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Desde Honduras, presidentes de ultraderecha desestabilizan la región: un convicto, un narcotraficante, un títere, un libertario y un genocida

Una clica de presidentes de la ultraderecha radical que amenazan las democracias progresistas de América Latina

Claves geopolíticas, mediáticas y de seguridad hemisférica en una arquitectura de poder en expansión

Una investigación periodística basada en filtraciones, análisis geopolítico y lectura crítica de las nuevas doctrinas de seguridad hemisférica revela una arquitectura de poder que articula intereses políticos, económicos, mediáticos e ideológicos para reconfigurar el mapa político de América Latina.

En el tablero político latinoamericano, Honduras aparece hoy como un nodo estratégico de operaciones que trascienden sus fronteras. Lejos de tratarse únicamente de disputas internas, las recientes filtraciones de audios y documentos configuran un entramado más amplio: una alianza transnacional que combina actores políticos, corporativos, religiosos y mediáticos con el objetivo de debilitar a gobiernos progresistas en la región.

Los nombres que emergen no son menores. Un expresidente condenado por narcotráfico, Juan Orlando Hernández; un operador político con aspiraciones de continuidad, Nasry Asfura títere de su predecesor; un líder ultraliberal que sumió en una aguda crisis económica a su país, Javier Milei; y figuras internacionales como Donald Trump —convicto y referente del nuevo nacionalismo autoritario estadounidense— y Benjamin Netanyahu, señalado internacionalmente por la devastación sistemática contra el pueblo palestino que algunos califican de genocidio. Todos convergen, según los audios y documentos analizados en el caso “Hondurasgate”, en una misma lógica: disputar el control político, económico y geoestratégico de América Latina mediante estrategias híbridas de intervención.

Honduras como plataforma geopolítica y enclave de seguridad ampliada

El primer eje que emerge de las filtraciones es la instrumentalización del territorio hondureño como plataforma geopolítica regional. La hipótesis central sostiene que el eventual regreso o influencia de Juan Orlando Hernández, condenado a 45 años por narcotraficante e indultado por Trump, no responde a un proyecto nacional, sino a la facilitación de intereses extranjeros sobre activos estratégicos.

Sin embargo, al cruzar estos elementos con los lineamientos de la Estrategia de Seguridad Nacional impulsada por el entorno político de Trump desde 2025, el fenómeno adquiere una dimensión mucho más estructural. Lo que aparece no es una suma de episodios aislados, sino una doctrina coherente de seguridad hemisférica que redefine amenazas, prioridades y mecanismos de intervención en América Latina.

La estrategia redefine incluso el concepto de seguridad territorial. Ya no se trata únicamente de fronteras físicas, sino de nodos estratégicos desde los cuales proyectar influencia política, económica y mediática. Honduras, por su ubicación geográfica, debilidad institucional y red de alianzas conservadoras, emerge como un enclave ideal para operaciones regionales de presión, inteligencia y control narrativo.

Entre los activos estratégicos en disputa destacan propuestas como la cesión de infraestructura clave —incluyendo un hipotético canal interoceánico— a corporaciones multinacionales, así como la expansión de las ZEDE (Zonas de Empleo y Desarrollo Económico), especialmente en zonas como Roatán y Comayagua. Estas figuras jurídicas implican, en la práctica, enclaves con autonomía normativa que erosionan la soberanía estatal y consolidan espacios funcionales a intereses externos.

Territorio hondureño como plataforma geopolítica regional.

Seguridad nacional redefinida: el enemigo ahora es político

Uno de los pilares más significativos de la nueva estrategia hemisférica es la ampliación del concepto de “amenaza”. El enemigo ya no es únicamente el terrorismo o el crimen organizado. Ahora también lo son gobiernos, movimientos sociales y proyectos políticos que cuestionan la hegemonía estadounidense o fortalecen vínculos con potencias emergentes como China.

En este marco, liderazgos como los de Gustavo Petro, Ignacio Lula da Silva y Claudia Sheinbaum son percibidos no solo como adversarios ideológicos, sino como riesgos estratégicos. Su apertura a nuevas alianzas internacionales los coloca en el radar de una política exterior orientada a la contención geopolítica manteniendo la región como su “patio trasero”.

Aquí encaja con precisión el componente mediático descrito en las filtraciones: la construcción de expedientes, campañas de desprestigio, operaciones digitales y manipulación de narrativas destinadas a erosionar la legitimidad de gobiernos progresistas. No se trata de hechos casuales; forman parte de una lógica que entiende la información como campo de batalla.

“Donroe”, la nueva doctrina de Seguridad Nacional. En 2025, Estados Unidos presentó su nueva Estrategia Nacional de Seguridad (ENS).

Contención de China: el verdadero trasfondo regional

La Estrategia de Seguridad 2025 refuerza una narrativa ya presente desde años anteriores: frenar la expansión de China en América Latina. La región es vista como un espacio clave en la competencia global por recursos naturales, infraestructura crítica, puertos, corredores logísticos y rutas comerciales.

Desde esta perspectiva, decisiones aparentemente irracionales —como rechazar insumos más baratos provenientes de China— adquieren sentido estratégico. La preferencia por proveedores estadounidenses o aliados ideológicos como Argentina responde menos a criterios de eficiencia económica y más a una lógica de alineamiento geopolítico.

