León XIV: fidelidad creativa y desafíos del presente

• "El Papa no es anti-derecha ni anti-izquierda pero no es ningún secreto que quienes están sumergidos en alguna ideología se sienten incómodos con él."

• "Tan lamentable es el reduccionismo y la violencia de los antiguos grupos guerrilleros como el reduccionismo y la violencia del tecno-autoritarismo de extrema derecha que moviliza a la guerra y a la xenofobia en el momento actual."

• "Robert Prevost ha estudiado a san Agustín y a Karl Rahner, ha profundizado en la interpretación que realizó Benedicto XVI de la "Ciudad de Dios" y ha apreciado a Gustavo Gutiérrez: fidelidad creativa, con gran amor a la Iglesia, y abierto a las mociones del Espíritu, siempre." 

Rodrigo Guerra
Rodrigo Guerra

A un año de la elección del Papa León XIV el mundo aparece más tenso y necesitado del Evangelio. La propia Iglesia vive estremecida por diversos neoconservadurismos rampantes. Conversamos con Rodrigo Guerra, secretario de la Pontificia Comisión para América Latina, colaborador cercano del Cardenal Robert Prevost, durante el tiempo que fue Prefecto del Dicasterio para los obispos.

¿Cómo celebrar el primer aniversario de la elección del Papa León XIV en medio de un mundo herido por diversas guerras y en una Iglesia que no deja de ofrecer resistencias a los necesarios procesos de reforma sinodal?

Siempre que vivimos la experiencia de un don, de una irrupción inmerecida de algo bueno en nuestra historia, aunque el resto de las cosas sea difícil u oscuro, los latinoamericanos nos sentimos llamados a celebrar. "Celebrar" significa reunirnos y proclamar en voz alta que algo bueno ha pasado y merece ser festejado y agradecido. Y eso fue lo que sucedió. Hace un año, todos miramos con asombro algo "imprevisto". Algunos lo describen como la llegada de un "Papa norteamericano", tratando de subrayar que era impensable que un estadounidense pudiese ser elegido Sucesor de Pedro. A mí me gusta pensar que más bien tenemos al "segundo Papa latinoamericano" de la Historia. En efecto, Robert Prevost, nacido en Chicago, eligió vivir y pensaba morir en el corazón de América Latina. Tengo la impresión de que esta peculiar circunstancia, y las muchas otras que integran tanto su vida personal como su proceso electivo, muestran no solamente que algo bueno sucedió el 8 de mayo de 2025, sino que algo que nos rebasa continúa aconteciendo en medio de nosotros.

¿El Papa León es un pontífice para nuestros tiempos?

Puede sonar a lugar común afirmar que Dios regala un Papa para cada época. Sin embargo, estudiar, con paciencia, la historia de los Papas, al menos de León XIII a nuestros días, nos ayuda a apreciar que no es a pesar del perfil particular de cada pontífice sino a través de él, como Dios manifiesta en parte la misericordia que tiene para el mundo y para la Iglesia. Además, mirando el escenario social y eclesial mundial, se me refuerza la convicción de que León XIV es efectivamente un regalo singular de la Providencia.

El escenario mundial ha estado marcado, entre otras cosas, por el avance de las "nuevas derechas" en diversas partes del mundo. ¿Es el Papa León XIV un antídoto al extremismo de derechas?

El Papa no es anti-derecha ni anti-izquierda pero no es ningún secreto que quienes están sumergidos en alguna ideología se sienten incómodos con él. León XIV anuncia de la manera más desarmada y desarmante la belleza del evangelio. Sin recurrir a la lógica propia de los juegos de poder, el Papa anuncia sin más a Jesucristo resucitado, Persona viva, especialmente presente en las heridas y en los dolores de los hombres y las mujeres marginados y excluidos. Tomando la certeza de la fe como criterio hermenéutico, el Papa mira e interpreta los escenarios, emite algunos importantes juicios, y eventualmente propone acciones siempre encaminadas a reconciliar a los hermanos enemistados. Evidentemente esto incomoda a quienes detentan poder. La "incomodidad", pues, no proviene de atrincherarse en un rincón ideológico opuesto sino de un parámetro superior. Y tal vez esto es en lo que nos debemos de concentrar: ¡existe un referente meta-ideológico que ofrece mayor hondura al momento de comprender los desafíos del presente! ¡no es meramente una metáfora afirmar que la fe ensancha a la razón al momento de explorar la verdad de nuestro mundo herido! ¡Tenemos que reaprender a mirar la entraña de la realidad con los ojos renovados que brotan de la conversión, del seguimiento a una Persona, y desde los lugares donde esta Persona sale a nuestro encuentro!

Usted ha publicado algunos estudios especialmente críticos de las "nuevas derechas" y "derechas extremas" ¿Cuáles son los errores más importantes que usted detecta en estas ideologías?

