Camino de la Cruz
20 de febrero: Viernes de Ceniza
Octava de Navidad
“Os escribo, hijos, porque se os han perdonado vuestros pecados por su nombre. Os escribo, padres, porque conocéis al que es desde el principio. Os escribo, jóvenes, porque habéis vencido al Maligno. Os he escrito, hijos, porque conocéis al Padre. Os he escrito, padres, porque ya conocéis al que existía desde el principio” (1Jn 2, 12-14).
“Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, ya muy avanzada en años. De joven había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día. Presentándose en aquel momento, alababa también a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén. (Lc 2, 36-38)
Si observamos, los textos bíblicos de la Liturgia de la Palabra, que se proclama en todas las iglesias, aluden a todas las generaciones, a los hijos, a los padres y a los ancianos. La Navidad es para todos.
En las narraciones navideñas, los protagonistas son los pequeños, los pobres, los forasteros, los marginados, los ancianos, y todos los que abren su corazón a la mejor noticia: Nos ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor”.
Dicen que la juventud busca trascendencia, espiritualidad, encuentro amigo, la Navidad es tiempo propicio para todos los que ama el Señor y sobre todo para quienes se sienten más solos. Los más ancianos sufren la soledad no deseada, pero ellos son protagonistas en la presentación del Niño Jesús en el templo.
Visita a quien está más solo.
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