Jornada de la Vida Consagrada
2 de febrero: Presentación del Niño Jesús en el templo
Virgen de la Esperanza
“Mirad que llegan días -oráculo del Señor- en que daré a David un vástago legítimo: reinará como monarca prudente, con justicia y derecho en la tierra. En sus días se salvará Judá, Israel habitará seguro. Y le pondrán este nombre: «El-Señor-nuestra-justicia».” (Jer 23, 5-6)
“La generación de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo” (Mt 1, 18-20).
San Mateo presenta las generaciones desde el tronco de Abraham, de quien desciende David, porque desea convencer a los judíos de que Jesús es el Mesías, el Hijo de David, según lo habían anunciado los profetas: “Mirad que llegan días -oráculo del Señor- en que daré a David un vástago legítimo”.
Desde el comienzo de la liturgia hispana, este día se celebra fiesta en honor de la Virgen, de manera especial se honra con el título de la Esperanza, ante la próxima celebración de la Navidad. La liturgia de la Palabra recuerda la profecía: «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Enmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”».
Al contemplar la actitud de san José, hombre justo, que por no denunciar a María, decide repudiarla en privado, descubrimos el valor del silencio, del respeto, de no emitir juicio. He llegado a afirmar que gracias al silencio de María y de José nació la Palabra.
San José es maestro del silencio.
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