Creo que existen numerosos problemas en la galaxia ideológico-política de las "nuevas derechas": teorías de la conspiración, sobre-simplificaciones odiosas, errores antropológicos, interpretaciones deficientes sobre la crisis de la modernidad, y otros más. Sin embargo, en mi opinión, en el fondo de varias de las modalidades de "nueva derecha" gravitan dos problemas más profundos e inquietantes: la utilización acrítica de mediaciones socioanalíticas y filosóficas incompatibles con el evangelio, y la temporalización del Reino. Si nos fijamos, estos dos problemas son bastante análogos a los que se denunciaban en las modalidades más radicalizadas de teología de la liberación en la Instrucción Libertatis nuntius. En mi opinión el problema más grave de personajes como Hugo Assmann, como Giulio Girardi, como algunas obras de Porfirio Miranda y los militantes cristianos de M-19, fue acoger con enorme candor un cierto marxismo. Aunado a ello, no deja de sorprenderme la dócil sumisión a una modalidad de teología política que tiende a inmanentizar la persona de Jesucristo y que termina traicionando al pueblo al introducirlo en la dinámica de la violencia revolucionaria. Estas cuestiones, que hoy forman parte de una historia de hace cincuenta años, se reconfiguran bajo nuevos lenguajes por vías neoconservadoras, causando un grave daño pastoral y social. Tan lamentable es el reduccionismo y la violencia de los antiguos grupos guerrilleros como el reduccionismo y la violencia del tecno-autoritarismo de extrema derecha que moviliza a la guerra y a la xenofobia en el momento actual.

Algunas autoridades políticas de los Estados Unidos, incluso católicas, han acusado al Papa León XIV de hacer afirmaciones teológicas con demasiada ligereza, como si desconociese el pensamiento de san Agustín, los principios teológico-morales de la guerra justa, la legítima defensa y similares. En España también ha sido recurrente que algún partido advierta que el Papa será cuestionado si continúa enseñando la doctrina de la Iglesia sobre la dignidad de los migrantes durante su próxima visita al país ibérico. Diversos "influencers" católico-conservadores en América Latina hacen juicios aún más ácidos. ¿Qué sucede en este tipo de segmentos católicos que desafían al Papa cuando no coincide con ellos?

El complejo anti-romano aparece en todo aquel que acoge alguna modalidad gnóstica de ser-cristiano. La fe cristiana es fe en un Dios encarnado, en un Dios que se hace pueblo, y en un Pueblo de Dios presidido por un frágil pescador de Galilea llamado "Pedro". Para algunos, que Dios se inmiscuya a tan alto grado con la carne, con la contingencia, con el límite y con el dolor, es escándalo y locura. A todos los puritanismos, a todos los movimientos "cátaros" les repugna reconocer que Dios habita en lo más frágil. Si algo debemos agradecer a las teologías de la liberación que se mantuvieron dentro de la comunión eclesial es que nos recordaron la enseñanza de Jesús, de la Iglesia primitiva y de los Padres, con especial vivacidad. Lo digo con las palabras de Bartolomé de las Casas, que Gustavo Gutiérrez solía recordar con frecuencia: "porque del más chiquito y del más olvidado tiene Dios la memoria reciente y muy viva". En mi opinión, el complejo anti-romano encubre siempre un cierto docetismo, una cristología que volatiliza la Encarnación.

¿Cómo fue que algunos teólogos de la liberación se mantuvieron en comunión con la Iglesia?

Seguramente cada uno tendrá que contar su historia. Sin embargo, mirando y escuchando a Gustavo Gutiérrez, me parece advertir que su contacto y amistad cercana con los más pobres, fue lo que colocó su corazón en apertura real, no metafórica, al Misterio de la Iglesia. El método era su espiritualidad. Y el método, tomado en serio, lo hizo amar más a la Iglesia. Es verdad lo que decía san Agustín: los más pobres son presencia sacramental del Señor.

¿Esto quiere decir que los pobres nos corrigen?

