"Creemos en ustedes": El cardenal Chomali coloca a los jóvenes en el centro del debate
En un momento en que hablar de jóvenes suele reducirse a cifras, diagnósticos o preocupación, el cardenal chileno opta por otro camino: escribirles directamente
La carta titulada “Jesucristo es la Buena Noticia; y en Él, ustedes también lo son” parte desde un diagnóstico que no evade la realidad. El cardenal asume el desconcierto del tiempo presente, marcado por la violencia, la incertidumbre y la sensación de pérdida de sentido. Pero no se detiene ahí. Hay un segundo movimiento, menos habitual: una autocrítica del mundo adulto. Reconoce que muchas veces no han sabido comprender ni acompañar a las nuevas generaciones, instalando desde el inicio un tono que no es paternalista, sino dialogante y honesto .
Desde ese lugar, la carta no busca ofrecer respuestas cerradas, sino proponer un camino. Y ese camino se organiza en torno a tres certezas que el cardenal invita a “grabar en el corazón”, como un modo de sostenerse en medio de la complejidad actual.
La primera es una afirmación sobre la interioridad. Frente a una cultura que empuja a la comparación constante, a la inmediatez y al ruido, el cardenal propone volver al centro de la persona: “su corazón alberga una fuerza extraordinaria” . No se trata de una idea abstracta, sino de una invitación concreta a detenerse, a escuchar las propias preguntas y a reconocer que ahí, en lo más íntimo, se juega el sentido de la vida. Es, en el fondo, una llamada a recuperar la unidad interior en un contexto que tiende a fragmentar.
Su corazón alberga una fuerza extraordinaria
La segunda certeza apunta a una de las experiencias más extendidas entre los jóvenes hoy: la soledad. El texto la enfrenta con una convicción clara: “no están solos”. Esta afirmación no se limita a una dimensión espiritual, sino que se encarna en vínculos concretos: la familia, la comunidad, la amistad. De hecho, la carta subraya que la amistad verdadera no es un accesorio, sino un espacio donde se juega la posibilidad de sostener la vida y proyectarla. En este punto, el mensaje es particularmente relevante: frente al aislamiento, la respuesta no es el repliegue, sino el encuentro.
La tercera certeza es, quizás, la más decisiva en el plano social: “creemos en ustedes”. En un contexto donde los jóvenes muchas veces son percibidos como un problema o una amenaza, el cardenal invierte radicalmente esa mirada. Los reconoce como portadores de dones, de sensibilidad frente al sufrimiento y de una búsqueda honesta de sentido. La frase más contundente de la carta va en esa dirección: no son un problema, sino parte de la respuesta que la sociedad necesita . Con ello, no sólo reivindica su lugar, sino que también desafía al mundo adulto a estar a la altura de esa confianza.
En su tramo final, la carta condensa su propuesta en una afirmación que funciona como síntesis: Jesucristo es la Buena Noticia; y en Él, los jóvenes también lo son . No como una consigna, sino como una convicción que busca proyectarse en la vida concreta, en las decisiones, en la manera de habitar el mundo.
Un espacio para seguir la conversación
En el marco de esta carta, la Delegación de la Esperanza Joven del Arzobispado de Santiago invita al seminario “Jóvenes y sociedad: ¿en qué están?”, un espacio de diálogo que busca profundizar, desde distintas miradas, en las preguntas que hoy atraviesan a las nuevas generaciones.
La instancia contará con la participación del Cardenal Fernando Chomali y de la profesora Paulina Guzmán, Ph.D. en Ciencias del Desarrollo y Psicopatología, en una conversación que abordará tanto los desafíos como las búsquedas de sentido de los jóvenes en el contexto actual.
El encuentro se realizará el miércoles 29 de abril, a las 18:00 horas, de manera presencial en Plaza de Armas 444, Santiago, y será transmitido en vivo a través de las plataformas digitales de Iglesia de Santiago.
Texto completo de la carta
"Jesucristo es la Buena Noticia; y en Él, ustedes también lo son"
Cardenal Fernando Chomali G.
