El desafío de la Ejecutiva de la CEE: ¿un viaje del Papa a España, o a Madrid, Barcelona y Canarias?

Los obispos harían bien en consensuar una postura común, que ofrezca a Roma una imagen de unidad, respete las legítimas especificidades de la visita papal a las diócesis de Madrid, Barcelona y Canarias, y en la que la CEE sea elemento facilitador, en lo organizativo (y lo económico) y no factor de disenso. La reunión de este miércoles, clave

León XIV, con la Comisión Ejecutiva de la CEE
León XIV, con la Comisión Ejecutiva de la CEE

"Iré cuando haya paz (...). Primero pónganse de acuerdo ustedes". Con su añorada ironía, el Papa Francisco justificaba no haber visita España, pese a las múltiples invitaciones recibidas, en la sempiterna lucha a garrotazos entre las dos Españas. Políticas, pero fundamentalmente eclesiásticas. Porque Bergoglio no pisó suelo patrio (Canarias fue un último deseo que no pudo llevarse a cabo) porque sabía que no todos le querían bien. Y, sobre todo, porque sabía que no todos 'se' querían bien. Una realidad, que visto lo visto, continúa vigente en el episcopado actual. Aunque el sucesor de Francisco sí que vaya a venir a España. O a Madrid, Barcelona y Canarias.

Este miércoles, la sede de la Conferencia Episcopal en la calle Añastro acogerá una reunión mensual de la Comisión Ejecutiva del Episcopado que, entre otros muchos asuntos (las diatribas de Sanz rompiendo el consenso episcopal en torno a la regularización de migrantes, y algún que otro problema interno -sin solucionar desde hace años- aparte), abordará una decisión clave para la cita de junio (no de octubre) con Prevost. ¿Vendrá el Papa a España, o lo hará a las diócesis de Madrid, Barcelona y Canarias?

La pregunta parece absurda (el Papa viene a España), pero no lo es. Porque, en puridad, y así lo ha hecho saber la Santa Sede, el viaje de Prevost se produce a estas tres sedes, y no a otras, por varias poderosas razones, que no siempre el conjunto del episcopado (y sus colaboradores), y la propia Nunciatura, han sabido valorar en su integridad. León XIV ha decidido visitar Barcelona por el Año Gaudí, y la fecha parece lo único inamovible (por más que los de siempre quieran dar por hecho un retraso a octubre que solo está en los deseos de algunos), el 10 de junio, coincidiendo con el centenario de la muerte del arquitecto de Dios.

Sagrada Familia de Barcelona
Sagrada Familia de Barcelona

Prevost va a Canarias cumpliendo el deseo del Papa Francisco, en un viaje que ya estaba pactado antes de la muerte de Bergoglio y que, además, pondrá un brillante colofón a la denuncia de la situación de los migrantes (algo, mal que le pese a la ultraderecha patria, en lo que casi toda la Iglesia coincide). Y, finalmente, el Papa va a Madrid porque en junio José Cobo será el único cardenal español elector con mando en plaza (diócesis) de nuestro país. Y si algo sabe Prevost es de gestos.

No es lo mismo que León XIV viaje a España que haga un viaje a España visitando las diócesis de Madrid, Barcelona y Canarias. No es lo mismo, mal que les pese a aquellos que quieren conseguir un protagonismo que no le corresponde, y para el que ya han empezado a medrar, colocando nombres en puestos clave, adelantando negociaciones y avanzando (más bien filtrando, una práctica demasiado común últimamente entre curiales españoles y 'periodistas' afines) supuestos programas que lo que buscan es minar la confianza de los auténticos organizadores y, de paso, poner nerviosa a Secretaría de Estado

Por eso, no es lo mismo que León XIV viaje a España que haga un viaje a España visitando las diócesis de Madrid, Barcelona y Canarias. No es lo mismo, mal que les pese a aquellos que quieren conseguir un protagonismo que no le corresponde, y para el que ya han empezado a medrar, colocando nombres en puestos clave, adelantando negociaciones y avanzando (más bien filtrando, una práctica demasiado común últimamente entre curiales españoles y 'periodistas' afines) supuestos programas que lo que buscan es minar la confianza de los auténticos organizadores y, de paso, poner nerviosa a Secretaría de Estado, hasta el punto de que algunos duden de si finalmente el viaje se producirá. No tengan dudas: en junio, el Papa estará en Madrid y Barcelona (ojalá también en Canarias).

Cobo, con el Papa
Cobo, con el Papa | Vatican Media

En esta tesitura, la reunión de la Ejecutiva de este miércoles debería servir para que la Conferencia Episcopal en su conjunto se pusiera a disposición de las diócesis que acogerán al Papa, y se trabajara en un camino común en la preparación. Sin trampas ni cartones, sin personajes acostumbrados a nadar entre dos aguas para pescar en su particular coto, hacerse imprescindibles y atesorar más favores a devolver cuando toque (la mirada está puesta a medio plazo, a dos años vista).

Una reunión en la que el presidente de la CEE, Luis Argüello, y la institución a la que representa, habría de hacer de tripas corazón y ponerse al 'servicio' del cardenal de Madrid para que el ansiado viaje de Prevost fuera un éxito, como desean la inmensa mayoría de los católicos de este país (no así algunos de sus obispos, y mucho menos algunos de los que se autoproclaman defensores de la verdadera fe). No nos cabe duda de que así será.

Porque la visita de Prevost es una ocasión única para 'reconciliar' las dos almas del episcopado de nuestro país en torno a Pedro, algo que -mal que les pese a los obispos- no se logró a lo largo del pontificado de Francisco, en el que la Conferencia Episcopal española fue una de las más refractarias a los cambios propuestos por Bergoglio. Todavía hoy sucede (la cuestión de los abusos, o la reforma de los seminarios, o la ausencia de control ante algunas realidades supuestamente exitosas y de 'impacto'), y ya es tiempo de cambiar.

Prevost, como antes hiciera Francisco, ya ha señalado el camino, y ni falsas acusaciones, ni grabaciones robadas y manipuladas, ni documentos antiguos y convenientemente 'elegidos' para demostrar premisas falsas (léase la pantomima sobre Cuelgamuros), harán cambiar el rumbo

Es tiempo de que los que, durante años, 'reinaron' acostumbrados a trabajar desde la sombra, mintiendo, filtrando, acaparando poder, dejen paso a un nuevo tiempo. Prevost, como antes hiciera Francisco, ya ha señalado el camino, y ni falsas acusaciones, ni grabaciones robadas y manipuladas, ni documentos antiguos y convenientemente 'elegidos' para demostrar premisas falsas (léase la pantomima sobre Cuelgamuros), harán cambiar el rumbo. Algo que Roma ya ha hecho saber, que en el palacio de la Avenida de Pío XII 46 conocen, y que, por desgracia, algunos en Añastro (y en ficticios centros de poder) no terminan de aceptar.

Es tiempo de ir todos a una. Y de que se sepa. ¿O hay que esperar que Roma tenga que hacerlo explícito?

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