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En defensa de Torres Queiruga

Un canónigo, historiador, salvó de la piqueta La Roqueta, la ecclesia mater de Valencia

El sarcófago de san Vicente mártir acabó de abrevadero de caballos de los militares. Un Ayuntamiento franquista concedió licencia de derribo del monasterio que fue respetado por los musulmanes durante la dominación islámica 

Iglesia del convento de la Roqueta

El 22 de enero se celebra san Vicente mártir, patrón de Valencia y Zaragoza.

En el Himno V de su Peristephanon, relato de la pasión de san Vicente mártir, el poeta hispano Aurelio Clemente Prudencio, siglo V, califica de la Iglesia del convento de la Roqueta como Iglesia Madre de Valencia a la de la Roqueta:  “Hinc ad basilicam sanctum corpus adlatum… in ecclesiam matrem sanctus Vincentius consecratur altario. (Un altar de la Iglesia Madre dio el debido descanso a los bienaventurados huesos del mártir).

Vicente Castell Maiques, académico de Número y vicedecano de la Real Academia de Cultura Valenciana, fue el gran defensor y salvador de La Roqueta, impidió él sólo a través de la prensa que un Ayuntamiento franquista derribara el cenobio alzado como sepultura del joven diácono oscense Vicente, san Vicente mártir, cuya fiesta litúrgica es el 22 de enero, patrón de las ciudades de Valencia y Zaragoza, entre otros lugares.

El templo tuvo consideración de catedral, basílica sepulcral y era sede de los primeros obispos, la primera sede episcopal valentina. Justiniano, el primer obispo de Valencia del que se tiene noticias por escrito, fue abad de este monasterio en el siglo VI. Es, por tanto, la Iglesia de La Roqueta madre y origen de la Diócesis valentina. 

Martirio de san vicente

Durante la dominación islámica, La Roqueta fue respetada por los árabes, que sienten profunda veneración por los lugares de enterramiento de los santones. Fue el templo de los mozárabes quienes mantuvieron vivas sus costumbres, tradiciones, culto y, aunque debilitada, su lengua, la de los valentini. 

Hecho muy importante porque conecta la Lengua Valenciana con el latín originario, no rompiendo la cadena de custodia de la lengua nativa de los valencianos, anclada en el latín de los colonizadores romanos del territorio.

Durante la hegemonía islámica la fama del santo se mantuvo. El penúltimo rey moro de Valencia, que lo fue también de Murcia, Abu Ceid, el 3 de mayo de 1232 presenció el milagro de la aparición de la Cruz de Caravaca, lo que le hizo abandonar el Islam y convertirse al cristianismo. Al recibir Çeid las aguas del bautismo se llamó Vicente, nombre elegido por el propio rey, a quien impresionó las narraciones y actas de su martirio. El mismo comenzó a llamarse Vicente, Rey de Valencia, nieto del Emir al Mumenim 

La Roqueta era un botín apetecible tanto en lo espiritual como en lo económico. Cinco meses antes de la toma de Valencia, en 1238, el Obispo Jimeno de Albarracín entró con sus tropas en La Roqueta y tomó posesión de ella, celebrando Misa, en disputa con el arzobispo Pere Albalat de Tarragona, a quien le ganó la mano, pues también la quería.

Jaime I, al poco de entrar en Valencia «visitó los lugares antiguos y sagrados de la ciudad diseñaladamente las cárceles y prisiones dode padecio el gloriossisimo mártir sant Vicente de Huesca, aisi detro, como fuera dela ciudad: la qual desde entonces le tomo por su diuino patrona cuya devoción y nombre mando el Rey edificar vn templo muy sumputoso y grande con su monasterio y conuento de frayles Bernardos, fuera los muros de la ciudad, camino a Xativa, al qual tabie cocedio grades priuliegios, y inmunidades para los criminosos, que le retruxessen a el, como a la iglesia mayor, y le doto de grandes posesiones y rentas».

El monarca aragonés, quien creía que san Vicente mártir, junto con la Virgen, le había ayudado a conquistar Valencia, se preocupó del ermitorio donde estaba enterrado, equiparándolo en importancia  y dignidad al templo catedralicio.

San vicente mártir. Martiro.

El catedrático Leopoldo Peñarroja halló en el Archivo de la Corona de Aragón un documento en el que el propio Jaime I dijo « ad preces speciales sancti Vincentii nobis civitatem et totum regnum Valentie subiugavit et eripuit de posse et manibus paganorum». Es decir, ponía bajo los auspicios espirituales de san Vicente a la ciudad y todo el Reino de Valencia para su reconducción después de su liberación de su posesión de las manos paganas. 

Bajo patronato pontificio

En 1239, el Papa Gregorio IX dictó Bula poniendo bajo su protección y patronato el locun et ecclesiam de san Vicente.

En 1244, Jaime I concedió al lugar de san Vicente y su hospital, el castillo y Villa de Cuarte, la alquería de Ladera y la décima parte de las rentas de La Albufera.

En 1245, le daría Castellón de Burriana con todas sus rentas para sostenimiento de la comunidad que lo habitaba y su hospital.

Jaime I, además, fue condenado por un tribunal eclesiástico por haber mandado cortar la lengua al obispo de Gerona quien testificó en su contra en cuestiones canónicas matrimoniales, imponiéndosele como penitencia dotar con más medios económicos la Iglesia y Monasterio de la Roqueta.

