La balada del viejo marinero en los mares inundados del archipiélago filipino
Algunas reflexiones a propósito de los monzones climatológicos y políticos que asolan las islas
Nos ha tocado la lotería climatológica, dicho irónicamente, este año con el dichoso El Niño que según fuentes fidedignas, entre ellas la ONU, es o será el más intenso en toda la historia. Y eso ya lo estamos viviendo en Filipinas. En el norte llevamos casi dos meses inundados, es decir, asolados por los monzones, ya que es la estación de los monzones del suroeste. Mas en el sur hay una ola de calor tremenda, una sequía horrible que en las Islas Visayas siguen provocando cortes del suministro eléctrico.
Estamos viviendo situaciones climatológicas extremas. Lo peor del todo en el norte, pues vivo cerca de la capital, son las inundaciones en medio de tantos escándalos políticos, entre ellos, el proceso de destitución contra la vicepresidente y el escándalo de corrupción en que se roban los fondos destinados para el control de las inundaciones.
Para muchos, estas lluvias han cambiado sus vidas para siempre por lo que tienen que abandonar sus hogares, buscar otros sitios más habitables.Las lluvias traen consigo destrozos no solo a las casas y a las calles sino en el sector agrario.
Lo irónico es que se necesitan estas lluvias para llenar los embalses o depósitos de agua, sobre todo para los meses de sequía previstos que, según los entendidos, durarán al menos hasta febrero del año que viene.
Y en medio de ello, los filipinos, como se dice en la vernácula, hacen o hacemos llover sobre nuestros idolatrados dioses lares oraciones de súplica, que en las iglesias se bautizan como ‘Oratio Imperata’. Para más inri, tenemos que prolongar las fórmulas para las mismas para incluir en primer lugar, la guerra en el exterior con sus repercusiones económicas de las que nadie en este planeta puede escaparse; en segundo lugar, la agresión de los vecinos chinos dentro de nuestro propio territorio marítimo y zonas exclusivas para la explotación económica ya convalidada a nivel exterior por los árbitros competentes; y en tercer y último lugar, la guerra fratricida que está dividiendo la patria, gracias a nuestra proclividad a vender el alma a las dinastías políticas notorias tanto por la corrupción como por la violencia.
En medio de esta crisis me vienen a la mente estos versos inmortales del vate inglés Samuel Taylor Colridge escritos en 1798 y que lleva por título La balada del viejo marinero. Helos aquí en traducción española: ‘Agua, agua, por todas partes, Y todas las tablas se encogían; Agua, agua, por todas partes, Y ni una gota para beber’.
Filipinas navega como nave naufraga en medio de estos mares en incesante efervescencia, oyendo cantos de diversas sirenas que solo nos llevan al remolino del desgarramiento nacional. Este naufragio encuentra su raíz sobre todo en nuestro empeño en no cambiar y a seguir indiferentes, ciegos o al menos en estado de autoengaño frente a las cuestiones cruciales, empezando con la de elegir a los hombres y mujeres cabales para regir nuestros destinos.
Con la falta de agua en el sur y con la abundancia de agua no potable en el norte, cabe recordar que este mes las intenciones del papa se expresan lacónicamente en los siguientes términos: por una gestión justa y sostenible del agua.En Filipinas, esto solo será posible si aprendemos a gestionar justamente y de manera sostenible nuestra política.La voluntad de rescatar nuestra nave de este naufragio lento y doloroso ha de ser la motivación primaria y no los intereses egocéntricos de algunas dinastías que la historia ha demostrado con creces son nefastas para nuestras aspiraciones legítimas como una nación.