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Antonio Spadaro: "Antes de la ética, el corazón. Antes de la norma, la conversión"

El jesuita afirma, en el VII Seminario Internacional de Comunicación de Iglesia que se realiza este 27 y 28 de julio en Chile, que la cuestión tecnológica plantea un desafío espiritual

Antonio Spadaro Sj.

(Paola Calderón Gómez/ADN Celam).- Bajo la consideración de que la tecnología dejó de ser una herramienta para convertirse en un “entorno mental, cultural y espiritual”, el padre Antonio Spadaro advirtió que medir el impacto de la inteligencia artificial desde la gobernanza o los límites éticos, resulta insuficiente.

Así lo manifestó, durante la charla magistral sobre Inteligencia Artificial y espiritualidad que impartió durante el VII Seminario Internacional de Comunicación de Iglesia que se realiza este 27 y 28 de julio en Chile.

El consagrado presentó una reflexión que trasciende los debates habituales sobre regulación y ética en la era digital. Citando la encíclica Magnifica humanitas del Papa León XIV, insistió en que “antes de la ética, está la espiritualidad. Antes de la norma, el discernimiento interior”.

El desorden es la excepción lógica del hombre sobre la máquina

Una prueba para el alma

Para el jesuita, “la IA es una prueba para el alma. Y si no se aborda a ese nivel, cualquier regulación seguirá siendo superficial”. Ante la tendencia que pondera cierto “misticismo algorítmico” que intenta suplir la búsqueda de sentido mediante la tecnología; Spadaro profundizó en la diferencia sustancial que existe entre la lógica de las máquinas y la condición humana. 

“Si la oración se convierte en una salida y no en un grito, la fe se apaga en el ruido de la eficiencia. Las religiones auténticas nacen del encuentro con una alteridad irreductible, un deseo que ningún algoritmo puede satisfacer. La espiritualidad es espera, no es programable”, afirmó.

Para el religioso, la gran encrucijada de este tiempo no se centra en el desarrollo de las máquinas, sino en la mutación de la mente humana. “La verdadera cuestión no es si la inteligencia artificial podrá llegar a ser como la humana, sino que la inteligencia, pueda permanecer siendo humana".

Al respecto, planteó una serie de dimensiones esenciales que escapan a la captura del algoritmo. Entre ellas el desorden de la psique y la memoria profunda, el pensamiento que no es reducible ante los mecanismos, la experiencia del límite ante lo sagrado, la sexualidad y la muerte; además de la gratuidad del juego. “El desorden es la excepción lógica del hombre sobre la máquina", indicó. "Y el hombre, una especie de hacker que rompe el sistema del algoritmo y cambia sus lógicas automáticas, al preguntarse por el sentido”.

La riqueza del lenguaje poético es capaz de eludir los filtros de seguridad de los sistemas

El miedo a la fragilidad

De esta forma, Spadaro reivindicó el valor espiritual de la fragilidad, porque según dijo “lo humano no florece a pesar del límite, sino a través de ese límite”.

Asimismo, hizo énfasis en que “cuando la palabra es simulada, no construye una relación, sino una apariencia de ella”. Otra expresión de esa cultura de las ilusiones que alimenta las relaciones simuladas por los sistemas de IA; un riesgo que puede llevar a la persona a perder el deseo de buscar genuinamente al otro.

No obstante, así como hay un gran interés por usar y dominar la IA, subsiste la resistencia a la estandarización que produce el algoritmo, fenómeno que Spadaro explica usando la imagen de la escritura poética y la máquina que se desborda; porque la riqueza del lenguaje poético es capaz de eludir los filtros de seguridad de los sistemas.

“Mientras el lenguaje humano sea capaz de imaginar, habrá un espacio que escape al control”, como aparece en la encíclica Dilexit nos del Papa Francisco, donde afirma que “para salvar lo humano son necesarios la poesía y el amor; porque lo ordinario y extraordinario nunca estará entre los algoritmos”.

Se hace necesario educarnos para ayunar de ella y proteger a los jóvenes de la falsa promesa de una máquina perfecta

Volver a lo fundamental

De esta forma, el académico propuso arriesgarse a vivir una especie de ascesis para enfrentar la era de la inteligencia artificial. La invitación es a desarmar, es decir, sustraer la IA de la competencia armada, económica y cognitiva para impedir que domine a la persona. 

En sus palabras, se hace necesario educarnos para ayunar de ella y proteger a los jóvenes de la falsa promesa de una máquina perfecta. Es decir, se hace necesario crear espacios para el silencio y la reflexión autónoma, buscar la comunión. 

Lograrlo implica cultivar una espiritualidad basada en la presencia real, lo que se halla en total contraposición con la búsqueda insaciable de eficiencia con la tecnología.

“El desafío, en definitiva, no es lograr que la inteligencia artificial se vuelva humana, sino preservar y cultivar la esencia de la humanidad”, concluye Spadaro, al mismo tiempo recuerda la importancia de volver a lo fundamental a eso que amamos y que no podemos sustituir o hallar en un mecanismo tecnológico.

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