Jornada de la Vida Consagrada
2 de febrero: Presentación del Niño Jesús en el templo
Conviértete al Señor
“Jesús les dijo esta parábola: «Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: “Ya ves, tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a perjudicar el terreno?”. Pero el viñador respondió: “Señor, déjala todavía este año y mientras tanto yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto en adelante. Si no, la puedes cortar”». (Lc 13, 6-9)
Hoy se proclama en todas las iglesias del mundo la secuencia del Evangelio en la que se une la llamada a la conversión con matices dramáticos -“Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera”- y la intercesión del labrador de no arrancar la higuera.
Una palabra es la clave, la conversión, que significa la opción por Jesús, por el Evangelio. Durante el Tiempo de Cuaresma, la Iglesia nos invita constantemente a optar por Jesús. Al inicio de este tiempo, al ponernos la ceniza, se nos llamaba a la conversión: “Convertíos y creed en el Evangelio” (Mc 1, 15).
San Mateo reitera la invitación: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos». (Mt 3, 2; 4, 17) San Pedro, dirigiéndose a los judíos, les predicaba: “Por tanto, arrepentíos y convertíos, para que se borren vuestros pecados; para que vengan tiempos de consuelo de parte de Dios, y envíe a Jesús, el Mesías que os estaba destinado” (Act 3, 19-20)
Conviértete al Señor
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