Chicas a las que se les extirpaban los ovarios y chicos psiquiatrizados: Jordi Bertomeu concluye la fase de primera escucha a las víctimas del Sodalicio
Después de dos años de misión ante el Sodalicio, se puede realizar un primer mapa de los ataques que viene sufriendo Jordi Bertomeu
“Han sido 180 las víctimas que se han acercado a la Nunciatura apostólica en Lima. Durante estas más de dos semanas de intenso trabajo, con jornadas maratonianas de nueve horas, se han escuchado testimonios trágicos de lo que ha ocurrido en el Sodalicio durante más de 50 años”. La que así habla, en conversación telefónica con RD, es C.R., una de las dos asistentes de monseñor Bertomeu.
Y la profesional peruana jubilada, que durante años ha trabajado en procesos internacionales de mediación o atención a víctimas de conflictos, añade: “Yo conocía el Sodalicio por los libros de Pedro Salinas y Paola Ugaz, además de las pocas noticias que lograban superar el silencio informativo impuesto por este grupo tan potente. Cuando monseñor Bertomeu me invitó hace dos meses a ayudarle en este Canal de Primera Escucha, no podía imaginar la gravedad de lo ocurrido en el Sodalicio. Estoy sobrecogida”.
Nuevas víctimas, nuevos agresores, nuevos tipos de abusos
Y C.R. detalla algunos de los motivos que ciertamente sobrecogen: “Muchachos que por años han sido tratados con psicofármacos por trastornos psicológicos inexistentes o mal diagnosticados. Muchachas Siervas del Plan De Dios con desajustes menstruales a causa de los abusos físicos y psicológicos recibidos en su comunidad, a las que se les prohibía recibir tratamiento hormonal y, en cambio, se les practicaba sistemáticamente la extirpación de los ovarios. Hombres que por años tuvieron que recibir las burlas y el maltrato psicológico por ser mestizos, ‘cholos’, en un grupo profundamente racista y supremacista blanco, además de fascista’’.
La tipología de abusos que ha visto el canal de primera escucha en la sede de la nunciatura de Perú de la avenida Salaverry 600 de Lima supera con creces lo que se sabía antes de la supresión del Sodalicio, el 14 de abril del 2025. “Mujeres emevecistas (n.d.r. del Movimiento de Vida Cristiana) inducidas a casarse con engaño con chicos ex sodálites, presentados como príncipes azules católicos, que en realidad eran homosexuales condenados a vivir matrimonios marcados por la doble vida. Empresarios que esperaban hacer negocios con un presunto hombre de Dios que luego resultó ser un rey Midas avaricioso y corrupto. Carreras universitarias brillantes truncadas. Vocaciones malogradas”, enumera C.R.
Las presiones contra el canal de primera escucha
Por su parte, S.A., la tercera persona implicada en el canal de primera escucha añade otros contratiempos: “Además de periodistas apostados ocasionalmente fuera de la Nunciatura, supimos luego que alguien del Sodalicio habría contratado un fotógrafo para que espiara quien entraba y salía de la Nunciatura. Podían también grabarnos sin nuestro consentimiento, como ya hizo meses antes Gonzalo Flores, un abogado del grupo suprimido, tergiversando luego lo conversado en privado con Monseñor Bertomeu. Nunca antes había trabajado sometida a tanta presión”. Y S.A. concluye: “Esta primera escucha ha sido una experiencia muy dura que solo tiene sentido por amor a la iglesia’’.
Tanto el testimonio de S.A como el de C.R. son reveladores del acoso mediático y judicial al que se ha sometido a Bertomeu, enviado personal primero del Papa Francisco y ahora del Papa León XIV.
Pero no todo fueron disgustos y sombras en la misión de Bertomeu en Lima. Hubo un momento de luz resplandeciente: el de la foto de la alta jerarquía eclesial del Peru arrodillada, pidiendo perdón a los comuneros de Catacaos, como explica a RD un sacerdote piurano, que estuvo presente en la misa del perdón: “Los intentos de desinformar a la opinión pública han llegado a extremos esperpénticos. Estoy indignado con estos nuevos fariseos, puristas de la liturgia, fijándose en filacterias sacerdotales y no en la intención de los corazones. Me enfada que los nuevos saduceos y su guardia pretoriana de juristas traten de vender una y otra vez la falta absoluta de relación entre el Sodalicio y las empresas que acosaron a los comuneros de Catacaos”.
