La Iglesia latinoamericana fortalece una respuesta integral frente a las adicciones
El nuevo Manual Latinoamericano de Pastoral de las Adicciones busca articular experiencias y ofrecer herramientas comunes para toda la región, frente a uno de los desafíos sociales y pastorales más complejos que enfrenta actualmente América Latina
(Sebastián Sansón Ferrari/Vatican News).- Las adicciones constituyen uno de los desafíos sociales y pastorales más complejos que enfrenta actualmente América Latina. El aumento del consumo de drogas entre jóvenes, la expansión del narcotráfico, la fragmentación de los vínculos familiares y comunitarios y la persistencia de fuertes estigmas hacia las personas afectadas exigen respuestas cada vez más integrales.
En este contexto, la Iglesia latinoamericana busca reforzar su presencia junto a quienes sufren consumos problemáticos y a sus familias, convencida de que la prevención y la recuperación no dependen únicamente de tratamientos médicos o políticas públicas, sino también de la reconstrucción de vínculos, del acompañamiento cercano y de la esperanza.
El reciente lanzamiento del Manual Latinoamericano de Pastoral de las Adicciones, promovido por el Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM), representa un nuevo paso en ese camino compartido. Un itinerario en el que también el CELAM ha formalizado un convenio de colaboración estratégica con la Secretaría General de la Organización de los Estados Americanos (SG/OEA) para potenciar la prevención, el tratamiento y la recuperación del consumo de drogas en América Latina y el Caribe, una forma de combatir el crimen organizado en la región.
La prevención y la recuperación no dependen únicamente de tratamientos médicos o políticas públicas, sino también de la reconstrucción de vínculos, del acompañamiento cercano y de la esperanza
Un manual nacido del trabajo de 18 países
Más que un documento, el nuevo manual es el resultado de un proceso continental de escucha y construcción colectiva, un portentoso trabajo de 545 páginas. "En el proceso de producción del manual trabajaron unas 300 personas, un poquito más, de 18 países de la región", ilustra el padre Carlos Olivero, coordinador de la Red Eclesial de Comunidades Organizadas (RECOR) del CELAM, a la que pertenece la Pastoral Latinoamericana de Acompañamiento y Prevención de Adicciones (PLAPA).
Para el sacerdote argentino, uno de los mayores frutos de la iniciativa fue precisamente el fortalecimiento de la red latinoamericana de pastoral de las adicciones. "La misma red es un fruto de este proceso conjunto", afirma. "Esto nos da una pertenencia, una identidad y una participación muy superiores".
El objetivo del documento es ofrecer criterios comunes para una realidad extraordinariamente compleja y diversa, evitando respuestas parciales o reduccionistas. "Vamos a encontrar experiencias que nacen desde la espiritualidad, otras desde la ciencia, respuestas psicológicas y sociológicas. Poder hacer un planteo integral es el fundamento que nos permite caminar juntos", sostiene Olivero.
El volumen propone precisamente esa "unidad en las diversidades", integrando distintas perspectivas sin perder aquello que constituye la aportación específica de la Iglesia. "La Iglesia tiene un lugar y el Evangelio tiene una propuesta en este tema y eso es importante poder señalarlo", añade.
Formación permanente y actualización continua
La iniciativa no termina con la publicación del documento. El CELAM trabaja actualmente en una escuela virtual que permitirá acceder al contenido del vademécum mediante cerca de treinta cursos breves dirigidos a parroquias, escuelas, movimientos y agentes pastorales.
Los itinerarios serán adaptados a cada realidad concreta: no serán los mismos contenidos para una parroquia que para un centro educativo o una comunidad terapéutica. Además, esta guía permanecerá abierta a nuevas aportaciones y experiencias surgidas en el continente. "Nosotros planteamos un sistema de actualización permanente", sintetiza Olivero. "Cada cuatro meses iremos incorporando nuevos aportes realizados por las comunidades en sus distintos contextos y geografías".
Costa Rica: reconstruir vínculos y combatir el estigma
En Costa Rica, la experiencia pastoral ha mostrado que la recuperación pasa necesariamente por la reconstrucción de relaciones familiares y comunitarias. "Prefiero hablar de reintegración y no de reinserción", observa el padre David Solano, coordinador de la pastoral social de la arquidiócesis de San José y director de un centro de tratamiento.
"Las personas con consumo de sustancias nunca se desligaron completamente de la sociedad, aunque el conjunto social las excluya y las margine".
Desde esta perspectiva, la familia y las comunidades parroquiales desempeñan un papel decisivo. "La recomposición de los vínculos familiares y parroquiales es un elemento muy importante que permite propiciar mejor la reintegración social de la persona", afirma.
