapidez con esa deriva.
El historiador italo-americano compara la reacción de la Iglesia católica ante Trump con la de los católicos italianos frente al fascismo en los años veinte y treinta. Su tesis es clara: “Trump es malo para la Iglesia y para el mundo”, porque su proyecto político combina autoritarismo interno, guerra exterior y una amenaza real de absorción del catolicismo estadounidense por el cristianismo nacionalista.
La comparación con Mussolini
Faggioli dice que los historiadores suelen ser prudentes, pero que el paralelismo entre el trumpismo y el fascismo italiano ayuda a entender el presente. Recuerda que, en Italia, muchos católicos toleraron primero la violencia fascista, después aceptaron a Mussolini como “mejor que la alternativa” y solo reaccionaron con fuerza cuando el régimen empezó a volverse una amenaza para la Iglesia misma.
El autor ve un patrón semejante en Estados Unidos: Primero vinieron las medidas racistas y antiinmigración; después, la violencia política del 6 de enero de 2021; y ahora, según Faggioli, el avance de un autoritarismo que ya afecta a la democracia, la libertad religiosa y el lugar público de la Iglesia.
El problema no es solo político
El historiador insiste en que Trump “es malo para la Iglesia”, porque la está arrastrando a una identificación con el poder y con una agenda cristiano‑nacionalista. El texto subraya que el exilio de los inmigrantes, la caída de la asistencia a misa en comunidades migrantes y la presión sobre colegios y universidades católicas muestran que el trumpismo no es una cuestión abstracta, sino una amenaza pastoral real y concreta.
Faggioli cita además la reacción cada vez más explícita de algunos obispos estadounidenses, como Cupich, McElroy o Tobin, que se pronunciaron contra el ICE y contra la inmoralidad de la política exterior, y recuerda que el presidente de la USCCB, Paul Coakley, no ha conseguido articular una respuesta episcopal unánime.
A su juicio, la jerarquía “ha reconocido” tardíamente que Trump “es malo para la Iglesia” y también “malo para la paz mundial”, algo que, dice, ha quedado confirmado por la guerra contra Irán.
Roma, León XIV y el riesgo de silencio
Faggioli apunta también al Papa León XIV, a quien presenta como consciente del problema y reacio a entrar en la política partidista estadounidense. El texto interpreta gestos recientes de Roma —como el nombramiento de Gabriele Caccia como nuncio en Washington— como señales de que el Vaticano ve a Estados Unidos como un problema internacional bajo Trump.
El historiador advierte, por último, de que el silencio del clero puede acabar produciendo una “fusión de hecho” entre el catolicismo estadounidense y el movimiento cristiano‑nacionalista de Trump. Y asegura que evitar esa deriva exigirá algo más que declaraciones aisladas de obispos o acciones legales de la conferencia episcopal; hará falta una ruptura clara entre el Evangelio y el trumpismo.
