Parolin, a los pies de Nuestra Señora de Guadalupe, en México: "Hoy toda la sociedad necesita el mensaje del Evangelio"
Este 5 de agosto, el secretario de Estado Vaticano presidió la Santa Misa en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, en México. En su homilía, dijo que, "desde el Tepeyac, María de Guadalupe nos invita a la reconciliación entre los hermanos y hermanas”.
(Renato Martinez/Vatican News).- “Toda la sociedad necesita el mensaje del Evangelio y todos nosotros somos, como san Juan Diego, portadores de un mensaje que estamos llamados a compartir”, lo dijo el cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado Vaticano en su homilia en la Santa Misa que presidió este 5 de agosto, en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, en México, en el marco de su visita a este país.
El corazón espiritual del Continente Americano
Tras haberse reunido con algunas autoridades civiles y religiosas mexicanas – en su visita que inició este martes y concluirá el jueves 6 de agosto – el cardenal Parolin presidió la Eucaristía en “el corazón espiritual del Continente Americano”,a los pies de Nuestra Señora de Guadalupe. Al iniciar su homilía, el Secretario de Estado transmitió “la bendición especial del Santo Padre, el Papa León XIV” y les expresó la cercanía del Pontífice a todos los mexicanos, “a todo el pueblo de esta gran tierra”.
La presencia constante de la Virgen María
Luego, recordando que hoy la Iglesia celebra la memoria litúrgica de la dedicación de otro gran templo mariano, la Basílica de Santa María la Mayor en Roma, el cardenal Parolin dijo que, “durante la liturgia una lluvia de pétalos de rosas blancas cae del techo, evocando el milagro y recordando a todos los presentes la cercanía de la Madre de Dios”. Esta recreación, precisó el Purpurado, nos remite con naturalidad al milagro de Guadalupe, en el que cayeron rosas de la tilma de Juan Diego, revelando la insigne imagen de la Virgen.
Por supuesto, la verdadera unidad entre ambas historias no reside en las flores, sino en la presencia de la Virgen, quien nunca deja de mostrar su cercanía y preocupación por sus hijos, ayudándoles siempre a acercase cada vez más a su Divino Hijo
Madres que siguen buscando a sus hijos desaparecidos
Y este claro ejemplo del amor de madre lo vemos en el Evangelio de hoy, indicó el cardenal Parolin, de esa madre que insiste ante el Señor, no por sí misma, sino por su hija. Y que no descansará hasta haber hecho todo lo posible por ella, agregó el Purpurado, y su fe le dice que sólo Jesucristo puede concederle lo que necesita. “El Señor recompensa la absoluta confianza que ella deposita en Él, así como su determinación”.
Su ejemplo resuena con especial fuerza aquí en México, donde tantas madres siguen buscando, con firmeza y fe, a sus hijos desaparecidos. Nada puede impedirles hacer todo lo posible por ayudar a sus hijos, y todos podemos ayudarlas con nuestra oración, para que, al igual que aquella mujer del Evangelio de hoy, su perseverancia y fe sean recompensadas
"¿No estoy yo aquí, que soy tu madre?"
Y dirigiendo su mirada a nuestra realidad, el Secretario de Estado dijo que, nuestros tiempos están marcados el flagelo de la guerra, el horror del hambre y la devastación de la violencia que son demasiado frecuentes en un mundo que ha conocido dos milenios de la predicación de la buena noticia de Jesucristo. Y este Santuario, para afrontar estos desafíos, dijo el Purpurado, nos enseña la presencia, la presencia de Nuestra Madre que nos sigue diciendo a lo largo de los siglos: «¿No estoy yo aquí, que soy tu madre?».
“Su presencia trajo consuelo y seguridad a una sociedad que había experimentado cambios rápidos e inesperados. Su aparición mostró una manera de reconciliar culturas y pueblos en una fe verdaderamente universal, donde no hay ni judío ni griego, ni esclavo ni libre, sino que todos están unidos, son uno solo. Su ejemplo nos desafía a estar presentes también para los necesitados, los marginados, los migrantes y los extranjeros”.
Toda la sociedad necesita el mensaje del Evangelio
La segunda lección que podemos aprender aquí, indicó el cardenal Parolin, es que la Virgen “no se apareció a los poderosos ni a los influyentes, sino a un hombre sencillo, y, sin embargo, su mensaje, a través de él, ha llegado a los rincones más remotos del mundo”.
“Un testimonio fiel de la verdad del Evangelio puede transformar corazones y, por lo tanto, transformar el mundo. A pesar de las muchas situaciones terribles que persisten en nuestro tiempo, me impresiona constantemente, y de hecho me conmueve, el testimonio fiel de los creyentes que siguen a Cristo en medio de las dificultades y el sufrimiento, ya sea en campos de refugiados, hospitales de campaña, ministrando en zonas de guerra o en áreas asoladas por enfermedades. Cada uno de nosotros está llamado a dar ese testimonio, en nuestros hogares, nuestras familias, nuestros lugares de trabajo y, por supuesto, en la esfera pública y cívica”.
Este es un lugar donde podemos orar por la paz
El último aspecto del significado de este santuario que destacó el Purpurado fue el de la oración. Venimos aquí para contemplar a la Virgen Madre de Dios y meditar sobre todo lo que su presencia representa. Por ello, dedicar tiempo a la meditación de la Palabra, a la adoración y esforzarnos por profundizar nuestra vida interior de comunión con Dios, no son opciones adicionales para los cristianos, sino la esencia de nuestra relación con Dios.
“Cada uno de nosotros somos invitados a dedicar tiempo para abrirnos al Señor y escuchar verdaderamente sus impulsos en el corazón. Cuando el Señor habla de darnos su paz, una paz que el mundo no puede dar, habla de algo que solo se encuentra en la oración. Un verdadero fruto de la oración es esa paz interior que viene de lo alto, que es don de Dios, fruto de la presencia del Espíritu Santo que habita el corazón humano. Este es un lugar donde podemos orar por la paz, primero en nuestros propios corazones y luego en nuestra sociedad. Demasiadas comunidades están marcadas por la violencia y la agresión, y demasiadas familias han conocido el dolor de la pérdida a causa de ello”.