El Cordero de Dios
18 de enero, II Domingo del Tiempo Ordinario
Reza por quienes sufren alguna dificultad.
Padre, te ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por estos que tú me diste, porque son tuyos. Y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y en ellos he sido glorificado. No solo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos” (Jn 17, 9-10.20).
Jesús, próximo a su Pasión, se dirige a su Padre para pedir por sus discípulos y por quienes crean en Él por la enseñanza y testimonio de ellos. Conforta saber que estamos en la oración del Señor, pues si hemos llegado a la fe, ha sido por la transmisión de la Palabra de Dios de generación en generación.
Cada vez más se reciben en los monasterios peticiones de orar por necesidades concretas de quienes sufren por causa de enfermedad, falta de trabajo, crisis familiar, etc. El salmista expresa en muchas ocasiones esta dimensión de la oración: “Levanto mis ojos a los montes: ¿de dónde me vendrá el auxilio? El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra. No permitirá que resbale tu pie; tu guardián no duerme; no duerme ni reposa el guardián de Israel” (Sal 120, 1-4).
El orante cree en la oración de intercesión, y los necesitados confían en quienes se dedican de por vida a orar por los demás. Santa Teresa del Niño Jesús describe en Historia de un alma: “Oí hablar de un gran criminal que acababa de ser condenado a muerte por unos crímenes horribles. Sabiendo que por mí misma no podía nada, ofrecí a Dios todos los méritos infinitos de Nuestro Señor y los tesoros de la santa Iglesia. Pero para animarme a seguir rezando por los pecadores, le dije a Dios que estaba completamente segura de que perdonaría al pobre infeliz de Pranzini. Mi oración fue escuchada al pie de la letra”.
60 Año de preparación para el jubileo 2025
Año de oración
Texto bíblico
Padre, te ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por estos que tú me diste, porque son tuyos. Y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y en ellos he sido glorificado. No solo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos” (Jn 17, 9-10.20).
Jesús, próximo a su Pasión, se dirige a su Padre para pedir por sus discípulos y por quienes crean en Él por la enseñanza y testimonio de ellos. Conforta saber que estamos en la oración del Señor, pues si hemos llegado a la fe, ha sido por la transmisión de la Palabra de Dios de generación en generación.
Cada vez más se reciben en los monasterios peticiones de orar por necesidades concretas de quienes sufren por causa de enfermedad, falta de trabajo, crisis familiar, etc. El salmista expresa en muchas ocasiones esta dimensión de la oración: “Levanto mis ojos a los montes: ¿de dónde me vendrá el auxilio? El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra. No permitirá que resbale tu pie; tu guardián no duerme; no duerme ni reposa el guardián de Israel” (Sal 120, 1-4).
El orante cree en la oración de intercesión, y los necesitados confían en quienes se dedican de por vida a orar por los demás. Santa Teresa del Niño Jesús describe en Historia de un alma: “Oí hablar de un gran criminal que acababa de ser condenado a muerte por unos crímenes horribles. Sabiendo que por mí misma no podía nada, ofrecí a Dios todos los méritos infinitos de Nuestro Señor y los tesoros de la santa Iglesia. Pero para animarme a seguir rezando por los pecadores, le dije a Dios que estaba completamente segura de que perdonaría al pobre infeliz de Pranzini. Mi oración fue escuchada al pie de la letra”.
Reza por quienes sufren alguna dificultad.
También te puede interesar
El Cordero de Dios
18 de enero, II Domingo del Tiempo Ordinario
La jornada de Jesús
14 de enero
El pan de cada día
12 de enero. Tiempo Ordinario
¿Recuerdas el día de tu bautismo?
11 de enero: Bautismo de Jesús
Lo último
Al menos 21 muertos y 25 heridos graves
La Iglesia sigue "con profundo pesar" la tragedia tras el descarrilamiento de dos trenes en Adamuz (Córdoba)