Jornada de la Vida Consagrada
2 de febrero: Presentación del Niño Jesús en el templo
Pide a Dios que ame a través de ti.
“Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os calumnian. Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, no le impidas que tome también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Pues, si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros” (Lc 6, 27-32. 36-38).
El argumento de Jesús deja claro que amar a quienes nos aman es algo natural. Al mismo tiempo, amar a los enemigos parece algo sobrehumano; sin embargo, si el Evangelio lo pide, es porque es posible. Dios no exige nada que no seamos capaces de hacer. Pero, ¿dónde encontrar la fuerza para devolver bien por mal?
En castellano, el término "amar" puede aplicarse a diferentes tipos de relaciones interpersonales. Existe el amor basado en la mutua atracción, conocido como "eros"; el amor de amistad, llamado "filía"; y el amor desinteresado y gratuito, propio del cristianismo, que es el "ágape". El Evangelio nos llama a amar de la forma más noble, sin esperar recompensa alguna.
Un refrán dice: “Haz bien y no mires a quién”. Sin embargo, esta expresión no refleja completamente el mandamiento cristiano, ya que el creyente está llamado a amar incluso a quien le hace mal.
¿Pero cómo es posible amar a quienes nos odian? La clave está en permitir que sea Dios quien ame en nosotros, que Él sea quien nos impulse en nuestra entrega. Dios es amor. San Juan escribe: “Queridos hermanos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios” (1Jn 4, 7).
Pide a Dios que ame a través de ti.
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