Arzobispo de Santiago de Chile
Abril 2026 2
Estimados jóvenes:
Les escribo porque sé que los tiempos que vivimos no son fáciles. A veces, al ver las noticias, pareciera ser que el mundo “se volvió loco”. Lo que acontece día a día, a nivel nacional e internacional, duele, da rabia, desconcierta, inevitablemente nos hace preguntarnos qué está pasando, y de modo especial, con los jóvenes chilenos, cuál es el sentido de sus vidas y si hay esperanza en el futuro. También nos cuestiona lo que nosotros, los adultos, estamos haciendo por ustedes. Muchos sentimos que estamos en deuda, que no los hemos comprendido y apoyado lo suficiente.
Les pido que lean esta carta junto a sus amigos y la reflexionen. Si ustedes, jóvenes, nos ayudan a comprender mejor lo que les está pasando, lo que sienten y están viviendo, mejor los podremos ayudar para que salgan adelante. Es lo que nos mueve como Iglesia porque, al ver la realidad, creemos firmemente que es lo que hoy nos pide el Señor. Esta carta surge de la oración y la reflexión.
Sé que la realidad de cada uno de ustedes es distinta. Sé también que muchos jóvenes están contentos con sus familias, con muchos sueños por cumplir y que tienen una vida que les asegura un futuro próspero y sin sobresaltos. Doy gracias a Dios por ustedes y sus familias. Veo con esperanza la vida de tantos que ayudan en sus casas, que asumen responsabilidades como cuidadores, que estudian y trabajan, que participan en voluntariados, que buscan un país más justo, que no son indiferentes al dolor de otros y que, incluso sin tener todas las respuestas, siguen buscando a Dios. No tengo dudas: en ustedes hay una riqueza enorme y un profundo deseo de trascendencia.
Sin embargo, sé que muchos se sienten frustrados, inseguros o incluso desesperanzados. Los datos recientes así lo muestran: una proporción significativa de jóvenes en Chile vive estas emociones, mientras convive, al mismo tiempo, con el deseo de salir adelante, de comprometerse y de encontrar sentido a su vida. Esa tensión es una llamada de atención para los adultos y refleja una generación que no se ha rendido ante los desafíos culturales y sociales, y frente a la cual nosotros debemos estar a la altura.
En este contexto donde hay tanto dolor, pero también brotes de esperanza les quiero pedir que graben en sus corazones estas tres certezas:
Su corazón alberga una fuerza extraordinaria
“Donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón” (Mt 6,21)
Vivimos en una sociedad que nos empuja a compararnos constantemente, a responder rápido y a no detenernos. El Papa Francisco, en Dilexit Nos, advierte que el ser humano corre el riesgo de perder su centro, de fragmentarse y de vivir sin una unidad interior que dé sentido a su vida [1].
Por eso, hoy más que nunca, es necesario volver al corazón. Ahí están sus preguntas más sinceras. Ahí están sus sueños, sus heridas y también sus anhelos más profundos. Y ahí, aunque a veces no lo perciban con claridad, Dios se hace presente y puede darles una fuerza extraordinaria.
No hay ningún joven al que Dios no le esté hablando al corazón. Por eso, no tengan miedo al silencio, a la interioridad, a preguntarse por el sentido de su vida. Lo que allí descubran es más verdadero que cualquier ruido exterior o mensaje en Instagram, TikTok o X. Sí, escucha tu corazón porque allí Dios te habla.
No están solos
“¿Acaso una madre olvida a su hijo? Pues, aunque ella lo olvidara, yo no te olvidaré” (Is 49,15)
Quiero decirles con toda claridad: no están solos. Aunque a veces lo parezca y en algunos momentos la vida se haga cuesta arriba. Aunque sientan que nadie los entiende, hay una presencia que no los abandona: es Dios quien camina con ustedes. Más aún, como Dios los ama entrañablemente, tenemos la certeza de que cada uno de ustedes habita en Su Corazón de Padre misericordioso.
Cada día Él se ofrece en la Cruz por ustedes y quiere vivir en medio de ustedes. Se hace presente en sus familias, en la comunidad que acoge, en quien escucha y en cada gesto concreto de preocupación y cuidado. De ese modo, Jesucristo sale al encuentro de cada uno.