Honduras se convierte así en un instrumento de contención regional. La disputa no es únicamente local; forma parte de una pugna global por el control de territorios, mercados y alianzas políticas.

Frenar la expansión de China en América Latina.

La guerra mediática como arma de desestabilización

El segundo gran eje que surge de los audios, 37 en total, es la construcción de una maquinaria de desinformación con alcance continental. Según las filtraciones, se habría diseñado una “célula digital” con base en Estados Unidos, financiada mediante recursos desviados del Estado hondureño y aportes externos provenientes de Argentina.

La externalización de operaciones constituye uno de los rasgos centrales de esta nueva doctrina. Al operar desde el extranjero, estas estructuras evaden controles legales locales y se benefician de ecosistemas tecnológicos, financieros y comunicacionales mucho más robustos.

La estrategia contempla campañas de desprestigio, difusión de expedientes, manipulación de redes sociales y operaciones de desgaste político dirigidas tanto contra adversarios internos como contra gobiernos progresistas de la región. Se configura así una verdadera “guerra sin fronteras”, donde la información sustituye a la intervención militar tradicional.

Yamandú Orsi: Presidente de Uruguay, Claudia Sheinbaum: Presidenta de México, Gustavo Petro: Presidente de Colombia, Luiz Inácio Lula da Silva: Presidente de Brasil.

Captura institucional y legitimación de la coerción

El tercer eje revela una dimensión todavía más grave: la captura de instituciones democráticasmediante amenazas, presión y coerción. Las filtraciones vinculadas al Consejo Nacional Electoral hondureño sugieren la existencia de planes para neutralizar por la vía violenta voces disidentes y garantizar el control político de los procesos electorales.

Están dispuestos a reprimir, oprimir y perseguir y criminalizar hasta generar terror en la sociedad, con tal de alcanzar sus fines. La retórica de “vida o muerte”, así como las referencias a escenarios de violencia y “derramamiento de sangre”, reflejan una lógica política donde la estabilidad —entendida como control— se coloca por encima de la democracia.

Cuando la amenaza se redefine de manera amplia, también se amplían los márgenes para justificar medidas extremas: manipulación electoral, represión, persecución judicial y neutralización de opositores. La institucionalidad deja de funcionar como contrapeso democrático y se transforma en un instrumento de dominación.

Consejo Nacional Electoral hondureño

Religión, moral y control social

Un elemento especialmente sensible es el papel que ciertos sectores religiosos ultraconservadores están desempeñando en este entramado. Algunas iglesias neopentecostales aparecen como mecanismos de legitimación social que articulan discursos de “defensa de valores” con agendas políticas específicas.

La convergencia entre religión y proyecto político permite movilizar amplios sectores sociales bajo banderas de seguridad, moralidad y orden. Esto no solo fortalece proyectos autoritarios, sino que dificulta su cuestionamiento al revestirlos de una dimensión moral y espiritual.

La religión deja entonces de ser únicamente un espacio de fe para convertirse en instrumento de control simbólico y legitimación política.

Financiamiento, método y recompensa: la lógica operativa

El flujo lógico descrito en las filtraciones y reforzado por la lectura geopolítica de la Estrategia de Seguridad 2025 puede resumirse así:

Una nueva doctrina de intervención en América Latina

Lo que emerge de esta arquitectura es una forma contemporánea de intervención política que ya no requiere golpes de Estado clásicos ni ocupaciones militares directas. En su lugar, se despliega una combinación de desinformación, presión económica, guerra cultural, captura institucional y alianzas ideológicas transnacionales.

Honduras funciona como laboratorio y plataforma de esta nueva doctrina. La articulación entre actores locales y redes internacionales permite operar con flexibilidad, opacidad y capacidad de impacto regional.

La lógica de una nueva intervención en América Latina

Democracia bajo presión: implicaciones para América Latina

Las consecuencias de estas dinámicas son profundas. No solo se erosiona la estabilidad de gobiernos progresistas; también se debilita la confianza ciudadana en las instituciones democráticas y se incrementa la polarización social.

La democracia deja de ser un fin en sí mismo y pasa a subordinarse a objetivos estratégicos definidos por actores económicos y geopolíticos externos. Además, se consolida un modelo de dependencia donde la soberanía nacional se negocia a cambio de respaldo político, financiero o militar.

La estrategia es desestabilizar gobiernos progresistas: Luiz Inácio Lula da Silva, Claudia Sheinbaum y Gustavo Petro.

Una alerta para América Latina

El caso hondureño no constituye un episodio aislado, sino un síntoma de una transformación más amplia en las formas contemporáneas de intervención y control regional. La convergencia entre Juan Orlando Hernández, Nasry Asfura, Javier Milei y sectores alineados con el trumpismo configura un bloque con capacidad real de incidencia continental para dañar sus proceso democráticos y sostener una injerencia que atenta contra la soberanía de los pueblos.

Frente a ello, la respuesta no puede ser ingenua ni superficial. Se requiere periodismo riguroso, ciudadanía crítica, movilización social, articulación regional y capacidad de interpretar estas nuevas arquitecturas de poder sin caer en simplificaciones. Porque lo que está en juego no es únicamente el destino político de Honduras. Lo que se disputa es el futuro democrático, soberano y geopolítico de toda América Latina.

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