"Nada es más urgente que abrir las puertas de la esperanza a Cuba": los obispos del país, ante la situación límite de la isla
El deterioro de las condiciones sociales y económicas en Cuba continúa acentuándose, advirtió el padre Ariel Suárez Jáuregui, secretario adjunto de la Conferencia Episcopal de Cuba, durante una entrevista con el portal italiano Tra Cielo e Terra, dedicado a la información religiosa. El sacerdote describió una realidad marcada por la falta de alimentos, medicamentos y servicios esenciales, así como por un creciente clima de desesperanza entre la población.
“Este es el momento más difícil y triste de la historia de mi país que recuerdo”, afirmó el sacerdote, al describir la compleja realidad que viven miles de cubanos. Según comentó, en las parroquias escuchan con frecuencia historias de familias que no tienen qué comer y pacientes que no consiguen tratamientos médicos básicos.
Según explicó el directivo del episcopado, los sectores más afectados por la situación son los ancianos, los jubilados y quienes viven en condiciones de mayor fragilidad. Además, alertó que algunos centros hospitalarios han debido paralizar operaciones quirúrgicas debido a la falta de agua y materiales básicos, mientras familias enteras recurren a familiares y amigos en el exterior para obtener recursos médicos necesarios.
Crecen la migración y el desgaste social
El sacerdote afirmó que es muy difícil predecir el futuro de Cuba pues atraviesa un profundo desgaste social y económico. Apuntó que un número considerable de la población han perdido sus fuentes de ingreso y la emigración continúa aumentando, especialmente entre los jóvenes que deciden buscar mejores oportunidades, dejando a Cuba con una población cada vez más envejecida.
El padre Suárez Jáuregui mencionó que fluye la angustia y el desconcierto de la población cubana por el aumento de la depresión y las adicciones. “En las conversaciones con la mayoría de la gente, afloran la tristeza, la desesperación y la incertidumbre”, sostuvo. Pese a ello, valoró la solidaridad existente entre los ciudadanos y el compromiso humanitario de la Iglesia Católica y otras comunidades cristianas.
“El pueblo cubano posee una gran resiliencia, creatividad y amor”, afirmó el directivo al destacar la capacidad de la población para sobrellevar la crisis. Señaló además que numerosas acciones de ayuda humanitaria han surgido para asistir a quienes más sufren, muchas veces gracias a la colaboración de personas que comparten “desde la pobreza y no desde la abundancia”.
Temor ante tensiones internacionales
Al ser consultado sobre los movimientos militares de Estados Unidos cerca de la isla y las declaraciones de Donald Trump, el presbítero señaló que persiste un clima de inquietud ante un eventual aumento del conflicto. No obstante, enfatizó que la población cubana no desea una confrontación armada. “La mayoría del pueblo cubano no quiere ni la muerte ni la guerra”, afirmó.
El sacerdote sostuvo que el peso de la crisis diaria ha provocado un profundo cansancio social en la población cubana. “La gente en las calles dice: ‘No podemos vivir así. No podemos soportar más este dolor’”, relató al medio italiano. Además, manifestó inquietud por el aumento de las restricciones económicas y las dificultades para canalizar transferencias internacionales hacia la isla. Asimismo, advirtió sobre el impacto del endurecimiento de las sanciones y las crecientes dificultades financieras que afectan las transferencias internacionales hacia la isla.
En medio de este sombrío escenario, el secretario adjunto manifestó su confianza en que el mensaje de paz promovido por León XIV pueda imponerse frente a cualquier escalada de confrontación. “Espero que la voz de paz, diálogo y negociación del Papa León XIV prevalezca sobre cualquier elemento de conflicto”, sostuvo.
La esperanza como desafío nacional
El presbítero sostuvo que los desafíos de Cuba van más allá de la crisis económica inmediata. Indicó que el país requiere reconstruir buena parte de su infraestructura, desde carreteras y viviendas hasta sistemas eléctricos y redes de agua potable. A ello añadió la importancia sanar heridas relacionadas con la convivencia ciudadana y la aceptación de la diversidad de pensamiento.
El sacerdote concluyó destacando que Cuba necesita reconstruir la esperanza social en medio de la crisis. “Nada es más urgente que abrir la puerta de la esperanza para Cuba”, aseveró, reiterando el compromiso de la Iglesia con el acompañamiento espiritual y la búsqueda de caminos pacíficos.
