Sueños y expectativas ante la visita del León XIV
La visita del Papa es una oportunidad para que algo cambie en la Iglesia Española, en nuestras Diócesis, en nuestras parroquias.
Quien nos va a visitar en estos días es ni más ni menos que el Papa, por eso todos los católicos tenemos derecho a soñar y a despertar expectativas ante este acontecimiento. El problema es que después del”atracón” nos venga la depresión y el desánimo, por eso es importante que los sueños y las expectativas estén lo más cercanas posibles a la realidad. Hay que señalar que algunos colectivos ya han manifestado sus frustración ante la visita: víctimas de la pederastia eclesial, colectivos de mujeres, moceop (celeibato opcional)…, sin duda sus expectativas se han visto frustradas. También algunos partidos políticos, en línea con su ideología, han manifestado su desacuerdo a la visita e incluso a que hable en el Congreso. Esto es muy normal en una sociedad democrática y plural.
No obstante muchos católicos, practicantes o no, esperan con mucha esperanza la venida del Papa León XIV. Algunos por curiosidad, pero la mayoría con una sana esperanza. De entrada su figura suscita una simpatía bastante extendida y por eso sienten que algo sucederá después de su regreso. Sus gestos y mensajes, que no pasarán desapercibidos gracias al magno despliegue televisivo, viajarán a todos los rincones del país. De ahí que sería triste que todo el tinglado que se ha montado quede en fuegos artificiales muy bonitos, que serán objeto de admiración y comentarios, pero nada más.
¿Quiénes son los responsables que esto no suceda? Evidentemente la Conferencia Episcopal y los obispos. La Iglesia española tiene la oportunidad de caminar definitivamente al paso de los aires del nuevo Pontífice. Alinearse definitivamente en una conversión pastoral, que privilegia a los descartados de nuestra sociedad y dignifica a sus propias víctimas. Empeñarse en perpetuar las múltiples instituciones sin alma no ayuda al buen pueblo de Dios a ver a nuestros pastores como significativos, sino más bien lo contrario. Invitaría a releer a los párrocos, con sus feligreses, los discursos del Papa en estos días, para posteriormente exigir a sus obispos líneas de trabajo a todos los niveles acordes con las palabras de León XIV. Una rebelión espiritual desde abajo, desde la base puede ser la mejor manera de honrar una visita que aparentemente se presenta como muy positiva, ya que el Papa conoce bien nuestro país y lo ama. Por eso una clave de lectura de sus palabra y sus gestos tiene que situarse en esta perspectiva, ya que el temor es que algunos interesados preferirán que pase pronto, y aquí nos quedemos nosotros, como dicen en mi tierra, ”a la marcheta” de siempre.
La visita del Papa es una oportunidad para que algo cambie en la Iglesia Española, en nuestras Diócesis, en nuestras parroquias. En una sociedad española cada vez más polarizada necesitamos una Iglesia reconciliada y reconciliadora, que sitúe los valores que la animan en primer plano, y no otras cuestiones que dividen a los fieles. Necesitamos una Iglesia más pedagógica, y menos dogmática, que se centre en lo esencial en todos los ámbitos catequéticos y así pueda trasmitir el evangelio con nitidez y convicción. Necesitamos pastores más cercanos a la gente, que huelan a oveja como decía el Papa Francisco, que caminen entre y con el pueblo de Dios. Un tercio casi del viaje está dedicado a los inmigrantes, siguiendo la huella de Francisco. ¿Entenderemos el significado de esta opción del Papa? ¿Sacaremos las pertinentes consecuencias de este gesto, no simbólico, sino real?
Sin duda, el Papa León XIV hablará alto y claro de muchos temas que nos preocupan y nos ocupan. Esperemos que sepamos escuchar no sólo con atención, sino con alma. Intentemos apartar la hojarasca del viaje y centrémonos en lo esencial. De ese modo pensaremos que los 25 millones que cuesta el viaje están bien gastados...
