Rouco defiende a Argüello y cuestiona que haya que resignificar Cuelgamuros: "Es una basílica donde se reza. Ya está"
Sobre las palabras de Argüello: "Hay que decir la verdad, y proclamarla. Puede costar algo, siempre ha costado". Sobre el Opus Dei, sostiene que "el Papa, va a actuar sin herir, sin herir. No hay necesidad de herir"
El cardenal Rouco sigue en plena forma. A sus 90 años (los cumple en unos días), quien fuera todopoderoso 'vicepapa' sigue siendo testigo (y, en algunos casos, activo) de la actualidad eclesiástica de España y el Vaticano. Se cuida especialmente (hace semanas comparamos aspecto físico, quien escribe con 50, cuarenta años menos, y coincidimos en que el purpurado gallego es un privilegiado), hasta el punto de no ver la final del Mundial por no querer sobresaltarse. Todavía son muchos los que visitan el famoso ático de Bailén, también durante los preparativos de la visita del Papa, y su voz sigue siendo escuchada.
Tal vez por eso El Debate le ha preparado una larga entrevista, publicada en dos partes (I y II, aquí), en la que Rouco Varela da rienda suelta a su visión del mundo, y de la Iglesia. Sin sorpresas: es un hombre conservador, 'chapado a la antigua', y con visiones claras sobre los pontificados, la liturgia, la sinodalidad o la actualidad política. Pese a su 'galleguismo', a Rouco se le entiende todo. Por ejemplo, su defensa al presidente de la CEE, Luis Argüello, "atacado", en su opinión, por "decir la verdad, y proclamarla". "Puede costar algo, te puede costar... Siempre ha costado", afirma, tal vez recordando supuestos agravios vividos en carne propia. "el lenguaje es duro, porque es duro", admite Rouco.
"Un servidor tiene una cierta experiencia en esas situaciones", explica el purpurado, quien confiesa que "llamé a dos Luis para animarle" revelándole algún exabrupto vivido en sus tiempos de arzobispo de Madrid, a cuenta de Setién y de la Iglesia. "Cuesta comentarios, cuesta contestaciones agresivas o, por lo menos, contestaciones que no brillan por su buena educación".
Donde sí se explaya algo más el purpurado gallego es en su defensa del Valle de los Caídos (se empeña en llamarlo así, aunque su denominación legal sea 'Valle de Cuelgamuros') y la Ley de Memoria Democrática, dos de los caballos de batalla de los sectores ultramontanos de la Iglesia (y la política) españolas. "Las leyes de memoria histórica son súper problemáticas. Los que hemos vivido toda la transición política, en la etapa de mi vida de treintañero y cuarentañero, que fue la de los políticos de entonces, Adolfo Suárez, Felipe González... La reconciliación era necesaria. La Conferencia Episcopal Española lo recordó el año 75. En el fondo era ya una realidad vivida por todos. Yo no recuerdo durante mi vida de joven seminarista, de joven profesor, de joven sacerdote, decir: este era de este bando, este era del otro. Ese dato no se daba en la vida normal y corriente", arranca Rouco, quien insiste en que "en lo político sí necesitamos, creo yo, una especie de punto final, de nuevo comienzo". "Lo que no se puede es volver otra vez a una memoria colectiva nacional partida. Eso no es responsable. Cada uno tiene su memoria", argumenta.
"Lo que no se puede es volver otra vez a una memoria colectiva nacional partida. Eso no es responsable. Cada uno tiene su memoria"
Y, claro, admite, "eso afecta al Valle de los Caídos. El Valle de los Caídos lo hemos vivido siempre como un lugar de reconciliación donde se reza por todos los que murieron en la guerra. Ya está desligado de los elementos concretos de los años en que fue construido. ¿Hay que resignificar el Valle de los Caídos? Es una basílica donde se reza. Ya está. Pero claro, es una consecuencia de la Ley de Memoria Histórica y Memoria Democrática. En fin...", culmina el purpurado. Por cierto, que resulta imposible encontrar imagen alguna de Rouco Varela en el Valle de los Caídos, por más que RD tenía una en su archivo de la misa con motivo del 50 aniversario de la presencia de la Abadía, el 14 de septiembre de 2008... que ha desaparecido.
Durante la charla, el gallego también se muestra comprensivo con el futuro del Opus Dei y sus estatutos, y augura que "el Papa cuida mucho el no herir sin necesidad". Eso sí: admitiendo que "esa es una información concreta que no tengo".
"En este caso yo creo que el Santo Padre, el Papa, va a actuar sin herir, sin herir. No hay necesidad de herir. En estas situaciones –diríamos de versiones y matices pastorales–, en el nuevo Código de Derecho Canónico del 83, hay todo un capítulo sobre los derechos y deberes de los fieles, y hay que respetarlo. Es decir, no se puede ejercer la autoridad no canónicamente. La autoridad en la Iglesia tiene que realizarse canónicamente según las exigencias del derecho divino", concluye.
En la primera parte de la entrevista, publicada el día anterior, Rouco Varela también critica el proceso sinodal en Alemania, trata de 'explicar' el fenómeno de los lefebvrianos, subraya la reformar litúrgica del Vaticano II y recuerda uno de los casos más polémicos con los que le tocó lidiar, el de la 'parroquia roja' de San Carlos Borromeo, en Entrevías. "Celebrar la Eucaristía en la sala de estar con una mesa baja. Sentados, en cuclillas, traer el vino de la nevera, el pan de no sé qué y luego hablar cada uno lo que le parecía... Casi lo único reductible a verdad teológica eran las palabras de la consagración", lamenta el purpurado. "O sea, se pasó de la celebración de la Eucaristía instituida por el Señor; sacramento de su presencia sacrificial y sacrificada en la cruz que alimenta nuestras almas; su carne y su sangre; la presencia de lo Divino en medio de tu vida y de tu historia... a una especie de juego de amigotes o de amigos, sin más. Hay una distancia infinita". Treinta años después de aquello, la comunidad de San Carlos Borromeo sigue trabajando, con la misma fuerza, e impacto, que entonces. Rouco... Por sus frutos lo conoceréis.