“Ha tenido que ser la prensa internacional- continúa- la que hable de los que murieron, de quienes les mataron, de quienes pagaron el crimen o de quienes se beneficiaron de todo ello. Esperemos que algún día haya justicia. Mientras, nos emociona que la Iglesia, tras recibir en el Canal de Escucha a los Comuneros, haya pedido perdón de una manera tan elocuente, aunque sea por pecados cometidos por otros diferentes de los que estaban allí arrodillados. Bertomeu ha hecho una labor increíble”.
La resiliencia de Bertomeu y el apoyo de las víctimas
Los hechos hablan por sí solos de la campaña de acoso y derribo a la que está siendo sometido monseñor Bertomeu. De hecho, tal como ha denunciado El País el 25 de mayo de 2026, solo en el último mes, el comisario del Papa para el Sodalicio ha merecido siete portadas por parte de Infovaticana, el digital español afín a VOX.
Su objetivo real es el propio León XIV (al que no cesan de atribuirle de manera forzada un presunto caso de encubrimiento en Chiclayo), pero lo hacen intentando cuestionar lo realizado por su Comisario con argumentos que muchos consideran falaces, entre los que no faltan la presunta arbitrariedad y la falta de rigor jurídico, cuando no la excesiva proyección mediática del propio Bertomeu.
Tanto es así que las propias víctimas tuvieron que salir en defensa de Bertomeu, en un comunicado del 14 de mayo de 2026: “Bertomeu ha demostrado de sobra lealtad al Santo Padre y competencia jurídica en esta y otras misiones delicadas (Chile, Paraguay, etc.)”.
Y añaden: “Hasta que el Sodalicio no fue suprimido, Bertomeu nunca pronunció una palabra en público. Más bien, las víctimas hubiéramos querido más transparencia por su parte. Pero también queremos denunciar que quienes hoy critican lo realizado por Bertomeu, fueron los mismos que durante años callaron, minimizaron o encubrieron los abusos y el escándalo, en especial la estructura económico-financiera del Sodalicio”.
“La verdadera amenaza a la seguridad jurídica no son los delegados pontificios que actúan con mandato papal, sino los culpables de los abusos y las redes que embarran e intentan perpetuar la impunidad”, aseguran las víctimas de este grupo católico suprimido “por falta de carisma original y por utilizar métodos sectarios”, que conocen bien los turbios mecanismos del Sodalicio, para lograr la impunidad de la que gozó hasta julio de 2023.
Después de dos años de misión ante el Sodalicio, se puede realizar un primer mapa de los ataques que viene sufriendo Jordi Bertomeu.
1.La presunta excomunión para proteger la misión especial
Con gran sensacionalismo y sin rigor documental, en las redes de ultraderecha se repite una y otra vez que Bertomeu ‘trató de excomulgar’ a Giuliana Caccia y Sebastián Blanco, influencers peruanos de la extrema derecha católica.
El mismo día que acababa la misión especial, a primeros de agosto de 2023, Caccia y Blanco esgrimieron (no sin sobreactuación mediática), una presunta violación del secreto de oficio que habría cometido Bertomeu. Se silenciaba entonces que la misión especial de los dos enviados personales del Papa, Scicluna-Bertomeu, era investigativa (tenían obligación de comprobar todo lo que se afirmase durante los encuentros en la Nunciatura) y estaba protegida por el carácter diplomático de sus dos protagonistas.
