Hazte instrumento de paz. I Domingo de Adviento
“En los días futuros estará firme el monte de la casa del Señor, en la cumbre de las montañas, más elevado que las colinas. Hacia él confluirán todas las naciones, caminarán pueblos numerosos y dirán: «Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob. Él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas; porque de Sión saldrá la ley, la palabra del Señor de Jerusalén». Juzgará entre las naciones, será árbitro de pueblos numerosos. De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra. Casa de Jacob, venid; caminemos a la luz del Señor” (Isa 2, 2-5).
Se nos propone subir al monte del Señor, lo que significa acercarnos a Dios mismo. Los montes son los lugares teológicos donde el hombre está más cerca del Señor. Resuena el Monte Sinaí, el Monte Horeb, el Monte Moriac, el Monte de las Bienaventuranzas, el Monte de la multiplicación de los panes, el Monte alto de la Transfiguración, el Monte Calvario y el Monte de los Olivos, desde donde ascendió Jesús a los cielos.
La imagen de las espadas convertidas en arados y las lanzas posaderas evocan tiempos de paz, la que pedimos para todos los pueblos que sufren el horror de la violencia interna y externa. Ojalá el Adviento se convierta en llamada a la convivencia y al respeto mutuo.
Estamos a punto de concluir el Año Santo, en el que el papa Francisco nos invitó a ser peregrinos de esperanza, hemos sido durante este tiempo peregrinos de Santiago, romeros en Roma, y palmeros en Jerusalén. ¡Ojalá se establezca definitivamente la paz a Jerusalén! Hemos cantado el salmo 121: “Desead la paz Jerusalén, vivan seguros los que te aman…”.
Hazte instrumento de paz.