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Barreto: “La sinodalidad es escuchar al Espíritu Santo”

El cardenal peruano reflexiona sobre los cambios que la sinodalidad ha generado en la Iglesia, su experiencia en la Amazonía y el legado del Papa Francisco. También resalta la continuidad que representa el Papa León XIV y comparte un mensaje para una Iglesia llamada a caminar unida en medio de las crisis que atraviesan el mundo

Cardenal Barreto

(Micaela Alejandra Díaz Miranda, ADN Celam).- El cardenal Pedro Barreto reconoce que la sinodalidad ha transformado su manera de comprender y vivir la Iglesia. Después de décadas de servicio sacerdotal y episcopal y de una intensa experiencia pastoral en la Amazonía, manifiesta que hoy contempla este proceso como una acción del Espíritu Santo que está generando algo nuevo tanto dentro de la Iglesia como en la sociedad.

Su acercamiento a la sinodalidad se fortaleció especialmente durante el proceso promovido por el Papa Francisco. El Card. Barreto, quien hasta marzo de 2026 estuvo al frente de la Conferencia Eclesial de la Amazonía, considera que la experiencia amazónica fue precisamente uno de los frutos de esta manera de ser Iglesia.

“Me entusiasmó. Incluso dije que el Sínodo Amazónico y la Conferencia Eclesial de la Amazonía son un fruto de la sinodalidad en la región amazónica”, recuerda. Pero su reflexión va más allá de esa experiencia. Lo que le resultó especialmente significativo fue la invitación a toda la Iglesia a ponerse en camino. “Me encantó esa propuesta que hizo poner a la Iglesia en camino, en camino sinodal, en esa experiencia de una peregrinación del pueblo de Dios como Iglesia católica al servicio del mundo”, explica. Para él, esta perspectiva se conecta con la visión del Concilio Vaticano II y con una Iglesia llamada a vivir en salida misionera.

Iglesia que está despertando

El Card. Barreto reconoce que esta comprensión de la Iglesia también ha significado un proceso personal. En su actual etapa de vida, que define como un momento de jubilación en el ejercicio del episcopado, continúa entendiendo su ministerio como un servicio al pueblo de Dios. “Yo sigo sirviendo a la Iglesia desde este caminar juntos”, comparte. Y para explicar lo que significa este descubrimiento utiliza una expresión de san Agustín: “Tarde te amé, oh belleza tan antigua y tan nueva. Tarde te amé”.

A su juicio, la experiencia sinodal que vive actualmente la Iglesia recoge una intuición que ya estaba presente en el Concilio Vaticano II, pero que ahora adquiere una nueva fuerza frente a los desafíos contemporáneos.

El purpurado observa un deterioro de las relaciones humanas, las guerras, la destrucción, la muerte, los desastres naturales y una creciente indiferencia frente al sufrimiento. Sin embargo, en medio de esta realidad descubre también signos de esperanza. “Hay algo que está naciendo en la Iglesia que es la conciencia de que el fundamento de nuestra vida no está en lo que somos o en lo que sabemos o lo que hacemos, sino en lo que Dios está haciendo en cada uno de nosotros”, sostiene. Para el cardenal, esta mirada permite reconocer que “hay mucha más bondad que corrupción en la humanidad”.

La Amazonía le enseñó a escuchar

Su experiencia amazónica ocupa un lugar prioritario en esta comprensión. El Card. Barreto considera que los pueblos amazónicos le han ayudado a descubrir una Iglesia que escucha, camina con las comunidades y se deja transformar por la realidad.

A su juicio, la Iglesia está saliendo de una etapa marcada por una “fe cansada” y una “fe estática” para abrirse a una conversión que consiste en aprender a practicar la fe comunitariamente: “Estamos abriendo a los cambios, que en el fondo es una conversión no solamente de vivir mi fe, sino también de practicarla en comunidad, en este caminar juntos”, explica.

El cardenal considera que este proceso es gradual y recuerda que el Papa León XIV también ha insistido en el carácter progresivo de las transformaciones. Por ello, invita a dejar que Dios continúe actuando en la Iglesia y en cada persona. En este camino, dice, la fe debe tener como fundamento la muerte y resurrección de Jesús: “Un Jesús resucitado que nos acompaña, que camina con nosotros, que fortalece nuestra esperanza”.

Escuchar el sufrimiento de la casa común

La esperanza, para el cardenal, no puede desligarse de la realidad. Por eso enlaza la experiencia sinodal con la capacidad de escuchar los clamores de los pueblos que sufren, tanto por las guerras como por los desastres naturales y los efectos del cambio climático.

Menciona particularmente la situación de países como Venezuela y Colombia, además de otros lugares del mundo expuestos a terremotos y fenómenos naturales. Para él, estos acontecimientos también deben interpelar a la Iglesia.

