Ante intolerantes y fanáticos Jesús propone la paciencia divina: “dejadlos crecer juntos hasta la siega”
Sustituir “reino de Dios” por “cielo” es un trampantojo del Evangelio (Domingo 16º TO A 19.07.2026)
Ante intolerantes y fanáticos Jesús propone la paciencia divina: “dejadlos crecer juntos hasta la siega”
Comentario: “La buena semilla son los ciudadanos del Reino” (Mt 13, 24-43)
Leemos hoy tres parábolas: trigo y cizaña, grano de mostaza, y levadura. Precedidas por la introducción “el Reino de los cielos -de Dios- se parece a..”. Hay cuatro agentes principales: tres sembradores (de trigo, de cizaña y de mostaza), y la mujer que pone la levadura y amasa la harina. Agentes representativos de Jesús y de quienes siembran el bien en la vida, de los sembradores de cizaña, de los que valoran todo bien, aunque sea pequeño, y de los que mezclan la bondad con toda situación y personas, como fermento. Es claro que el bien y el mal se propagan por la acción humana, y con fuerza potente. Jesús y sus seguidores se sitúan en el lado bueno: siembran, cuidan, “amasan” la bondad. Viven el principio “esperanza” respecto del Bien: éste terminará por triunfar en la humanidad. Humano es vivir el bien, sembrarlo y contagiarlo. Eso, en cristiano, es “buscar el reino de Dios y su justicia” (Mt 6,33).
Parábola del trigo y la cizaña (Mt 13,24-30). En la Biblia, el nombre “cizaña” aparece sólo en Mateo y en esta parábola (Mt 13,24-30,36-43). El término griego τό ζιζάνιον, ζιζανιου, neutro, cuyo plural es ζιζάνια, pasó al latín como “zizanĭa”, y al castellano como “cizaña”. Planta gramínea (“Lolium temulentum”). cuya semilla es tóxica. Cualquier harina contaminada con cizaña resulta venenosa. Parece trigo de granos negros. “Cizaña” hoy es sinónimo de algo dañino: vicio, discordia, disensión, enemistad, hostilidad, odio …
En la parábola se distinguen la siembra, el crecimiento y la siega. La siembra (vv.24-25) tiene dos agentes: uno siembra trigo, y un enemigo suyo, de noche, siembra cizaña. El campo es el mundo. Ya san Agustín usa la parábola como explicación de la heterogeneidad (diversidad, variedad, multiplicidad, disparidad…) de la Iglesia. Es famosa su aplicación en la disputa contra los donatistas. En el s. IV, norte de África, en Numidia (Argelia), Donato, obispo de Cartago, promovió un movimiento rigorista prohibiendo a sacerdotes poco ejemplares administrar sacramentos, incluso expulsando de la Iglesia a los pecadores. San Agustín sufrió un atentado personal de estos fanáticos. En el año 411, el emperador Honorio convocó una asamblea de obispos donatistas y católicos como san Agustín. En 412 decretó la unión de toda la Iglesia, anulando toda estructura donatista. Pero hasta el s. VII, con la llegada de los musulmanes, siguieron algunos grupos donatistas.
Laa tres parábolas pueden aplicarse al mundo. “El campo es el mundo” (v. 38), dice el mismo texto. A Jesús le duele todo el mundo. En el mundo viven los cuatro personajes de las parábolas: sembradores de bien y de egoísmo (vicio, discordia, disensión, enemistad, hostilidad, odio…), de pequeñas actitudes (gestos, tolerancias, ayudas, atención…), y contagiadores de bondad (fermentos de bien). La causa de Jesús está en el Padrenuestro: “Venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo” (Mt 6,10). No pedimos “llévanos a tu reino del cielo”. Sería renunciar a la escatología histórica, a la fe-esperanza en el reino de Dios en la historia. Sustituir el “reino de Dios” por el “cielo” trascendente es un trampantojo del Evangelio e impide la realización humana, la rehabilitación real, el “hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír” (Lc 4,21). El cristianismo se haría religión: “suspiro de la criatura oprimida, corazón de un mundo sin corazón, espíritu de una situación sin espíritu, opio del pueblo”. Se traiciona al Evangelio cuando no transformamos la vida, no vivimos en libertad, en justicia, en fraternidad. “Llevar almas al cielo” implica llevar personas al reino de Dios, vivir la vida en el Amor de las bienaventuranzas.
