Los sacerdotes casados, ¿existen para el CONVIVIUM madrileño?

“Tanto fundamento bíblico, teológico, pastoral, sociológico, psicológico y espiritual tiene la opción presbiteral célibe como la no célibe”

¿Se atreverán los presbíteros madrileños a reclamar la libertad evangélica sobre este tema?

“El presbítero casado es una riqueza para las comunidades, para la teología y para la iglesia en general”

CONVIVIUM es la Asamblea Presbiteral que se celebra en Madrid los días 9 y 10 de febrero. Está integrada por seis franjas según antigüedad de ordenación. Supongo que ha sido exigua la franja de más de 50 años. Quizá fuera la más numerosa si se hubiera invitado a los sacerdotes casados que residen en Madrid. Éstos, tan longevos como Daniel Sánchez Merino, el más longevo de CONVIVIUM, con casi 96 años de vida y 71 de sacerdocio, pueden decir también: «El sacerdocio no es solo un ministerio, es una responsabilidad, y es una gracia que te da el Señor para poder tener la capacidad de seguir siendo sacerdote para siempre» (RD 05 feb 2026). Mucho podrían decir en el CONVIVIUM sobre “el propio ministerio presbiteral y sobre qué sacerdote necesita hoy Madrid”. Pero el poder clerical sigue instalado en el poder absoluto del Dictatus Papae.

El fundador de la Asociación de Sacerdotes Casados Españoles (ASCE), José María Lorenzo Amelibia, fallecido en el pasado diciembre, en uno de los últimos posts (Blog: “secularizados, mística y obispos”), escribía: “Los sacerdotes casados creo que ni existimos para el Vaticano. Y por supuesto, somos nadie para la gran mayoría de los obispos” (RD 19.11.2025). En el mismo Blog (13 agosto 2022 ), había escrito: “Salí del clero en el año 1970 para poder contraer matrimonio; y por imposición legal hube de abandonar el ejercicio del sagrado ministerio muy consciente de mi doble vocación: sacerdote y casado. Unos años más tarde, asentado en la vida matrimonial, comencé con esta iniciativa: reunir los sacerdotes casados que seguíamos sintiéndonos sacerdotes”.

Por la misma época (1977-1978) surgía la otra asociación española de sacerdotes: Movimiento pro Celibato Opcional (MOCEOP). Su fundador, con idéntico espíritu, justificaba su decisión: “Alguien tenía que parar esa sangría de pastores solícitos con pasión por Jesús de Nazaret y con ganas de seguir al servicio de la comunidad eclesial como bautizados y como presbíteros” (Julio P. Pinillos).

Cuando Moceop celebraba los cuarenta años de existencia, Julio Pinillos escribía:

“Tuvimos gran interés en no equivocar el norte: Gracias a la ayuda doctrinal de muchos teólogos célibes de la talla de Fernando Urbina, Rufino Velasco, J. María Castillo, J. María González Ruiz, Andrés Tornos, Julio Lois, Jesús Burgaleta, Benjamín Forcano, Juan Antonio Estrada, Jacques Gaillot, González Faus, Pedro Casaldáliga, Miret Magdalena, Ramón Panikar…, que se nos fueron brindando con gusto, y gracias a la confrontación fraterna de nuestra experiencia, llegamos a formular lúcidamente, así nos lo sigue pereciendo hoy, el siguiente principio teológico de gran carga práctica: "tanto fundamento bíblico, teológico, pastoral, sociológico, psicológico y espiritual tiene la opción presbiteral célibe como la no célibe".

Nos incumbe como tarea pastoral acumular experiencia que muestre que el presbítero casado es una riqueza para las comunidades, para la teología y para la iglesia en general. Con tal confianza, igual que Moisés, como quien veía al «Invisible» (Hebr. 11,17), nos dispusimos a caminar pacientemente, convencidos de que «si el grano de trigo no cae en tierra y muere, no dará fruto». No tener prisa nos ayudó a no equivocar el norte al no aceptar atajos equivocados que nos ofrecieron (como el «Ordinariato» o vías similares), convencidos de que trabajaríamos por el cambio de la iglesia, en nuestra «casa habitual», desde las comunidades y movimientos en los que participábamos, pacientemente y sin obsesionarnos en ser reintegrados cuanto antes al estado canónico.

De algunos obispos latinoamericanos nos llegaban valoraciones significativas, dirigidas a curas de peso reconocido que optaban abiertamente por la familia-hogar:

«Ustedes no son fugitivos o desertores, pueden ser pioneros de un movimiento que necesita la Iglesia» (Cardenal Lorscheider. Brasil).

«¿A qué viene este desperdicio de sacerdotes bien formados y responsables...? Tenemos un parque de coches perfectamente equipados, pero que se nos prohíbe poner en funcionamiento» (Dom Luciano, presidente de la Conferencia episcopal brasileña).

También de España nos llegaban algunos alientos significativos:

Nicolás Castellanos, Obispo de mi diócesis de origen, Palencia, siempre me alentó en mis primeas intuiciones del Moceop.

Alberto Iniesta, obispo de Vallecas, nos dijo a Emilia y a mí en conversación directa sobre los primeros pasos que proyectábamos dar a favor de un ministerio presbiteral no célibe: «Alguien podrá intentar correctamente dar algunos pasos en ese camino... que hay que meditar y que va a ser necesariamente duro y largo» (ver «T de H» Nº 145").

Casaldáliga tras la visita de seis días que Emilia y yo (con nuestras tres hijas) le hicimos en Sao Felix do Araguaia, camino del IV Congreso de nuestra «Federación Internacional», nos recomendó y dejó escrito en carta de saludo al Congreso (Brasilia. Agosto/1986): «Os ha tocado intentar en la Iglesia caminos presbiterales no célibes y al servicio de las comunidades..., como a otros nos está tocando reforzar caminos evangélicos a favor de los pobres... Hacedlo con valentía, dignidad y respeto a los procesos...»” (MEMORIA AGRADECIDA. Cuarenta años de Moceop. 2018. Revista Tiempo de Hablar. Tiempo de Actuar nº 152-153. Pág. 27-29).

¿Se atreverán los presbíteros madrileños a reclamar la libertad evangélica sobre este tema?Acerca de los célibes no tengo precepto del Señor” (1Cor 7, 25). Todos saben que el celibato no pertenece a la identidad presbiteral. Lo proclama el Decreto conciliar “Sobre el ministerio y la vida de los presbíteros”: El celibato “no es exigido ciertamente por la naturaleza misma del sacerdocio, como aparece por la práctica de la Iglesia primitiva [1Tim 3,2-5; Tit 1,6] y por la tradición de las Iglesias orientales, en donde, además de aquellos que con todos los obispos eligen el celibato como un don de la gracia, hay también presbíteros beneméritos (optime meriti) casados” (PO 16).

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