Cinco significados de la Sal y del Amor (Domingo 5º TO A 8 febrero 2026)
Jesús nos califica “sal de la tierra”, no sólo de “de la comida”
El Amor nos hace “tierra buena que escucha la Palabra y la entiende”
Comentario:Vosotros sois la sal de la tierra (Mt 5, 13-16)
Estamos ante el texto intermedio entre las bienaventuranzas y la interpretación profunda de la Ley que hace Jesús. A sus discípulos, si viven las bienaventuranzas, les asegura: “vosotros sois la sal de la tierra y la luz del mundo”. Estas metáforas son muy comunes en la vida y en la literatura. Por ello las usa para dar a entender su pretensión y su enseñanza.
Primera metáfora: “sal de la tierra”. Habla de “sal de la tierra”, no “de la comida”. Esto extiende el sentido de la metáfora. De hecho, Jesús la utiliza con otro sentido, según Marcos: “Todos serán salados a fuego. Buena es la sal; pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salaréis? Tened sal entre vosotros y vivid en paz unos con otros” (Mc 9,49-50). Alude al texto del Levítico: “Toda oblación la sazonarás con sal; no permitirás que falte nunca la sal de la alianza de tu Dios en ninguna de tus oblaciones; todas tus ofrendas llevarán sal” (Lev 2,13). La sal sería una metáfora de la ofrenda a Dios que destruye nuestro mal moral antes de presentar nuestros dones a Dios.
Siguiendo la Biblia, se encuentran, al menos, cinco significados que pudo tener Jesús en su mente a la hora de calificar a sus discípulos como “sal de la tierra”:
a) Condimentar o sazonar. El cristiano está en todas partes, da sabor a la vida, destaca lo bueno con su vida. Así lo utiliza este texto paulino: “vuestra conversación sea siempre agradable, con su pizca de sal, sabiendo cómo tratar a cada uno” (Col 4,6).
b) Conservar, proteger. Alarga el tiempo de consumo de los alimentos. Evita la putrefacción. Estira la bondad y el cuidado. Jesús quería que sus discípulos eviten el mal y amplíen el bien y la dicha.
c) Sacrificar: hacer sagrada la vida. Es el sentido del texto del Levítico, citado antes. Moisés invita a los israelitas a ofrecer sacrificios a Dios sazonados con la sal de su vinculación o pacto con Dios. Jesús invita a ofrecer la vida, sazonada por la sal “del amor de Dios derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado” (Rm 5,5).
d) Destruir, exterminar, deshacer… Significado de la sal más abundante en la Biblia. “La mujer de Lot miró atrás, y se convirtió en estatua de sal” (Gn 19,26). Jesús recuerda este episodio en la espera de su venida definitiva: “Acordaos de la mujer de Lot” (Lc 17,32). Moisés avisa a Israel del castigo de Dios, si no guarda su alianza: “azufre y sal, tierra calcinada donde no se siembra, ni brota ni crece la hierba, catástrofe como la de Sodoma y Gomorra, Adamá y Seboín, arrasadas por la ira y la cólera del Señor” (Dt 29,22). Es famosa la venganza de Abimélec sobre la ciudad de Siquem: “Abimélec luchó contra la ciudad todo aquel día. La tomó y mató a la gente que había en ella. La demolió y la sembró de sal” (Jue 9,45). Dios, si no se respetan sus mandatos, “transformará los ríos en desierto, los manantiales de agua en aridez; la tierra fértil en marismas (traducción de Cantera e Iglesias: la tierra feraz en salitrosa), por la depravación de sus habitantes” (Sal 107,33-34). Este es el sentido de Jesús, como ya hemos dicho, en el texto de Marcos: “Todos serán salados a fuego” (Mc 9,49-50). La vida del cristiano, salada con el Espíritu de Jesús, juzga el mal, extermina el odio y la venganza. A este sentido alude Pablo: “Lo importante es que vosotros llevéis una vida digna del Evangelio de Cristo… Esto será para los adversarios signo de perdición, para vosotros de salvación…” (Flp 1,27-28). De hecho, Jesús dice lo de “la sal” detrás de hablar de la persecución que viene por seguir su vida (Mt 5,11-12).