Los pobres y marginados, de manera muy real, nos evangelizan. Todo misionero, todo agente de pastoral que haya vivido en inserción real, lo sabe. Robert Prevost en su homilía del 16 de marzo de 2012 meditaba esta pregunta: "¿Estamos dispuestos a dejarnos renovar por los pobres?" No lo hacía de manera especulativa sino de esa otra manera que brota de la vida real. En mi opinión, de quien hay que desconfiar es del cristianismo aristocrático, burgués y mezquino, de quienes por la izquierda o por la derecha miran a su prójimo con "superioridad moral", de quienes no gustan dejarse educar por la fe fiel del santo Pueblo de Dios. El burgués desprecia "la fe del carbonero", no participa con inmersión real en la religiosidad popular, ni en las formas humildes de vivir en comunión con los Pastores. Algunos teólogos ultraconservadores y algunos teólogos supuestamente "de avanzadas" coinciden en despreciar la forma en que los más pobres se acercan a los sacramentos, a las oraciones sencillas, a la devoción a la Virgen María, al amor al Papa, etcétera. Estoy convencido de que el Papa Francisco y León XIV han aprendido en territorio, en la cotidianidad del trabajo pastoral, que la conversión a Jesús pasa por este singular momento de gracia, que es el construir amistad verdadera y dejarse educar por la voz de Dios en los últimos de la historia. Ahí está la Exhortación "Dilexi te", como testimonio explícito y elocuente de esta experiencia.

León XIV estudió en el "Angelicum" y decidió vivir como misionero en Perú. ¿Cómo se concilia una formación tradicional y un compromiso misionero que aprecia la opción por los pobres?

Tal vez, Elise Ann Allen, biógrafa del Papa León XIV, pueda responder mejor a esta pregunta que yo. De inmediato se me viene a la mente una conversación que tuve con Carlos Galli hace muchos años en la que él me decía algo así: "para hacer teología pertinente en el presente es preciso amar y conocer a fondo el pensamiento del pasado". Creo que ahí está la cuestión. Robert Prevost, el 26 de junio de 2007, les envió una carta a los agustinos de América Latina en la que les explica que no están para inventar su identidad sino para actualizarla en la historia por obra del Espíritu Santo. A esto le llama "fidelidad creativa". En efecto, pura creatividad sin referencia a la sabiduría e identidad que nos ha precedido, se convierte en superficialidad e improvisación. Pura repetición mecánica de personajes del pasado, es inmovilismo. Robert Prevost ha estudiado a san Agustín y a Karl Rahner, ha profundizado en la interpretación que realizó Benedicto XVI de la "Ciudad de Dios" y ha apreciado a Gustavo Gutiérrez: fidelidad creativa, con gran amor a la Iglesia, y abierto a las mociones del Espíritu, siempre.

El Papa León XIV habla a tiempo y a destiempo sobre la paz "desarmada y desarmante". ¿Es esta una línea programática de su pontificado?

Tengo la impresión de que la línea programática más esencial del Pontificado de León XIV es la proclamación de Jesucristo vivo, y a partir de él, de que la paz que hay que buscar no es un mero equilibrio cosmético, una estabilización temporal, una reparación momentánea de canales diplomáticos. Desde su primer saludo, en el balcón de la Basílica de san Pedro, todos lo oímos anunciar, antes que nada: "¡La paz esté con todos ustedes!" (…) "Este es el primer saludo de Cristo Resucitado" (…) "una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante. Proviene de Dios, Dios que nos ama a todos incondicionalmente." Si nos fijamos atentamente en estas breves palabras, en ellas habita todo un camino para nuestra propia conversión y para la paz del mundo.

Finalmente, usted ha tenido como jefe al cardenal Prevost durante dos años en la Pontificia Comisión para América Latina: ¿el actual Papa continuará el camino de reforma eclesial que Francisco ha emprendido a través de la sinodalidad?

El Papa León XIV ha vivido con agradecimiento la paternidad de cada pontífice de nuestro tiempo, y en especial, del Papa Francisco. Este último nos enseñó a todos que "el tiempo es superior al espacio", es decir, que hay que privilegiar los procesos de largo aliento por encima de los puestos o de los logros momentáneos de corto plazo. Este es el caso con la sinodalidad. León XIV entiende a profundidad la importancia de la reforma sinodal. Sin embargo, esta reforma implica paciencia, largo plazo, conversión. La sinodalidad es la dimensión dinámica de la comunión eclesial. No es parlamentarismo. No es democratización. Y mucho menos es una moda pasajera o una ocurrencia vaticana. Es vivir a fondo la eclesiología del Concilio Vaticano II. Le comparto algo: hace unos días, recibimos en la Pontificia Comisión para América Latina, a la presidencia de la CLAR (Confederación Latinoamericana de Religiosos). Me dio mucho gusto constatar que de inmediato vincularon la palabra sinodalidad a la conversión. Estoy convencido de que sin conversión personal-sinodal la sinodalidad se vuelve ininteligible o se vuelve populismo eclesiástico. Así mismo, el concepto de "sinodalidad" lo interpretó la CLAR principalmente como "sinodalización", es decir, como un verbo que tenemos que aprender a conjugar en todo espacio y estructura eclesial. Me parece que este es el camino por el que todos tenemos que transitar en el futuro. Un camino en el que tendremos que dejar de lado muchos apegos y seguridades. Un camino que nos dará más libertad y simultáneamente una renovada comunión.

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