Jornada de la Vida Consagrada
2 de febrero: Presentación del Niño Jesús en el templo
Acepta tu situación personal, mirando a Jesús.
“El Señor reconstruye Jerusalén, reúne a los deportados de Israel; él sana los corazones destrozados, venda sus heridas” (sal 147, 2-3).
“Los soldados le llevaron dentro del palacio, es decir, al pretorio y llaman a toda la cohorte. Le visten de púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la ciñen. Cuando se hubieron burlado de él, le quitaron la púrpura, le pusieron sus ropas y le sacan fuera para crucificarle” (Mc 15, 16-20).
Jesús abraza la Cruz que le imponen, para que cada uno abrace la suya, porque es la que se adecua a la capacidad que posee. Nunca vamos a ser tentados más de lo que podemos resistir. Jesús nos invita: “Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío” (Lc 14, 27).
“Dios nuestro, que has querido que tu Hijo unigénito sufriera el tormento de la cruz para salvar al género humano, concédenos que, después de haber conocido este misterio en la tierra, podamos alcanzar en el cielo el premio de su redención” (Oración de la Exaltación de la Cruz).
Acepta tu situación personal.
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