Frente al avance de la violencia, obispos de la Amazonía peruana piden proteger a los defensores indígenas
El pronunciamiento surge tras la difusión de una falsa noticia sobre la muerte del líder ashéninka Américo Pascual Tumisha y reclama al Estado una reforma del mecanismo de protección de defensores: "Defender la vida y el territorio no puede costar la vida"
(Micaela Alejandra Díaz Miranda/ADN Celam).- Los obispos de la Amazonía peruana expresaron su alegría por la confirmación de que el líder ashéninka Américo Pascual Tumisha está con vida, luego de que circularan informaciones sobre su supuesta muerte. Al mismo tiempo, manifestaron su solidaridad con su familia, la Comunidad Nativa Onconashari, el pueblo ashéninka y las comunidades indígenas de Yurua y de otras zonas de la Amazonía peruana.
Los pastores advirtieron que la falsa noticia evidencia el clima de temor y vulnerabilidad en el que viven numerosas comunidades indígenas ante el crecimiento de la criminalidad y la presencia de mafias ilegales que amenazan a quienes defienden sus territorios.
“Defender la vida y el territorio no puede costar la vida”, señalaron los obispos, al advertir que la violencia contra quienes protegen sus comunidades y territorios interpela tanto a la Iglesia como al conjunto de la sociedad. Frente a esta realidad, insistieron en que no es posible permanecer indiferentes ante las amenazas que afectan a quienes trabajan por la defensa de la vida y de la Casa Común.
La defensa del territorio como principio evangélico
Desde su misión pastoral en la Amazonía, los obispos recordaron que la vida humana posee una dignidad que debe ser respetada y protegida. En este sentido, retomaron el Documento Final del Sínodo para la Amazonía, que considera la defensa de la vida, la comunidad, la tierra y los derechos de los pueblos indígenas como un principio vinculado con la defensa de la dignidad humana.
Defender la vida y el territorio no puede costar la vida
El pronunciamiento remarca que, para los pueblos indígenas, proteger el territorio no se limita a la defensa de un espacio geográfico. También implica preservar la memoria, la cultura, la identidad, la vida comunitaria y las posibilidades de las nuevas generaciones.
Los obispos hicieron igualmente referencia a la encíclica Laudato si’, del Papa Francisco, particularmente a su llamado a escuchar simultáneamente “el clamor de la tierra” y “el clamor de los pobres”.
Reclaman cambios en la protección de defensores
El pronunciamiento también alerta sobre la situación de quienes defienden los derechos humanos en Perú. Según datos citados por los obispos del Ministerio de Justicia, durante 2025 se registraron 201 casos de afectaciones y amenazas, la cifra más alta registrada hasta entonces.
En el caso de los pueblos indígenas, la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana reporta 38 líderes asesinados entre 2016 y 2026. Estas cifras, advierten los obispos, contrastan con la existencia desde 2021 del Mecanismo de Protección de Defensores y Defensoras, cuyo funcionamiento consideran lento e insuficiente frente a la magnitud de las amenazas.
Ante esta situación, los pastores solicitan al Estado peruano reformular dicho mecanismo, con una revisión de sus plazos y responsabilidades. También plantean incorporar la atención a la salud mental y el acompañamiento psicológico de las personas afectadas por situaciones de violencia o intimidación.
Diálogo, justicia y fraternidad para la Amazonía
Según el pronunciamiento, estas organizaciones cuentan con un conocimiento directo de los territorios y de las dinámicas que afectan a sus comunidades, por lo que su participación podría contribuir a mejorar las medidas de protección y fortalecer la capacidad de respuesta frente a la criminalidad.
Ante las amenazas que enfrentan las comunidades amazónicas, los obispos proponen el diálogo, la justicia, la fraternidad y el respeto de los derechos como caminos para afrontar los conflictos y construir una convivencia pacífica. La Iglesia en la Amazonía peruana convocó también a la sociedad a no permanecer indiferente ante la violencia que afecta a los pueblos amazónicos, especialmente a quienes asumen la defensa de sus territorios y de sus comunidades.
El pronunciamiento concluye con una oración a María, presentada como “Madre de la Amazonía”, para que acompañe a quienes sufren y fortalezca a quienes trabajan por una Amazonía “viva, libre, sana, justa, fraterna y en paz”.