Jornada de la Vida Consagrada
2 de febrero: Presentación del Niño Jesús en el templo
Descansa en el Señor
“El Señor es un Dios eterno. Fortalece a quien está cansado, acrecienta el vigor del exhausto. Se cansan los muchachos, se fatigan, los jóvenes tropiezan y vacilan; pero los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas, echan alas como las águilas, corren y no se fatigan, caminan y no se cansan” (Isa 40, 28-31).
“Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera” (Mt 11, 28-30)
La fuerza que proviene de la naturaleza acompaña mientras se tiene capacidad; pero la fuerza que sostiene a los débiles viene del Señor: “Mi fuerza y mi poder es el Señor”.
San Pablo llega a decir: “Cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Cor 12,10). Y el salmista afirma: “Es inútil que madruguéis y que veléis hasta muy tarde; Dios da el pan a sus amigos mientras duermen” (Sal 126).
Dios fortalece a quien espera en Él, y Jesús se ofrece para aliviar el cansancio de quienes se agobian en el camino de la existencia. ¡Qué bueno es saber que en la etapa hay posada, mesa y descanso! Jesús se ofrece como posada, banquete y tregua en la fatiga.
Descansa en el Señor
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