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¿Cómo renovar las parroquias para responder a los desafíos de nuestro tiempo?
(AICA).- El arzobispo de Córdoba, cardenal Ángel Rossi SJ, presidió la solemne vigilia pascual del sábado santo, en la catedral Nuestra Señora de la Asunción, junto al presbítero Javier Soteras. Durante la ceremonia, los participantes recorrieron simbólicamente el paso de la oscuridad a la luz, y renovaron la esperanza en la victoria de Cristo sobre la muerte.
La celebración incluyó la recepción de los sacramentos del Bautismo y la Confirmación de una fiel llamada Andrea, signo de renovación dentro de la comunidad eclesial.
A lo largo de la vigilia, los signos litúrgicos -como el fuego nuevo, el cirio pascual, la Palabra y el agua- acompañaron a los presentes en una experiencia centrada en la esperanza. La luz, compartida entre los fieles, simbolizó el llamado a transmitir la fe en la vida cotidiana.
El domingo, la misa de Pascua volvió a convocar a numerosos fieles en la catedral. Allí se proclamó el mensaje central del cristianismo: la resurrección de Cristo y la vigencia de la esperanza.
En su homilía, el cardenal Rossi invitó a los fieles a iniciar un camino pascual marcado por la búsqueda de los signos de Cristo resucitado en la vida cotidiana. En ese sentido, señaló que así como la Cuaresma es un tiempo penitencial, la Pascua abre "un tiempo orientado a la alegría", que -advirtió- "no siempre resulta más fácil de transitar".
El cardenal alentó a los creyentes a revisar su propio recorrido personal, preguntándose si avanzan hacia el encuentro con Jesús o si quedan detenidos por el miedo, la tristeza o la falta de esperanza
"El camino hacia la alegría a veces es más arduo que el camino hacia el dolor", expresó, al tiempo que subrayó que la alegría cristiana no niega las dificultades, sino que las trasciende. También alentó a los creyentes a revisar su propio recorrido personal, preguntándose si avanzan hacia el encuentro con Jesús o si quedan detenidos por el miedo, la tristeza o la falta de esperanza.
El purpurado también hizo referencia a las "oscuridades" del mundo actual, entre las que mencionó situaciones de violencia, exclusión y sufrimiento, pero remarcó que la Resurrección ofrece una perspectiva distinta. En esa línea, destacó el valor del signo del cirio pascual, cuya luz -aunque pequeña- se comparte y crece, iluminando la oscuridad.
Por último, el arzobispo llamó a reconocer en la propia vida las "piedras corridas", es decir, aquellos obstáculos que han sido superados, muchas veces de manera inesperada. Según afirmó, la Pascua es una oportunidad para dejar atrás lo que limita y abrirse a una vida nueva, renovada por la esperanza.
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