El cristiano pretende la realización humana, buscada con “hambre y sed de justicia”, camino que vivió Jesús. Una iglesia sólo de personas piadosas, aislada de la sociedad, intolerante contra los que no aceptan sus leyes humanas, críticos de su conducta o de su uniformismo disciplinar, etc., no encuentra eco en la actualidad. “La buena semilla son los ciudadanos del Reino”. “Ciudadanos del reino”, según Jesús son los que viven las bienaventuranzas: “los pobres en el espíritu, los mansos, los que lloran, los que tienen hambre y sed de la justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz, los perseguidos por causa de la justicia” (Mt 5, 3-10). Hay mucha gente que no frecuenta la Iglesia y vive estas actitudes. Siguen su conciencia, sembrada siempre por el de amor divino, y buscan una sociedad fraterna. El Padre de Jesús y Jesús resucitado, mediante el Espíritu Santo, actúan en toda persona. Ante intolerantes y fanáticos Jesús propone la paciencia divina: “dejadlos crecer juntos hasta la siega” (v. 30). La misericordia de Dios tienees la última palabra: “Cristo murió por todos, y la vocación suprema del hombre en realidad es una sola, es decir, la divina. En consecuencia, debemos creer que el Espíritu Santo ofrece a todos la posibilidad de que, en la forma de sólo Dios conocida, se asocien a este misterio pascual” (GS 22).
Oración: “La buena semilla son los ciudadanos del Reino” (Mt 13, 24-43)
Hoy, Jesús, meditamos tu “Reino de Dios”:
reino en peligro de malograrse entre cizañas;
reino pequeño como el grano de mostaza;
reino de fuerza transformadora, como la levadura.
Tu reino está siempre entre nosotros:
como tú, decimos con fe:
“mi Padre sigue actuando, y yo también actúo” (Jn 5,17);
el Espíritu del Padre y tuyo actúa nuestra vida;
siembra contantemente nuestra conciencia;
nos incita a ser “pobres en el espíritu,
a no utilizar nunca la violencia,
a llorar con los que lloran,
a tener hambre y sed de justicia,
a compadecer a los miserables,
a actuar con buena intención,
a trabajan por la paz,
a aceptar la cruz por ser justos” (Mt 5, 3-10).
a aceptar la cruz por causa de la justicia” (Mt 5, 3-10).
Contigo, Jesús de todos, pedimos diariamente:
“Venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo” (Mt 6,10);
no pedimos: “llévanos a tu reino del cielo”;
creemos y esperamos el reino de Dios en la historia;
no queremos sustituir el “reino de Dios” por el “cielo”;
no podemos vivir “ahí plantados mirando al cielo” (He 1,11);
pretendemos, como tú, hacer realidad tu palabra:
“hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír” (Lc 4,21):
“el Espíritu del Señor está sobre mí,
porque él me ha ungido.
Me ha enviado a alegrar a los pobres,
Me ha enviado a evangelizar a los pobres,
a proclamar a los cautivos la libertad,
y a los ciegos, la vista;
a poner en libertad a los oprimidos;
a proclamar el Amor del Señor” (Lc 4,18s).
a proclamar el año de gracia del Señor” (Lc 4,18s)..
Jesús hermano, queremos descubrir nuestras cizañas:
“vivir tranquilos” siendo sólo:
“suspiro de la criatura oprimida,
corazón de un mundo sin corazón,
espíritu de una situación sin espíritu,
opio del pueblo”;”.
“creernos aristócratas de espíritu” por ilusiones teóricas;
“aislarnos del mundo sin mezcla de mal alguno”;
“juzgar el mundo” como vacío y noche, perversión y maldad;
“marginar” a quienes no aceptan nuestra estructura eclesial…;
“apoderarnos del Evangelio” según nuestra única palabra;
“llevar almas al cielo” descuidando su vida en la tierra…
Queremos, Jesús para todos, ser “buena semilla”:
semilla de verdad, de justicia, de amor, de libertad, de paz...;
“ciudadanos de tu Reino” en el espesor de la vida;
“creciendo juntos hasta la siega” con toda persona;
dando de comer, curando, hermanando la vida;
en comunión con los que trabajan por un mundo justo;
esperando el crecimiento silencioso del bien;
aceptando y acogiendo a toda persona;
adorando “semillas” del Reino sembradas en todo corazón;
poniendo nuestras “ramas” como nidos de vida y libertad.
Abrimos nuestro corazón a tu Espíritu:
para que “interceda por nosotros con gemidos inefables”;
para saber “pedir lo que nos conviene”;
para percibir interiormente las llamadas de tu Amor;
para que tu Amor sea “Espíritu” en nosotros,
espíritu comprometido con toda realidad humana,
espíritu transformador de la historia en Reino tuyo.
rufo.go@hotmail.com
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