Así lo explica la periodista Paola Ugaz, preguntada sobre la cuestión: “Cuando conocimos esta maniobra, los periodistas implicados explicamos repetidamente cómo se había sabido lo que Giuliana Caccia y Sebastián Blanco, por separado, dijeron ante la misión especial. Sin dar el nombre de los que habían declarado el primer día de las audiencias, Scicluna, no Bertomeu, me preguntó a mí, también a Pedro (Salinas) por ello. Luego, por los fotógrafos apostados fuera de la nunciatura, supimos que Caccia y Blanco habían sido los dos únicos que habían acudido el día antes a hablar con Bertomeu. Hay fotos del interés mediático que suscitó la misión especial. Pero Caccia y Blanco, seguramente enviados por el Sodalicio, pues eran apoderados de algunas de las empresas vinculadas a este grupo religioso, solo querían hacer ruido y entorpecer la investigación en curso. Las víctimas estaban enojadas y nosotros, aún más”.
Los dos querellantes intentaron negar una y otra vez el carácter diplomático de Bertomeu, reconocido por la Cancillería peruana. Finalmente, un año más tarde, el Papa Francisco les impuso in extremis un precepto penal, una medida canónica que funciona a modo de amenaza: o cesaban en su estrategia obstruccionista o ellos mismos se excomulgarían. Nunca fue una “excomunión impuesta por Bertomeu”, como han llegado a decir algunos sin rigor jurídico alguno.
Más aún, fue el propio Francisco quien con generosidad retiró el precepto penal a Caccia y Blanco. Y, por mediación del Nuncio Gualtieri, el Papa les recibió en el Vaticano, pensando que quizás así pondrían fin al acoso judicial contra su enviado personal.
Recientemente se ha sabido que todos y cada uno de los intentos de querella contra Bertomeu fueron archivados tanto en Perú como en el Vaticano por improcedentes. “Una determinada prensa clerical amarillista, peruana y española, no deja de atacar a Bertomeu, pero su figura no deja de agrandarse a los ojos de las víctimas y de aquellos que por años hemos sufrido el matoneo del Sodalicio”, concluye Paola Ugaz.
2. La presunta omnipotencia de Bertomeu en América Latina
Un periodista de El Español, por su parte, ha intentado varias veces embarrar la reputación de Bertomeu, difundiendo que también maltrató a las víctimas de abusos en Chile y en Bolivia.
En el primer caso, Scicluna y Bertomeu eran menos investigadores. En Chile no tenían ninguna competencia sobre el resultado de sus investigaciones. En el segundo, el periodista de El Español, sin ninguna comprobación, da por buena la versión del Sr. Klock, abogado y víctima chilena que apoya a las víctimas de Bolivia, aunque calla el comunicado oficial de la conferencia episcopal de este país del 30 de marzo de 2026.
En ese comunicado, se deja meridianamente claro que Bertomeu solo ha ido a Bolivia a dar cursos de formación para la prevención de abusos y como visitador apostólico de una comunidad de religiosas y seminaristas de El Alto. Nunca ha sido comisionado para seguir el caso de las víctimas de los jesuitas en Cochabamba.
“Las víctimas tenemos miedo. Por ello algunos hemos pedido al Papa una misión investigativa parecida a la realizada con el Sodalicio. Pedro Salinas ha afirmado recientemente en uno de sus programas que deberíamos ‘clonar’ a Bertomeu, pues las víctimas necesitamos juristas de su nivel, con su imparcialidad y por su capacidad de entender nuestro sufrimiento”, asegura ‘Ignacio’, víctima de otro poderoso grupo religioso que opera en numerosos países de Latinoamérica.
3.La presunta falta de pericia canónica de Bertomeu
Otras veces, la galaxia desinformativa del Sodalicio ha intentado lanzar sospechas sobre el proceder jurídico de la misión del Comisario Pontificio. Argumentan desde la necesidad de una mayor “seguridad jurídica” en la Iglesia.
Lo hacen los mismos que cuestionaban sistemáticamente todas las medidas magisteriales y disciplinares de Francisco. Y lo siguen haciendo con León XIV. Son aquellos que un día tratan a las víctimas de “satanistas”, como han hecho con José Enrique Escardó, y al día siguiente, lo tratan de “valiente denunciante de la actuación de Bertomeu”.
