Jornada de la Vida Consagrada
2 de febrero: Presentación del Niño Jesús en el templo
Tiempo nuevo, odres nuevos.
Deja que el susurro de la brisa te traiga la buena noticia del tiempo nuevo, “lo viejo ya ha pasado” (2Cor 5, 17). El creyente tiene fijos los ojos en el horizonte, sin por ello evadirse del presente comprometido (cf. Rom 8, 38).
La liturgia nos ofrece de forma escogida textos proféticos que anuncian la salvación, el amor supremo de Dios al hombre, hasta hacerse Él mismo hombre en su Hijo, nacido de mujer, razón suprema de esperanza.
Acepta, por un momento, que a los ojos de Dios no eres lo que haces, sino lo que él mismo ha hecho en ti. Y tú has sido hecho a imagen suya, a imagen de Dios nos creó, teniendo ante su mirada a su Primogénito.
Todo ser humano, desde la Encarnación, posee la identidad de poder saberse hijo de Dios, llamado a la vida, a la identidad sagrada de ser criatura y a una forma cristiana de desarrollar su capacidad.
Tiempo nuevo, odres nuevos.
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