La irrupción de la potente figura de san Vicente Ferrer en la historia valenciana hizo que tanto la Iglesia como la gente se volcaran más con el santo dominico y se le prestara menos atención al mártir. 

En 1568, el arzobispo san Juan de Ribera, intentó corregir el olvido que ya se le tenía a san Vicente mártir. En la Iglesia del Patriarca mandó que el pintor italiana Bartolomé Matarana pintara la Pasión de san Vicente mártir.

Recordó a los munícipes “la gran obligacio que te esta Ciutat de solemnizar, y festejar lo dia y festa del glorios Sant Vicent Martyr, aixi per la sua gran Sanctetat com per aver patit tants y tan grans martyrys en dita ciutat y tenirlo per esta raho per Patro y especial Protector de aquella”, de la misma forma y manera que se le hacía desde casi un siglo antes a san Vicente Ferrer, con todo el boato acostumbrado.

Tapiz

El Consell de la Ciutat el 16 de enero de 1596, acordó hubiese procesión con el siguiente itinerario: de la catedral a la casa del sant en La Roqueta, de allí al convento de santa Tecla, a la capella de la plaça de la lenya, “lochs on principalment fonch martyrisat”

Justificaba esta larga procesión “per seguir los pasos y estacions del dit martyri que es lo que en semblants memories se deu atendre, com tambe perque sent dita proceso tan copiosa, y de tant concurs de religiosos, y eclesiastichs, y acompanyants, es necesaria larga distancia de cami, pera que vatja lo degut orde, y concert”. 

Los alrededores de La Roqueta fueron declarados por el Consell de la Ciutat en 1395 paraje singular, por estar enterrado en su iglesia el santo, en cuyo entorno no se podía echar escombros, ni basura que lo ensuciara.

La fuerza, la potencia, el brillo, la importancia y el simbolismo de san Vicent mártir y la Roqueta han ido a menos, los valencianos, desconocedores por lo general de nuestra historia, les hemos dejado languidecer, debilitarse y casi desaparecer de nuestro costumario y tradiciones.

No han sido pocas las veces que se ha querido eliminar su fiesta de su tradicional día, el 22 de enero. Este año se ha pretendido de nuevo con la excusa de canjearlo por el 16 de marzo para que haya un día más de fallas, como si no hubiera bastantes.

Durante la Guerra de la Independencia, los franceses utilizaron La Roqueta como cuartel. En 1837, con la Desamortización, el Estado se apropió del cenobio y sus huertos que vendió para construir viviendas. 

Tapiz

El 17 de abril de 1837, el Ayuntamiento de Valencia acordó, a petición militar, el derribo del ábside de la iglesia y del torreón del monasterio, porque estorbaban a la línea de tiro de la artillería que defendía la ciudad en tiempos de las guerras carlistas, demolición que llevó a cabo el Regimiento de Ingenieros. Se aprovechó para ensanchar el camino Real de Madrid en su salida de Valencia.

Sarcófago de san Vicente, abrevadero de caballos

Los artilleros sacaron de entre los escombros el sepulcro donde estuvo enterrado el santo y pensaron aprovecharlo como abrevadero de caballos y se lo llevaron a la Ciudadela, donde en 1865 fue descubierto por el cronista e historiador Vicente Boix, quien logró, tras una campaña en prensa, sacarlo de allí y depositarlo en el Museo Arqueológico de donde pasaría al Museo de Bellas Artes.

El dato de que vaciaron el sarcófago para llevárselo a un establo puede que nos llevara a averiguar de quien eran los restos que los contenía, por si eran del santo, en el caso de que se hubiese levantado alguna acta o existiese algún documento referido al mismo y se conservara en el rico Archivo Histórico del Monasterio. En el Museo Nacional de Arqueología hay otro sarcófago llamado de san Vicente mártir.

Mas tampoco tenemos ese rico archivo conteniendo los “privilegis, gracies, reals, indults, bulles apostoliques y demes escriptures y papers”, documentación que arranca desde 1238, que a raíz de la Desamortización el Gobierno se lo llevó a Madrid y se encuentra depositado en el Archivo Histórico Nacional. 

En 1879, las Madres Agustinas desalojadas del derribado convento de santa Tecla compraron el complejo de La Roqueta. En 1936, la iglesia fue incendiada por milicianos de izquierda. 

Las religiosas agustinas, pasada la guerra, volvieron a habitar el convento, que abandonaron por su deterioro en 1973 y vendieron a una promotora para hacer viviendas y locales comerciales.

Iglesia del convento de la Roqueta

Por fortuna, hubo un palleter, el canónigo e historiador Vicente Castell Maiques, académico de Número y Vicedecano de la Real Academia de Cultura Valenciana, quien movilizó a la sociedad a través de la prensa, logrando que el alcalde de Valencia, Miguel Ramón Izquierdo, llevara el asunto a Pleno, revocándose la licencia de derribo concedida, al tiempo que la propia Corporación Municipal compraba el inmueble, el cual fue declarado en 1978 Monumento Histórico Artístico Nacional, también gracias a la insistencia de don Vicente Castell, quien era canónigo de los de antes, ilustrados, doctores, hombres de ciencia, pues hoy hacen canónigo cualquiera y sin motivo d base..

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