El cardenal atribuye parte de esta crisis ambiental a decisiones humanas marcadas por intereses económicos: “Esto es fruto de una actividad irracional de las personas que han preferido el dinero y la destrucción de nuestra querida casa común”, en referencia a una de las preocupaciones centrales del pontificado de Francisco.

Conversión personal y transformación comunitaria

Preguntado por la relación entre la conversión personal y la sinodalidad, la autoridad eclesial sostiene que ambas dimensiones son inseparables. “Lo personal y lo comunitario van de la mano”, asegura. Para él, la sinodalidad implica “ver, escuchar y, sobre todo, escuchar al Espíritu Santo”, reconociendo en Él a quien recuerda a la Iglesia las palabras y enseñanzas de Jesús.

Desde esta mirada, la Iglesia tiene la responsabilidad de caminar unida, promoviendo la inclusión y la participación. El cardenal reconoce que los cambios son graduales, pero hace hincapié en que la realidad actual exige mantener viva una esperanza que se traduzca en acciones: “Tenemos que mantener viva la esperanza y una esperanza puesta en acción, en servicio, especialmente a los más pobres”.

En un mundo que vive la división y la polarización, considera que la Iglesia puede ofrecer, mediante la sinodalidad, un camino hacia la unidad. “Estamos todos llamados a ser muy mesurados, como León XIV nos dice, pero al mismo tiempo con mucha firmeza para señalar el camino de la unidad en un mundo dividido”, señala.

De una Iglesia que hace por las comunidades a una que camina con ellas

El Card. Barreto también aborda uno de los cambios fundamentales que propone la sinodalidad: pasar de una Iglesia que actúa sobre las comunidades a una Iglesia que camina con ellas: “La Iglesia somos todos los bautizados”. En su opinión, existe actualmente un despertar entre laicos, religiosas, religiosos, sacerdotes y obispos respecto de la conciencia de que todos forman parte del pueblo de Dios.

Esta pertenencia implica asumir las distintas vocaciones y ponerlas al servicio de un mismo camino: “Tenemos que asumir también desde la vocación específica que el Señor nos ha puesto para poderla unir a este gran camino de sinodalidad que renueva nuestra esperanza, renueva nuestra práctica de la caridad”.

El cardenal insiste además en que el protagonismo no corresponde exclusivamente a las estructuras eclesiales: “No somos nosotros los que hacemos el servicio. Es Dios que actúa a través de la Iglesia y a través de muchas personas de buena voluntad o de otros credos que no buscan el interés personal o de grupo, sino que buscan el interés de los demás”.

“Tarde te amé”: una nueva manera de ejercer el ministerio

Después de 65 años en la Compañía de Jesús y 53 años como sacerdote, el Card. Barreto identifica en la sinodalidad uno de los grandes cambios en su manera de ejercer el ministerio. Vuelve a la expresión de san Agustín: “Tarde te amé”. Para él, la sinodalidad representa una Iglesia que intenta ser fiel a la inspiración del Concilio Vaticano II y que reconoce que todos están llamados a participar.

En este proceso también descubre con particular fuerza las tres virtudes teologales: fe, esperanza y caridad. “Es una fe que mantiene viva la esperanza, pero una esperanza que nos invita a la acción en común”, explica. A su juicio, la novedad está en que una fe que muchas veces permanecía “dormida” o reducida al ámbito de la razón “está bajando al corazón” y moviliza a las personas a caminar con Jesús como comunidad y como pueblo de Dios.

El purpurado reconoce que este proceso se desarrolla en medio de una crisis muy grande. “Estoy viviendo una crisis gravísima en la humanidad, una crisis también en la Iglesia, pero está naciendo algo nuevo desde dentro de la Iglesia por el Espíritu Santo”, asegura. Y recupera una frase del cardenal John Henry Newman: “Vivir es cambiar y ser perfecto es haber cambiado muchas veces”. Para el cardenal, estas palabras expresan una Iglesia en permanente conversión y renovación.

Papa León XIV, continuidad y renovación

Al hablar del Papa León XIV, el cardenal Barreto recuerda los días previos al cónclave en los que participó junto con otros cardenales en la definición del perfil que debía tener el sucesor de Francisco. Mientras los restos mortales del Papa Francisco todavía se encontraban en la Basílica de San Pedro, los cardenales identificaron como una de las prioridades la continuidad del proceso de renovación sinodal iniciado durante su pontificado. Para el purpurado, la elección de Robert Prevost fue una respuesta providencial a ese perfil: “Fue para mí una bendición de Dios”.

