"Ponen el dedo en la llaga de esos pecados de hoy, de los que a lo mejor mañana pediremos perdón" Ferrando: "Son necesarios teólogos y pensadores cristianos con un talante heterodoxo y disidente"

Congar- Ratzinger
Congar- Ratzinger

Tenemos muy presentes aquellos años de hierro, antes del Concilio Vaticano II, en los que muchos grandes teólogos sufrieron el acoso por parte del entonces llamado Santo Oficio. No quiero enumerarlos ya que los tenemos “in mente” y me puedo dejar alguno. Paradójicamente, los Padres Conciliares se sirvieron de muchas de su intuiciones teológicas para la elaboración de los Documentos Conciliares.

Todavía pesan demasiado en la Iglesia, no la Tradición com mayúsculas, sino ciertas tradiciones y disciplinas, que algunos les interesa que se confundan con la Tradición, pero que si se estudiaran a fondo probablemente no resistirían una crítica libre y seria.

Y no hace mucho, mi buen amigo Martín Gelabert, en uno de sus post decía lo siguiente: “Lamentar el pasado no es bueno. Hablar de futuro puede ser ilusorio. Importa el presente. Para el cristiano, importa descubrir en cada persona la presencia de Cristo que reclama nuestro amor, y en cada acontecimiento la oportunidad de construir el reino de Dios. Hace unos años, un Papa pidió perdón por los pecados pasados de la Iglesia. A mi lo que me preocupa es que un Papa futuro tenga que pedir perdón por los pecados presentes de la Iglesia”.

“Tragedia social” pederastia clerical en México
“Tragedia social” pederastia clerical en México

Suscribo totalmente sus palabras, pero particularmente la última frase, ya que me ha resultado muy evocadora de una no muy lejana etapa eclesial. Tenemos muy presentes aquellos años de hierro, antes del Concilio Vaticano II, en los que muchos grandes teólogos sufrieron el acoso por parte del entonces llamado Santo Oficio. No quiero enumerarlos ya que los tenemos “in mente” y me puedo dejar alguno. Paradójicamente, los Padres Conciliares se sirvieron de muchas de su intuiciones teológicas para la elaboración de los Documentos Conciliares. “Aposteriori” no solamente fueron reconocidos, sino también se convirtieron en los grandes actores de la teología postconciliar. Evidentemente, nadie les ahorró a esos teólogos el sufrimiento de sentirse al borde del abismo, dado que todos se sentían profundamente eclesiales. Algunas biografías y autobiografías de estos protagonistas testimonian perfectamente aquellos años de persecución y censura. No obstante, el reconocimiento posterior les compensó aquellas noches de insomnio pensando en la excomunión o en perder la cátedra. Tantos años de preparación y estudio podían irse al traste pensarían muchos de ellos. El dilema era siempre el mismo, decir lo que realmente pensaban para que las cosas cambiaran o silenciar su pensamiento para no tener problemas y repetir lo eclesialmente correcto. 

Es cierto que, en estos momentos en la Iglesia, gracias a Papa Francisco, en el aula sinodal se puede hablar con toda libertad y sin ningún problema. Y las persecuciones de antaño parecen eso cosas del pasado.  Eso no significa que todavía existan cancerberos del sistema que buscan dónde no hay y encuentran donde no buscan, ya que les gusta olisquear y descalificar al que no piensa lo mismo o no interpreta las cosa en su sentido.  Generalmente son gente de pocas miras o pocas luces que no ven más allá de sí mismos. Y, por supuesto, ignoran el real pluralismo eclesial en muchos ámbitos.

Obispos, a la cola
Obispos, a la cola

Por eso son necesarios muchos teólogos y pensadores cristianos, con un tinte o talante heterodoxo y disidente, ya que  a veces ponen el dedo en la llaga de esos pecados de hoy, de los que a lo mejor mañana pediremos perdón. 

Hace poco la Iglesia, entonaba un inédito ‘mea culpa’ por medio de Bernard Ardura, presidente del Comité Pontificio para las Ciencias Históricas, con estas palabras tan significativas: “El silencio sobre su situación (centenares de miles de niños y niñas, hijos de sacerdotes y religiosos) fue un error, que se puede explicar por el contexto, pero sigue siendo un error”. La Iglesia católica  durante décadas (siglos, quizá) les había considerado como apestados y apartados de la Santa Madre Iglesia. Esto es un simple ejemplo.

Todavía pesan demasiado en la Iglesia, no la Tradición com mayúsculas, sino ciertas tradiciones y disciplinas, que algunos les interesa que se confundan con la Tradición, pero que si se estudiaran a fondo probablemente no resistirían una crítica libre y seria. Las palabras de Ardura son serias “fue un error, que se puede explicar por el contexto…”. ¡Cuántas cosas son, hoy, en la Iglesia un error y que se explican por el contexto! Esas son las que muchas veces lastran el presente y la credibilidad de la Iglesia. A lo mejor, habría que plantear un Sínodo para ver todo eso a fondo, en clave de signos de los tiempos. Imaginar la Iglesia de mañana y empezar a hacerla posible, hoy. 

A propósito de Sinodos y Sinodalidad, y en relación con estas reflexiones,  hago mías como conclusión algunas palabras de Carmen Vélez, en un reciente artículo, en este portal. 

“Hay algunos (se refiere a obispos), pero no parecen ser demasiados porque si se ven las votaciones que se hacen en los sínodos para aprobar las afirmaciones de los documentos conclusivos, casi siempre, las que en verdad implican cambios, tienen la mayor votación negativa. Que no siempre la democracia tiene la razón, es verdad, pero que hay verdades que “gritan al cielo” y que podrían ser escuchadas por la jerarquía eclesiástica”. 

Sinodalidad
Sinodalidad

Y continúa diciendo: “Una iglesia sinodal implica que el laicado escuche su propio sentir y lo manifieste. Pero en un sector significativo del laicado encuentro mucho temor a levantar la voz. Oigo demasiadas voces recomendando que tengamos prudencia, que es mejor andar despacio, mejor no presionar los cambios, etc. Que yo sepa, casi todos los cambios vienen de la base. Se producen porque se levanta la voz. Se hacen necesarios porque ya no se aguanta más en una situación que no es compatible con lo que debe ser….Algunas personas temen que levantar la voz puede llevar a romper la comunión eclesial. Por supuesto hay opositores a los cambios y luchan con todo por evitarlos y se crean tensiones y dificultades. Pero la comunión también puede romperse con la pasividad, el aguante, el conformismo, los miedos, el creer que nada puede cambiar. No es posible evitar las dificultades y los riesgos, o la “Iglesia accidentada” de la que habla el papa Francisco, pero más cercano al Espíritu de Jesús es no dejar de hablar “a tiempo y a destiempo” (2 Tim 4,2) para hacer posible una iglesia sinodal, una iglesia que camina junta no solo en palabras sino en hechos y estructuras”.   

Sínodo de la Amazonía
Sínodo de la Amazonía

Una iglesia sin tensiones y sin tensión fecunda está condenada a vivir en las sacristías y a convertirse en un bello camposanto, precioso para contemplar, pero camposanto. El Papa abre pequeñas puertas, posiblemente no puede ir más lejos, pero abre, no cierra. El presente y el futuro dirán

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