2 de Mayo: IV Sábado de Pascua
Mes de las flores dedicado a la Virgen María
2 de mayo: IV Sábado de Pascua
San Atanasio
Texto evangélico
“En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores, porque yo me voy al Padre. Y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré” (Jn 14, 12-14).
Comentario
La Iglesia ha seguido fielmente la recomendación de Jesús de orar en su nombre; por ello, la gran mayoría de las oraciones litúrgicas concluyen con la fórmula: «Por Jesucristo, nuestro Señor». Él es el Mediador de todas las gracias, y quienes confían en Él son testigos de los frutos que se obtienen al invocar su santo nombre.
En la vida de oración existe la denominada práctica hesicasta, que consiste en la repetición constante del nombre de Jesús. Esta tradición se inspira en figuras evangélicas como el ciego de Jericó, quien exclamaba: «¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!». Aunque los que iban delante lo regañaban para que se callara, él gritaba con más fuerza: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!» (Lc 18, 38-39). Del mismo modo, el publicano de la parábola imploraba: «¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador» (Lc 18, 13).
Asimismo, en momentos de extrema angustia, Jesús exhortó a sus discípulos a la vigilancia: «Velad y orad para no caer en la tentación, pues el espíritu está pronto, pero la carne es débil» (Mt 26, 41). En definitiva, la vida interior se nutre y se sostiene a través de la oración.
Propuesta
Siempre cabe orar de forma litánica.