Varias parroquias de la arquidiócesis desarrollan iniciativas inspiradas en el modelo de reducción de daños, ofreciendo alimentación, ropa, higiene personal y acompañamiento, además de articular redes con organizaciones sociales y centros especializados como la Casa Hogar San José Sabana.
El sacerdote considera que estas iniciativas también transforman a las propias comunidades eclesiales. "Las parroquias van creciendo en la conciencia de tender la mano a estos hermanos y hermanas excluidos de la vida social", señala. Su misión no se limita a la asistencia inmediata, sino que busca promover comunidades capaces de acoger con dignidad a quienes viven situaciones de vulnerabilidad.
Chile: salir al encuentro antes de que sea demasiado tarde
En Chile, el desafío principal es la prevención. "Estamos tratando de transmitir que todos podemos aportar y que no se trata solamente de una pastoral específica, sino de una tarea de toda la Iglesia", explica el padre Benjamín Ossandón, coordinador de la pastoral de alcohol y drogas y del movimiento Nadie menos por la droga.
La iniciativa, presente ya en varias diócesis del país, busca que ningún joven afronte solo el problema de las drogas. Para ello se están creando centros de escucha vinculados a parroquias y comunidades cristianas, concebidos como espacios cercanos y accesibles donde pedir ayuda antes de que el consumo se convierta en dependencia. "Ningún joven debe sentirse solo ante este problema", resume.
Tenemos un tesoro: podemos ofrecer vínculos, fe, sentido y comunidad
La apuesta consiste en invertir la lógica tradicional de espera y avanzar hacia una auténtica pastoral de proximidad. "Queremos ir a las esquinas y no esperar que los jóvenes lleguen a nosotros, sino llegar nosotros antes", afirma. No obstante, el sacerdote reconoce la magnitud del desafío. "La droga avanza más rápido de lo que nosotros como Iglesia estamos respondiendo".
Sin embargo, está convencido de que la comunidad cristiana posee recursos únicos para la prevención. "Tenemos un tesoro: podemos ofrecer vínculos, fe, sentido y comunidad".
Brasil: recuperar la dignidad y promover una vida nueva
Brasil cuenta desde hace décadas con una de las experiencias más consolidadas del continente gracias a la Pastoral de la Sobriedad. "Nuestro trabajo no consiste solamente en dejar de usar una sustancia o controlar un comportamiento compulsivo", manifiesta Denise Ferreira, coordinadora nacional de la pastoral en el estado de Río de Janeiro. "Nuestro trabajo en la parroquia es rescatar la dignidad de aquella persona y la dignidad de esa familia".
La pastoral brasileña acompaña todas las etapas del proceso: prevención, tratamiento, apoyo familiar y reintegración social y comunitaria. Uno de sus pilares es el trabajo en red. "La Pastoral de la Sobriedad une espiritualidad, promoción de la salud, apoyo familiar y convivencia comunitaria", expresa Ferreira.
La metodología de los doce pasos, adaptada a la tradición católica mediante textos bíblicos y reflexiones inspiradas en la Palabra de Dios, constituye otro de sus rasgos distintivos. "El objetivo principal no es solamente tratar la dependencia, sino promover una vida nueva marcada por la esperanza, la responsabilidad y el servicio al prójimo".
La experiencia brasileña insiste también en la necesidad de acompañar a las familias, frecuentemente golpeadas por las consecuencias del consumo y muchas veces olvidadas en los procesos terapéuticos. "La familia necesita ser acogida y también necesita acompañamiento", recalca.
Una Iglesia que acompaña "cuerpo a cuerpo"
A pesar de las diferencias entre países y metodologías, las experiencias latinoamericanas convergen en una misma convicción: detrás del consumo existe siempre una historia personal que necesita ser escuchada y acompañada.
El padre Ossandón encuentra esta intuición sintetizada en uno de los principios centrales del nuevo manual continental: "recibir la vida como viene y acompañarla cuerpo a cuerpo". La expresión resume quizás la aportación más específica de la pastoral de las adicciones en América Latina: una Iglesia que no reduce a las personas a un diagnóstico o a una conducta, sino que las reconoce en toda su complejidad, en sus heridas y en su dignidad.
Nadie sobra y nadie está definitivamente perdido
Una Iglesia que busca caminar junto a ellas y a sus familias, reconstruir vínculos y abrir horizontes de esperanza. Porque, como repiten muchos agentes pastorales del continente, nadie sobra y nadie está definitivamente perdido.
