Jornada de la Vida Consagrada
2 de febrero: Presentación del Niño Jesús en el templo
«El que tenga sed, que venga a mí», dice Jesús.
“El hombre me hizo volver a la entrada del templo. De debajo del umbral del templo corría agua hacia el este —el templo miraba al este—. El agua bajaba por el lado derecho del templo, al sur del altar. Me hizo salir por el pórtico septentrional y me llevó por fuera hasta el pórtico exterior que mira al este. El agua corría por el lado derecho” (Ez 47, 1-2).
Vivo en un lugar en el que mana una fuente dentro de la iglesia, y se derrama por el lado derecho hacia la plaza del pueblo, donde todos pueden acudir a por agua de manera gratuita y abundante. No se conoce otro caso en el que el templo haya sido construido sobre un manantial.
Contempla a Cristo en la cruz y fíjate en la herida de su costado: se muestra en el lado derecho de su pecho, del que brotan sangre y agua. La visión del profeta tiene su concreción en el Crucificado, y el manantial que sale del templo es precisamente el borbotón que mana del templo que es el Señor.
Jesús asume la figura del templo y personaliza la imagen del santuario, aunque las gentes entendían que hablaba del edificio material en el que daban culto los judíos desde que lo construyó Salomón y que fue restaurado después del exilio. Pero Jesús se refería proféticamente a su muerte y resurrección.
«El que tenga sed, que venga a mí», dice Jesús.
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