Entre los aspectos que debían marcar la nueva etapa menciona la lucha contra los abusos, la reforma de la Curia Romana a la luz de Praedicate Evangelium, la transparencia económica y la rendición de cuentas, la construcción de la paz, el cuidado de la creación y el respeto de los derechos humanos. “Me dio mucha mayor esperanza. Yo creo que es el Espíritu Santo”, sostiene al recordar la elección de Prevost, a quien describe como un hombre cercano al Papa Francisco y vinculado a la renovación impulsada por el Concilio Vaticano II.

El Card. Barreto recuerda también las primeras palabras del Papa León XIV sobre la necesidad de construir una Iglesia unida: “Me gustaría que nuestro primer gran deseo sea una Iglesia unida, un signo de unidad y comunión que se convierta en un fermento para un mundo polarizado, necesitado de reconciliación”.

Para el cardenal peruano, la escucha y la sinodalidad continúan siendo elementos centrales del pontificado. Destaca especialmente la confirmación de la Asamblea eclesial de 2028 y la insistencia del Papa en una Iglesia más participativa. “Estoy convencido de que es el Espíritu Santo que inspiró a nuestros hermanos cardenales de escoger a alguien que tuvo la intuición del Espíritu de escogerse como Papa el nombre de León XIV”, sostiene.

El regreso del Papa León XIV al Perú

Ante la próxima visita del Papa León XIV al Perú, el Card. Barreto reconoce que el país recibirá al Pontífice en un contexto de tensiones y polarización. Sin embargo, considera que su presencia puede ser un signo de esperanza: “Yo creo que él está viviendo y nosotros también con él la Pascua de Jesús, la pasión, sufrimiento, sufrimientos tanto dentro y fuera de la Iglesia, de la sociedad”.

Al mismo tiempo, resalta el cariño que el Papa ha despertado entre muchas personas y su capacidad para conectar con quienes buscan hacer del Evangelio una realidad: “Estoy muy feliz, y yo el primero, de tener a un papa como Robert Prevost que ha sabido ganarse el corazón de mucha gente”.

Para el Card. Barreto, el desafío consiste en que el Evangelio no quede reducido a un discurso: “Aquellos que ciertamente estamos muy comprometidos de hacer que el Evangelio sea real. Que el Evangelio no sea simplemente teoría, sino que seamos instrumentos, como san Francisco decía, instrumentos de paz, de justicia y de amor”.

Argentina y Uruguay: una visita de reconciliación

El cardenal también valora que el Papa León XIV visite Argentina y Uruguay, dos países que el Papa Francisco no alcanzó a visitar durante su pontificado. Para el Card. Barreto, estas visitas representan un signo de continuidad y, especialmente en Argentina, una oportunidad para impulsar un camino de reconciliación. “La visita del Papa a Argentina va a marcar un camino de reconciliación en el país que tanto falta hace”, sostiene.

El cardenal recuerda que el propio Jesús advirtió que “ningún profeta es bien recibido en su propia patria” y considera que el Papa León XIV puede encarnar el espíritu de una Iglesia que busca renovar su rostro y ponerse al servicio de una humanidad atravesada por la angustia y el sufrimiento.

“Este es el mensaje fundamental, la continuidad en la novedad de la presencia del Papa León XIV en la tierra del Papa Francisco”, manifiesta.

“Cristo es el fundamento y el centro de nuestra vida”

Al finalizar la entrevista, el cardenal Barreto evita presentar su mensaje como un consejo y prefiere compartir aquello que está viviendo personalmente. Ante la pregunta sobre por qué continúa creyendo, amando y sirviendo, responde desde tres pilares: Cristo, la esperanza y la caridad.

“Cristo es el fundamento y el centro de nuestra vida. Cristo no es una idea, es una persona”, sostiene. Citando la exhortación apostólica Evangelii gaudium del Papa Francisco, recuerda que “en el encuentro personal y comunitario con Jesucristo nace y renace la alegría”. Su fe, explica, no está depositada en el éxito, sino en Cristo muerto y resucitado: “Es una persona viva”.

El segundo elemento es la esperanza, que exige escuchar los gritos de quienes sufren y el clamor de la casa común. Y el tercero es la caridad, pero no entendida como una actitud pasiva: “Una caridad que actúa porque Dios es amor”. Y recuerda las palabras de la carta de Santiago sobre una fe que debe producir obras.

Al concluir, el cardenal Pedro Barreto vuelve a san Pablo y a las tres virtudes teologales: “Ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, pero la mayor de estas tres es el amor”. Para el cardenal, esta perspectiva también permite comprender el momento actual de la Iglesia. En medio de las dificultades y las “tempestades”, sostiene, la fe permite confiar en que Dios continúa acompañando la historia. “En medio de las tempestades y problemas él nos da la fuerza para seguir creyendo que él guía la historia de nuestras vidas y de toda la humanidad”.

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