Jornada de la Vida Consagrada
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Mantén durante el verano tu relación con la misericordia divina.
“El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia.
Como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor ternura por sus fieles. R.
La misericordia del Señor dura por siempre,
su justicia pasa de hijos a nietos:
para los que guardan la alianza” (Sal 102).
Estamos terminando el mes que se consagra a la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, y como providencia de la Palabra, la Liturgia nos ofrece el salmo 102, en el que se nos revela la misericordia divina.
El papa Francisco, como argumento que resalta la misericordia divina, alude a la experiencia que san Juan Pablo II manifiesta que tuvo: “El acercarnos a Cristo en el misterio de su corazón, nos permite detenernos en este punto. El mismo san Juan Pablo II, refiriéndose al Sagrado Corazón, reconoció de una manera muy personal: «Él me ha hablado desde mi juventud» (DN 149).
Ojalá nos suceda como señala Francisco en su última encíclica: “Se realiza entonces una especie de vuelco, donde la tendencia natural a ser indulgentes consigo mismo e inflexibles con los demás se invierte y, por gracia de Dios, uno se vuelve severo consigo mismo y misericordioso con los demás» (DN 190).
Mantén durante el verano tu relación con la misericordia divina.
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