También la amistad es un espacio privilegiado donde esa presencia se hace visible. El Papa León XIV, durante la Vigilia del Jubileo de los Jóvenes en Tor Vergata, recordó el valor de la amistad, insistiendo en que la verdadera amistad puede cambiar el mundo. Ayúdanos a generar espacios de verdadera amistad en las parroquias, colegios y universidades. Porque estamos convencidos que sólo en Cristo dicha amistad puede ser feliz y eterna [2]. Por eso, incluso en medio del dolor y de los grandes desafíos, siempre podrán encontrar cuidado, compañía, escucha y contención porque Cristo vive.
Creemos en ustedes
“Que nadie te menosprecie por ser joven” (1 Tim 4,12)
Como Iglesia queremos decir con fuerza: ¡Creemos en ustedes! Creemos en lo que son y en todo aquello a lo que están llamados a ser. Dios les ha confiado la vida y ha sembrado en cada uno dones y talentos únicos, regalos que no son solo para ustedes, sino también para los demás. Por eso, necesitamos ayudarnos mutuamente a descubrirlos, a sacarlos a la luz, hacerlos crecer y a ponerlos al servicio. No permitan que se apaguen por la frustración o el desánimo.
Vivimos en un mundo exigente y muchas veces contradictorio. Sin embargo, en medio de las dificultades estamos llamados a levantarnos y a ir con valentía contra corriente; esa es también nuestra vocación cristiana. Que nadie les robe sus sueños, sus esperanzas, sus ganas de desarrollar los talentos, las habilidades y destrezas que Dios les ha dado. A veces el contexto en el que viven lo dificulta, pero nada es imposible para Dios.
¡Ustedes no son un problema! Ustedes son parte de la respuesta que nuestra sociedad necesita. En ustedes hay una sensibilidad especial frente al sufrimiento, en cada uno hay una honesta búsqueda de sentido y una capacidad de entrega que no puede pasar desapercibida. Les repito, ustedes no son un problema, al contrario, son nuestra alegría y motivo de nuestros desvelos para que crezcan y se desarrollen con alegría y en paz.
Finalmente, y con humildad, reconocemos que no siempre hemos sabido cómo acompañarlos. Por ello, les pido perdón como adulto, como parte de la sociedad y también como Iglesia, por todas las veces en que no hemos estado a la altura de lo que necesitan y esperan.
Al mismo tiempo, les agradezco que nos exijan y nos desafíen, porque de esa manera nos ayudan a mirar la realidad con mayor responsabilidad, recordándonos que la vida solo tiene sentido cuando se vive desde el amor, la verdad y la paz.
Desde lo más profundo del corazón, los invito a enamorarse de la belleza del mundo que es reflejo del amor de Dios; a buscar siempre el camino de la paz y del diálogo, para no dejar a las futuras generaciones un mundo sin esperanza, un mundo que discrimine o excluya a los más débiles, a los pequeños y a los más vulnerables.
Asimismo, hoy quiero que se queden con esta certeza: Jesucristo es la Buena Noticia; y en Él, ustedes también lo son. Están llamados a hacer visible esa convicción en el mundo, como lo hizo María, la Madre de Dios y nuestra Madre.
Cuenten con nosotros, caminemos juntos. No tenemos todas las respuestas, pero sí tenemos oídos para escucharlos. Nuestros corazones nos dicen que ustedes son una prioridad para nosotros porque Chile será lo que ustedes son hoy.
Rezo por ustedes.
Rezo por sus vidas, por sus decisiones y por sus búsquedas.
Les doy de corazón mi bendición.
[1] . Francisco, Dilexit Nos: Carta apostólica sobre el amor humano y divino del Corazón de Jesucristo (Roma, 2024). https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/20241024-enciclica-dilexit-nos.html
[2]. Cf. León XIV, Vigilia con los jóvenes: Diálogo del Santo Padre con los jóvenes en la Vigilia del Jubileo (Tor Vergata, 2 de agosto de 2025).
https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2025/august/documents/20250802-veglia-tor-vergata.html .