Lo único cierto es que Bertomeu y Scicluna solo recibieron el mandato de investigar los abusos del Sodalicio. “El material probatorio recogido por nosotros, tras conceder sucesivas prorrogas para garantizar todo lo posible el derecho a la defensa, fue analizado y juzgado por seis dicasterios romanos. No por mi o por Scicluna, como pretenden algunos. Finalmente, fue el Papa Francisco quien aprobó en forma específica las oportunas decisiones”, ha señalado el propio Bertomeu en una reciente declaración ante la prensa con ocasión de la presentación de su libro ‘Parroquias dirigidas por laicos’ en la Feria del Libro de Madrid.
Un colaborador de la Rota Madrileña, preguntado específicamente por este argumento, ha explicado a RD: “El derecho penal canónico es muy esencial y limitado. Los que cometen delitos canónicos y sus abogados lo saben, y se aprovechan de ello. Sin embargo, la Iglesia es capaz de tutelar la comunión eclesial, con el debido respeto a los principios de un proceso justo. Es lo que han hecho los investigadores Scicluna y Bertomeu y, hasta donde me consta, con gran pericia técnica. Espero que Jordi, al que conozco desde hace años, escriba pronto algún artículo científico sobre la aplicación en el caso del Sodalicio de los principios del derecho disciplinario eclesial, complementario al penal”.
Pero, para los enemigos de Bertomeu, no se escapa ni el propio Papa de la acusación de falta de pericia canónica o de arbitrariedad. De hecho, el 2 de abril de 2024, el Dicasterio para los Obispos, presidido por el cardenal Prevost, tras examinar la documentación de la investigación previa, solicitó la renuncia al entonces arzobispo de Piura y miembro del Sodalicio, Mons. José Antonio Eguren Anselmi. Este hecho marcó el inicio del particular calvario judicial y mediático del entonces cardenal Prevost, cuyo acoso llegaría hasta las mismas puertas del Cónclave, el 6 de mayo de 2025.
4.Las presuntas filtraciones de Bertomeu
En otro evidente intento difamatorio, el Sodalicio ha lanzado alguna sospecha sobre presuntas filtraciones de Bertomeu, miembro del Dicasterio para la Doctrina de la Fe. La realidad es que las decisiones que el Santo Padre ha ido tomando en referencia al Sodalicio, en especial las expulsiones de algunos de sus miembros, siempre han llegado por sorpresa.
Estas voces interesadas, sin aportar ninguna prueba, callan en cambio otras “filtraciones” que, en cambio, de manera notoria han salido del propio Sodalicio. Así, durante el mes de enero de 2025, algún participante del encuentro del Sodalicio en Aparecida, cuando nadie podía ni imaginarlo, filtró que llegaba la supresión de esta sociedad de vida apostólica sin carisma original y con métodos sectarios para destruir a sus adeptos.
Recientemente, Bertomeu también ha sido acusado de filtrar desde su Dicasterio una denuncia contra un conocido sacerdote peruano, acusado de abusos a un adulto vulnerable. “Difícilmente se puede filtrar desde Doctrina de la Fe lo que nunca ha llegado a Doctrina de la Fe, pues el denunciante bloqueó su denuncia por miedo”, afirman fuentes cercanas al arzobispado de Lima.
Todo este alarde de “conjeturas infundadas, insinuaciones maliciosas y teorías conspirativas, que tanto revictimizan a las víctimas y obstaculizan un proceso de reparación” (según reza el comunicado de las víctimas del 16 de mayo de 2026), más allá del injusto trato a Bertomeu, es la expresión de una profunda enfermedad, que afecta a cierta comunicación católica, hoy en manos de agentes de la polarización.
“Monseñor Bertomeu es un perseguido por causa de la justicia. Con seudónimos cobardes se dice de él que es ‘polémico’ o directamente se le demoniza. Lo único demoníaco aquí es el abuso de las víctimas y la mentira que promueven algunos blogs e influencers católicos. Necesitamos ya en la Iglesia más investigación y más periodismo católico serio y riguroso”, como concluye C.R., al cierre de nuestra conversación telefónica desde Lima.