Más de doscientos sacerdotes y religiosos franceses piden al Papa “medidas concretas” contra los abusos espirituales en la Iglesia
Clérigos, monjas o frailes procedentes de 37 comunidades, desde el Opus a los jesuitas, escriben a León XIV tres semanas antes de su visita a Francia. “Estas conductas destruyen profundamente las almas de las personas”. A diferencia de la pederastia, los abusos espirituales no son un delito canónico en la Iglesia
“Estas conductas destruyen profundamente las almas de las personas”. 215 víctimas o familiares de víctimas de abuso espiritual, pertenecientes a 37 realidades eclesiales presentes en Francia (desde el Opus Dei a los jesuitas, pasando por Comunión y Liberación, Legionarios de Cristo, el Instituto de Cristo Rey o las Hermanas del Cordero), han enviado un escrito a León XIV, a través de la Secretaría de Estado, en el que piden al Papa, a tres semanas de su viaje a Francia, respuestas contundentes del Vaticano contra esta práctica, que todavía no se considera un delito en el Código de Derecho Canónico.
La carta, publicada por La Croix, invita al pontífice a implementar “medidas concretas” para combatir este tipo de abusos, que en muchas ocasiones se concreta en abusos de poder, humillaciones y sometimiento. En algunos casos, el abuso espiritual, también, acaba convirtiéndose en abuso sexual o produciendo relaciones de esclavitud en el interior de las propias comunidades religiosas.
En el texto, enviado (y recibido) este lunes, los firmantes, que han mantenido el anonimato por temor a represalias legales por parte de sus congregaciones (sólo tres de ellos aparecen en la publicación francesa), sostienen que los escándalos que han surgido en los últimos años no se han abordado en su profundidad. De hecho, “algunas comunidades, a veces incluso después de su disolución, continúan sus actividades por medios ilícitos. Otras se resisten a cualquier cuestionamiento y prohíben el acceso a su regla de vida, que contiene disposiciones expresamente contrarias al derecho canónico. Otras, en cambio, difunden ampliamente una imagen pública de fervor ejemplar, atractivo y tranquilizador”, sostienen.
Sumisión, culpa y obediencia
El escrito denuncia los abusos espirituales como “la instrumentalización de la relación con Dios por una autoridad humana, la confusión entre la fidelidad a Cristo y la sumisión a una persona o institución, la inducción de culpa en torno al discernimiento personal y cualquier distancia crítica, la instrumentalización de la noción de obediencia”, unas prácticas que “destruyen profundamente las almas de las personas”.
Frente a la pederastia, sostienen los firmantes, “la denuncia del abuso espiritual tiende a quedar relegada a un segundo plano”. Sin embargo, añaden, “sabemos que el abuso espiritual suele ser la raíz de otras formas de abuso y allana el camino a la violencia sexual”.
El documento reclama al Papa una definición “legal y teológica” del abuso espiritual, así como la creación de organismos independientes encargados de recibir testimonios de las víctimas y formular recomendaciones a las instituciones religiosas, y una protección específica para los denunciantes, que en muchas ocasiones son excluidos de sus comunidades después de denunciar dichos abusos. Y es que, pese que en los últimos años se han producido toda una serie de escándalos de abusos de poder y espirituales en la Iglesia (desde el ‘caso Rupnik’ a intervenciones de movimientos como el Instituto del Verbo Encarnado o, más recientemente, la disolución de las HAM por este tipo de prácticas, el abuso espiritual (o el ‘falso misticismo’) no es un delito en el Código de Derecho Canónico.
Desde hace dos años, el Vaticano, a través del dicasterio de Doctrina de la Fe trabaja en “tipificar como delito el abuso espiritual”, que permitiría condenar canónicamente estas prácticas, mucho más cerca de una secta y del culto al líder que de una sana pertenencia a una comunidad religiosa. La Iglesia española, en un reciente documento, señalaba cómo "el abuso espiritual" puede darse en algunas "iniciativas de primer anuncio”, como Hakuna, los retiros de Effetá o Emaús (donde se nutrían, entre otros, las disueltas HAM).
