Un Papa ontológicamente misionero, pero no sin riesgos...
León XIV parece tener bien claro que, mientras su cuerpo aguante, -y parece que se cuida haciendo deporte- recorrerá los cinco continentes.
Después del periplo por España del Papa León XIV es el momento de, con serenidad y prudencia, sacar algunas conclusiones. Queda claro que el Papa se siente a gusto entre la gente, y que poco a poco su aparente guardar las distancias se ha ido diluyendo, al menos eso se ha podido constatar en este viaje. Y eso denota que siente la suficiente confianza para no sólo “alzar la mirada”, como nos recordaban continuamente, sino también la voz cuando quería subrayar o enfatizar sus mensajes. Durante este viaje, sin duda, él mismo se ha puesto a prueba, dado que tenía una agenda pública y privada absolutamente extraordinaria.
Una deducción o intuición sobresale después de seguir su itinerario en estos días pasados. León XIV parece tener bien claro que, mientras su cuerpo aguante, -y parece que se cuida haciendo deporte- recorrerá los cinco continentes. Evidentemente, no para hacer turismo espiritual, sino para seguir aquellas palabra de san Pablo en la Carta a los Corintios: ¡Ay de mí, si no evangelizare! Para Pablo anunciar el evangelio no es un motivo de orgullo personal, sino una responsabilidad que siente como una llamada de Dios. Y aquellas otras del mismo Pablo en la segunda carta a Timoteo: ”anuncia la palabra, insiste a tiempo y a destiempo”. El sentido es que anunciar a Cristo no sólo debe hacerse cuando las circunstancias son favorables o resulta cómodo, sino mantener la fidelidad a su misión en todas situaciones. Podíamos parafrasear sin falsear “en todo lugar". Por eso la fidelidad a la misión, que se deduce de su historia personal, le llevará sin duda a recorrer miles de kilómetros para anunciar a Jesucristo. Probablemente, entienda que su misión no sólo es predicar el evangelio, en y desde Roma, sino ejercer ese necesario ministerio universal. En la encrucijada actual de la Iglesia católica, atravesada por muchas tensiones, pero también repleta de esperanza, la palabra del Papa puede ser un bálsamo importante, sin embargo el riesgo puede ser siempre el mismo, que se resume en aquellas palabras tan duras, pero que muchas veces tienen razón: “si te he visto no me acuerdo”. No sería lo deseable en este viaje papal a nuestro país. Estaremos atentos a los movimientos de la conferencia episcopal española. Esperemos que no solamente quieran sacar privilegios o prebendas a la sombra del Papa después del protagonismo que han tenido los obispos.
No obstante, esta vocación misionera del Papa León XIV, profundamente enraizada en su personalidad y en su historia, tiene un precedente negativo que tiene que vigilar. Los Papas viajeros no pueden descuidar la Curia Romana, porque puede ser peligroso. Por eso el Papa tiene que controlar la retaguardia y dejar al cuidado de ese ente personas de su absoluta confianza, y que con autoridad puedan supervisar y monitorear. La tendencia de la Curia, ante Papas débiles o ausentes, ha sido adquirir una autonomía desmedida en todos los ámbitos, por eso necesita ser pastoreada de un modo muy especial. Lo hemos visto en la época de Juan Pablo II y Benedicto XVI, por eso sería una lástima que la hermosa y necesaria tarea evangelizadora de León XIV se viera truncada por los “lobos” que merodean por el Vaticano.
Dicho esto, lo importante es que en la coyuntura eclesial actual, la voz del Papa, resuene con vigor para proclamar que la Iglesia está viva y sigue anunciando, con fuerza y esperanza, el mensaje de Cristo Resucitado. El mundo necesita un líder moral, que proclame alto y fuerte, como León XIV lo ha hecho en España, que el hombre -cada hombre- es el gran amor y proyecto de Dios. Sin duda, León XIV se gastará y desgastará en esta tarea.