Jornada de la Vida Consagrada
2 de febrero: Presentación del Niño Jesús en el templo
Valora tu dignidad de hijo adoptivo de Dios.
“¿No es este el que intentan matar? Pues mirad cómo habla abiertamente, y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que este es el Mesías?” (Jn 7, 25-26)
“Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, cogieron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo. Y se dijeron: «No la rasguemos, sino echémosla a suerte, a ver a quién le toca». Así se cumplió la Escritura: «Se repartieron mis ropas y echaron a suerte mi túnica». Esto hicieron los soldados” (Jn 19, 23-24).
Contemplamos el despojo de Jesús de sus vestiduras y de su túnica. Más allá del hecho histórico, en esta Estación cabe evocar la bendición que Jacob recibe de su padre Isaac, cuando el anciano patriarca lo bendice al percibir el aroma de la túnica de Esaú, el primogénito. Por el despojo del Primogénito Hijo de Dios, cada uno de nosotros heredamos la bendición divina, que nos convierte en hijos adoptivos de Dios. San Pablo dice: “Pues no habéis recibido un espíritu de esclavitud para recaer en el temor, sino que habéis recibido un Espíritu de adopción filial, en el cual clamamos: «¡Abba, Padre!»” (Rom 8, 15).
Dirige tu mirada, Señor, sobre esta familia tuya por la que nuestro Señor Jesucristo no dudó en entregarse a los verdugos y padecer el tormento de la cruz. (Oración del Viernes Santo)
Valora tu dignidad de hijo adoptivo de Dios.
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