5. Fertilizar o fecundar. En la agricultura que vivía Jesús tiene sentido comparar la vida cristiana con “la sal de la tierra”. La sal era abono, retiene el agua, extermina hierbas dañinas, evita enfermedades en las plantas, acrecienta su desarrollo, la fecunda. Los cristianos somo invitados a sembrar la vida con el Espíritu de Jesús, sobre todo en lugares donde está más débil. Llegan así los tiempos mesiánicos: “el desierto y el yermo se regocijarán, se alegrará la estepa y florecerá, germinará y florecerá como flor de narciso, festejará con gozo y cantos de júbilo” (Is 35,1s).
Segunda metáfora: “la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos” (Mt 5,14-16). La imagen de ciudad en lo alto recuerda a Isaías 60,1-3 sobre Jerusalén “caminarán los pueblos a tu luz”. Dios hará a su Siervo “luz de las naciones” (Is 42,6; 49,6). Luz son las buenas obras de los discípulos. Debe llegar a todas las personas. Serán signo eficaz de la obra de Dios: sentirse realizado, desarrollado, satisfecho.
Oración: “Vosotros sois la sal de la tierra…” (Mt 5, 13-16)
¡Qué pobres, Jesús, nos sentimos ante este evangelio!
Nos has dicho: “Vosotros sois la sal de la tierra.
Vosotros sois la luz del mundo”.
Miramos nuestra vida tan ordinaria,
tan vacía de tareas como las tuyas,
tan preocupada sólo de nosotros mismos...
Comparas, Jesús de todos, tu reino con la sal:
tu reino es “justicia, paz y alegría en el Espíritu Santo” (Rm 14,17);
Espíritu que derrama tu Amor en nuestros corazones (Rm 5,5);
Amor que produce felicidad, bienaventuranza.
Este Amor nos hace “sal de la tierra”:
“sal de la tierra”, no sólo de la comida;
“sal” que tiene en la Biblia varios significados.
Tu Amor, Jesús, “sazona” nuestra vida:
“el que toma sobre sí la carga de su prójimo;
el que está pronto a hacer bien a su inferior
en aquello justamente en que él es superior;
el que, suministrando a los necesitados
lo mismo que él recibió de Dios,
se convierte en Dios de los que reciben de su mano,
ése es el verdadero imitador de Dios.” (Carta a Diogneto. Siglo II).
Tu Amor, “tu yugo”, Cristo, nos “conserva y protege”:
“Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados,
y yo os aliviaré.
Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí,
que soy manso y humilde de corazón,
y encontraréis descanso para vuestras almas.
Mi yugo es llevadero y mi carga ligera” (Mt 11,28ss).
Tu Amor, Jesús, “hace sagrada” nuestra vida:
nuestra vida es una ofrenda, una entrega, un amor;
“toda ofrenda la sazonarás con sal…,
la sal de la alianza de tu Dios…;
todas tus ofrendas llevarán sal” (Lev 2,13);
sal, que es tu Amor:
“en esto conocerán que sois discípulos míos:
si os amáis unos a otros” (Jn 13,35).
Tu Amor, Cristo Jesús, “elimina” todo mal:
sin tu Amor somos “estatua de sal” (Gn 19,26);
a quienes viven sin Amor les adviertes:
“Acordaos de la mujer de Lot.
El que pretenda guardar su vida, la perderá;
y el que la pierda (dándola), la recobrará” (Lc 17,32-33);
la carencia de Amor trae consecuencias:
“transforma los ríos en desierto,
los manantiales de agua en aridez;
la tierra fértil en salitrosa” (Sal 107,33-34);
vida “salada” con el Amor es tu vida:
“ungida por Dios con la fuerza del Espíritu Santo,
que pasó haciendo el bien y
curando a todos los oprimidos por el mal…” (He 10,38).
Tu Amor, Jesús, “fecunda” nuestra vida:
como la sal, el Amor “fertiliza” nuestra vida,
retiene el agua del Espíritu,
extermina hierbas dañinas,
“abrojos, que crecen y ahogan tu semilla…,
afanes de la vida y seducción de las riquezas
que ahogan tu Palabra y nos hacen estériles”;
nos hace “tierra buena que escucha la palabra y la entiende;
da fruto y produce ciento o sesenta…” (Mt 13,7.22s).
Ayúdanos, Señor, a ser como tú:
que acojamos a todos,
que queramos vida para todos,
que nos duelan los dolores de todos,
que sintamos el amor inmenso del Padre por todos.
que nuestras obras sean como las tuyas,
que los que me rodean perciban tu sal y de tu luz.
rufo.go@hotmail.com