Jornada de la Vida Consagrada
2 de febrero: Presentación del Niño Jesús en el templo
Reza alguna oración a María.
«Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablar contigo». Pero él contestó al que le avisaba: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?». Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre». (Mt 12, 47-50)
Puede parecer descortesía la respuesta de Jesús a quien le avisa que han llegado su madre y sus hermanos, cuando socializa la identidad familiar con los que escuchan y cumple su Palabra. Sin embargo, desde la respuesta de María al ángel Gabriel: “Hágase en mí según tu Palabra”, nadie como ella ha hecho carne propia el Verbo de Dios, la Palabra divina.
Jesús no desdeña a su madre, sino que la considera en razón de la fe y no solo de la biología, de tal forma que María es, si cabe hablar así, más madre de Jesús por su fe que por darlo a luz. Ella es la dio carne humana y existencia histórica al Hijo de Dios, y se convierte en madre y modelo de todos los humanos.
“Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra. Dios te salve. A Ti clamamos los desterrados hijos de Eva, a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora Abogada Nuestra, vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos, y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. Oh, clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo”.
Reza alguna oración a María.
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