Jornada de la Vida Consagrada
2 de febrero: Presentación del Niño Jesús en el templo
El Señor es compasivo y bueno.
“Pueblo de Sión, que habitas en Jerusalén, no tendrás que llorar, se apiadará de ti al oír tu gemido: apenas te oiga, te responderá.” (Isa 30, 19).
Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor». (Mt 9, 36)
Si hay un tiempo en el que la liturgia nos invita a sentir la compasión de Dios, es precisamente el Adviento, pues Él, por su cuenta, nos dará el mayor gesto de compasión: el nacimiento de su Hijo en Belén.
Las lecturas de hoy avalan la actitud misericordiosa de Dios, concretada en la actitud de Jesucristo, quien se compadece de la multitud como buen pastor que cuida no solo del rebaño, sino que tiene una especial ternura por las madres y sus crías.
Siéntete compadecido, pues el Señor se apiada de toda la humanidad, haciéndose uno de nosotros en su Hijo, de tal forma que Él mismo, al asumir nuestra naturaleza humana, comparte con nosotros los sufrimientos y las esperanzas.
El Señor es compasivo y bueno.
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